Carta de un bético confuso: ¿Tenemos un problema?

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Jose Maria Garrido

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Carta de un bético confuso: ¿Tenemos un problema? – Análisis Betis y su situación actual.

Permítanme salirme de la piel de cronista y escritor que ocupo habitualmente en esta web y dejen que me ponga el chándal y la bufanda del Betis para explicar la situación, y que entiendan (si son ajenos a nuestra realidad) qué pasa en nuestra afición, bajo mi punto de vista.

Pese a mi juventud llevo años, algo más de 10, sin recibir una alegría (gran alegría) de mi equipo, y sin embargo he visto al vecino llevarse cinco títulos europeos, lo que me congratula, pues pese a que siento envidia, es puramente sana. Han sido años de sube y baja, de decepciones, malas tardes de ir sin rumbo y sin capitán en un barco a la deriva con una de las aficiones más fieles y sufridoras como tripulación. Pepe Mel supuso un soplo de aire fresco en un equipo sin identidad, pero lamentablemente aquello duró poco, lo que duró Beñat en el Betis. El Betis de Mel cayó en las tinieblas de un juego insípido y una falta de ambición y motivación que la afición no soportaba más, con su equipo se hundió su figura como entrenador. Desilusión puede ser la palabra que mejor defina el final de la época, y eso que el romance empezó de muy buenas maneras y fue un amor puro y sincero.

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Muy lamentablemente, seguro que han visto esta imagen antes

Les cuento esto para que entiendan que llevamos años, muchos, esperando un proyecto ilusionante y esta temporada, teníamos uno. Una directiva nueva que está haciendo las cosas bien: televisión, radio, reforma del estadio, modernización de las estructuras del club… No podemos echarles nada en cara. La figura de director deportivo es una de las pocas que genera confianza entre la afición, por primera vez después de mucho tiempo, sobre todo por lo siguiente: Torrecilla ha traído jugadores que pueden dar una gran rentabilidad económica, amén de deportiva, al club. Todos los jugadores han sido las preferencias del entrenador en la lista de fichajes y además casi ningún jugador ha desentonado sobre el campo. La pata por la que cojea el proyecto, y me duele decirlo, es el entrenador, Gustavo Poyet.

Hay varios argumentos para defender al uruguayo: solo llevamos 9 jornadas de liga, el equipo ya ha visitado Mestalla y el Camp Nou, y Anoeta, y ha recibido al Real Madrid y al Sevilla. Cinco de nueve partidos son, a priori, complicados. Osasuna, Málaga, Granada y Deportivo son algo más asequibles, repito a priori. En los primeros cinco enfrentamientos el equipo ha conseguido cuatro derrotas y una victoria, en el resto dos empates y dos victorias. Los resultados no son malos teniendo en cuenta los rivales. El equipo es décimo primero y eso no está lejos del objetivo de final de temporada (quedar entre los diez primeros). Además de que la afición, como les dije antes, está impaciente. Cuando se une que una afición tan sufridora y fiel, y a la que le importa tanto su equipo. se impacienta, se puede crear una mezcla fatal para los intereses de la entidad. No se está siendo del todo justo con el técnico que se debería, nos ciegan las ganas de ver a un equipo, por fin, capaz de grandes cosas.

Pero por otra parte, Poyet no ha demostrado nada en Sevilla. Las altas expectativas y las esperanzas que nos insuflaron los directivos y campañas del equipo han sido contraproducentes al ver el equipo sobre el césped. Se nos prometió del entrenador que iba a traernos un equipo aguerrido, luchador, que iba a controlar la posesión del balón, que iba a dominar los partidos, un equipo con llegada que iba a darnos espectáculo. Bien, el equipo en 9 partidos, más la pretemporada, no ha dado todavía esa imagen. El tiempo no es excusa, Poyet fue contratado como técnico antes de que acabara la pasada liga, ha pasado todo el verano con la mayoría de sus jugadores e incorporaciones nuevas (el Betis ha fichado pronto, y bien, a los jugadores relevantes) y como hemos dicho antes, han traído lo que ha pedido. No se puede achacar a una falta de preparación física, Marcos Álvarez es un excelente profesional, no se puede achacar la falta de juego a la ausencia de jugadores de calidad, es que no hay excusa posible que no sea una mala actuación y planificación por parte del técnico, hasta el momento.

