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Alex Boubeta

Apasionado del deporte y el periodismo deportivo con un Máster en la especialidad. Trabajé dos veranos en prácticas en el Diario de Pontevedra y RNE-Vigo y tengo bastante experiencia en medios digitales deportivos. Me gusta entender y explicar el fútbol como un juego más allá de todos los factores que lo rodean.

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El Real Madrid, pese a estar aún invicto esta temporada, sigue sin practicar un fútbol convincente. Su mal juego ha sido objeto de múltiples análisis y explicaciones, pero creo que, como nuestros medios de comunicación apenas profundizan en el fútbol como juego, apenas se ha dado en el clavo. Muchos se preguntan, como se preguntaba Vicent en uno de sus brillantes artículos, a qué juega este Real Madrid de Zidane, pero no consiguen dar respuestas.

Fruto de haber visto bastantes de sus partidos, creo saber qué fútbol propone el entrenador francés, quizá no siempre, pero sí en la mayoría de sus duelos. Me he fijado en que suelen ser muy descontrolados, muy de ida y vuelta, con muchas ocasiones en las dos áreas. El equipo blanco no suele dominar el juego, muchas veces ni siquiera lo controla, y concede bastantes llegadas a sus rivales para un equipo de su nivel. Es cierto que las ausencias en defensa (incluida la de Casemiro) y los errores individuales atrás no ayudan, pero creo que la explicación es más estructural.

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Zidane, entrenador del Real Madrid, arengando a los suyos desde la banda. Elpais.com

¿A qué juega Zidane?

Mi hipótesis es que Zidane plantea en la mayoría de partidos un ida y vuelta permanente, sabedor de que sus delanteros (la BBC) son mejores que los del rival y que normalmente, aunque reciba goles, marcará más. Es decir, juega en cada partido a una ruleta rusa donde cuando sus atacantes no estén inspirados y los del rival sí corre mucho riesgo. Incluso si el rival es el modesto Legia de Varsovia.

Su libreto siempre parte del 4-3-3, pero solo lo modifica para pasar al 4-2-4, nunca al 4-4-2. A diferencia de su maestro Ancelotti, que apostó por cuatro centrocampistas en la mejor racha de juego del equipo, Zidane, que fue un gran centrocampista, solo baraja jugar con tres en el medio o incluso con dos en ciertos partidos como el del Legia o cuando alguno se le atasca.

Aunque tenga perdido el centro del campo, Zidane nunca incorpora a un cuarto centrocampista. Es decir, su recurso para solucionar situaciones comprometidas es vaciar el centro del campo, con el riesgo que ello supone. Con dos no suele llegar para contener a los tres o cuatro que tenga el rival: es una mera cuestión numérica. Parece que Zizou no cree en el juego de centrocampistas: su fútbol no pasa por el centro del campo y, en un equipo con jugadores de la talla de Modric, Kroos, Isco o James, me parece un sacrilegio minimizar su impacto.

Cambio de discurso

Así, el Real Madrid de Zidane estuvo diez partidos seguidos encajando gol. Pero en un primer momento parecía que al técnico no le preocupaba: con marcar más que el rival era suficiente. Esa idea parte de sus planteamientos: si el míster francés propone un ida y vuelta es consciente de que va a conceder ocasiones, pero confía en que sus delanteros sean más resolutivos que los rivales. Cuando la situación se tornó en acuciante, Zidane ya se mostró más preocupado e incidió en aquello de mantener la portería a cero.

Mi impresión es que, tras el descalabro de Varsovia, la consigna contra el Leganés fue tener más control y conceder menos ocasiones. Abandonó el ida y vuelta. El partido del Real Madrid fue extraordinariamente espeso, en la primera parte apenas fue capaz de desbordar a un equipo recién ascendido, pero sí es cierto que apenas permitió llegadas al Leganés y que por fin consiguió mantener la portería a cero.

A qué juega Real Madrid de Zidane

Carvajal, Bale y Morata celebran un gol contra el Legia de Varsovia. Marca.com. AFP PHOTO / ODD ANDERSEN.

Las carencias tácticas

Así, este Real Madrid de Zidane carece en casi todos sus partidos de autoridad en el juego. No manda en el centro del campo, aparte de lo ya mencionado, por dos factores:

    1.  Demasiado vertical, poca elaboración. El Real Madrid busca la portería rival demasiado rápido, favoreciendo ese fútbol de ida y vuelta y de continuos contraataques, y en general suele evitar las posesiones largas. En ese sentido se ha notado especialmente la ausencia de Modric. Por eso nunca da la sensación de que domine los partidos.
    2. Ausencia de presión. Es especialmente remarcable lo mal que trabaja sin balón un equipo de su nivel. Ahí es dónde se ve el trabajo del entrenador, y las actuaciones de sus jugadores no hablan nada bien de él. El equipo no presiona, no es capaz de robar balones, de ahí que el rival se sienta muy cómodo con balón. No es normal que un equipo como el Alavés pueda tocar fácilmente en campo contrario contra todo un Real Madrid que está presionando con la mirada. El equipo da señales de estar poco trabajado.

Pese a todas estas deficiencias, este Real Madrid de Zidane es líder de la Liga con dos puntos de ventaja sobre el Barcelona y seis con el Atlético de Madrid. En Champions League está cerca de clasificarse para octavos y, pese al tropezón de Varsovia, aún mantiene opciones de ser primero. No obstante, tras el parón de selecciones, le espera un calendario duro con salidas consecutivas contra Atlético, Barcelona, Valencia y Sevilla, aparte de viajar a Lisboa y recibir al Borussia Dortmund en Champions. Ahí veremos de qué está hecho este Real Madrid.