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¿El mejor espectáculo del mundo?

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Alberto Monte

BALONCESTO, la vida con él es más divertida.

Hemos asistido este fin de semana al posiblemente mejor espectáculo que se pueda ver en el mundo del baloncesto, pero ¿donde? Porque si lo entendemos como espectáculo, la respuesta seguramente será en New Orleans, Estados Unidos; si lo entendemos como competición, igual hay que ir más cerca, a Vitoria.

Con el All Star Game se pone en marcha toda la maquinaria mediática de una competición como la NBA, donde los que fueron algo en esta liga, están invitados, donde los que son algo hoy día, tienen que ser votados por la afición, de todo el mundo, porque esto es un espectáculo global, con aspiración de ser seguido por todo el mundo.

El logo del All-Star 2017.

Se supone que están llamados a dar el mejor de los shows relacionados con el baloncesto que se puedan ver cada año, y como show, solo hay una definición, impecable.

El problema está en que el Show se ha pasado de rosca, lo que está concebido como una exhibición requiere de un mínimo de competición, de “chicha”, para poder masticarlo, de tan dulce que es, empalaga hasta el exceso.

Espectáculo en el NBA All-Star.

Estrellas emergentes, sin ninguna tensión competitiva. www.thenewstrend.com

Y luego está todo lo demás, a parte del partido de las estrellas, el de las “rising stars”, o USA contra el resto del mundo, donde se copia el modelo de los “mayores”, pero a pesar de ser jugadores con un cierto grado de necesidad de mostrar lo que saben hacer al público en general, y a los entrenadores en particular, lo que se muestra es un despropósito de “airballs”, pases a nadie, y un sin número de acciones que sin concentración alguna salen como salen, mal.

No hablaremos mucho de los concursos, unos años salen mejor que otros, pero el principal problema es que no hay estrella de turno que se juegue el físico o el prestigio en este tipo de competiciones, el último quizás fue ¿Kobe Bryant? Lo que lleva a que hay más interés por ver a los jueces que a los que concursan.

Y el contrapunto lo hemos tenido en Vitoria, de la competitividad negativa en Nueva Orleans, a la competitividad extrema en la fase final de la Copa del Rey.

No es que sea ni mejor ni peor competición, simplemente es diferente, y única. Lo es porque todo el que participa aspira a ganar, grandes y pequeños, ricos y pobres, novatos y veteranos. Vale que al final siempre ganan los mismos, pero ¿y si este año no es así? Pues este año, tampoco ha sido así, otra vez ganó el Real Madrid, antes lo hacía el Barça, y entre estos dos, se suele colar Baskonia, o Unicaja, donde antes lo hacían Joventut o Estudiantes, o aquella vez que que CAI Zaragoza tocó la gloria.

Como espectáculo, igual estamos a tanta distancia hay en kilómetros desde Vitoria a New Orleans, pero como competición, ahí, no hay color, y eso es lo que podemos enseñar a nuestros hijos, no un Anthony Davis tirándose las zapatillas, las suyas, y las de sus compañeros, en un partido sin defensas para aplauso de los otros 9 que lo ven desde la cancha y los millones desde sus casas.

Espectáculo en la Copa del Rey.

Luka Doncic, ¿rising star?, ya es una estrella. www.elespañol.es

Ahí hemos visto a gente como “Chapu” Nocioni compitiendo y defendiendo como si tuviera 21 años, o 17 como su compañero de equipo Luka Doncic, con el hambre del profesional, grandes profesionales, implicados, con ansia de títulos, con hambre al fin y al cabo, ese que les supone como el valor a los soldados, a los jóvenes que veíamos estas madrugadas al otro lado del charco, y que emplean más energía en golpearse en el pecho después de un mate que en defender una jugada, pero con menos $ en la cuenta corriente.

No es el mismo espectáculo, es diferente, y debemos enseñarlo, promocionarlo, que la economía de nuestro deporte en este país no está para derrochar recursos, sino para rascar euros aunque sea compitiendo, y ganando, contra el All Star Game.