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Poyet durante el spot publicitario “No hay palabras, solo hechos”.  Algo irónico en estos momentos

El equipo no tiene un esquema de presión efectivo, las ayudas defensivas no funcionan como deberían, la ausencia de peligro y ocasiones es alarmante, no hay un despliegue físico asombroso, no hay un movimiento de balón fluido, no hay verticalidad. El equipo gana los partidos por que es muy superior individualmente a su rival o por el factor suerte. Rubén Castro, Joaquín, Sanabria, Alex Alegría Ceballos y Musonda, Felipe Reyes, Jonas Martin (sino hubiera estado lesionado casi todo el inicio) son armas ofensivas poderosas, además de jugadores como Nahuel, que no cuenta para el míster, o Zozulya, cuya adaptación empieza a ser preocupante. El equipo tiene mimbres ofensivos de sobra, amén de que Durmisi es un auténtico puñal desde el lateral zurdo, como para jugar a algo. Es cierto que la defensa, y el medio defensivo, anda más escasa de jugadores talentosos, pero no como para encajar un 12-3 de global contra Barcelona y Madrid.

De poco sirve lo que yo les cuente, el fútbol es un deporte resultadista y yo les quiero hablar de sensaciones y emociones. Desgana, absoluta y desilusionante desgana. Cuando seis puntos de los once  que tienes los has sumado con goles en el último minuto te das cuenta de que el equipo en vez de décimo primero podría estar en descenso. Parece que los béticos vivimos en un mal sueño, en el día de la marmota, la historia se repite año tras año, la ilusión que nos embarga en agosto se nos esfuma cuando llega la navidad y vemos la realidad del equipo. Cuando la paciencia se acabe y los resultados dejen de llegar, por que sino mejora el juego los resultados no van a mejorar por muy buenos que sean los jugadores, todas las miradas van a apuntar al mismo sitio: al banquillo.

Poyet parece desorientado como técnico, sus ruedas de prensa son algo, extrañas, por así decirlo, da la sensación de que su último anhelo es que se hable de fútbol. No ha logrado todavía poner un once competente ni sacar el máximo partido de ninguno de los jugadores. Me da la sensación de que Poyet vino con una idea, equivocada para el Betis, y ahora se está dando cuenta de que no tiene sentido (9 jornadas ha tardado). Rubén Castro tiene que jugar en el Betis por que es el jugador con más impacto de la plantilla, si juega Rubén necesita otro delantero que le sirva de apoyo, este año dos grandes talentos como Alex Alegría o Sanabria. También existe la opción de dejar a Rubén Castro en el banquillo, jugar con un 4-3-3 y que el equipo funcione de maravilla con extremos con llegada, dos volantes fantásticos y un juego de posesión exquisito, pero eso no se ha visto todavía. Lo que parece incomprensible para cualquier aficionado es que el entrenador haya tardado tanto tiempo en darse cuenta de que Rubén Castro en una banda y Joaquín en la otra pueden no ser la mejor idea en una primera división cada vez más física.

El equipo tiene muchísimas variantes, para mí la mejor sigue siendo el 4-4-2, se notarían menos las carencias defensivas de los laterales con dos extremos por delante suya, la defensa estaría mucho más arropada y aunque sin tanta posesión, el equipo tendría incluso más llegada. Poyet se está  planteando jugar con un 4-3-1-2, aprovechar la verticalidad de sus laterales, colocar a Joaquín de enganche donde no sufre tanto la falta de explosividad y que Rubén juegue con otro nueve, una idea brillante e ilusionante, que esperemos salga bien. El problema, y no va a ser poco, es quién hará la cobertura a los laterales. Si Petros o Brasanac actúan de pivote defensivo por delante de estos estarían como volantes, en teoría; Jonas Martin, Felipe, Ceballos o uno de los dos pivotes, aunque cabe la opción de que Donk empiece a jugar de pivote. Ni Jonas, ni Felipe, ni Ceballos son capaces de un despliegue físico tan exigente como lo es defender a un extremo, sacar la pelota jugada, enlazar con el resto del equipo y si es necesario llegar, no durante 90 minutos.  Si Petros o Brasanac entran en la ecuación acompañando a uno de los tres, y junto a ellos un pivote, la cosa cambia mucho pues los libra de implicación defensiva. Pero jugar sin bandas tiene, además de las coberturas, un gran inconveniente: es fácil colapsar el ataque con la acumulación de jugadores en el centro de la defensa. Y muchos equipos se pueden permitir dejar al Betis centrar balones (Piccini sube bien hasta medio campo pero desde ahí no es muy efectivo, y mucho menos centrando)  ya que la falta de altura y potencial aéreo es alarmante. Musonda, y todos los extremos, se quedan fuera de la ecuación con este sistema que además tiene el gran problema de los  riesgos que correría el equipo en los contragolpes de jugadas no finalizadas (muchas más si tienes que atacar por el centro).

Dejando atrás al fútbol, volvamos a la afición, me hallo confundido. Hay demasiados focos que piensan distinto en el beticismo, en una afición tan grande y plural es normal, pero es un  inconveniente en la hora de la toma de decisiones ya que no hay una opinión unánime de la afición. Todos queremos un Betis mejor pero ninguno sabemos cual es la mejor opción, y nos han defraudo tanto los directivos y técnicos que no nos queda nadie en quién confiar, nadie más que en el Betis.

PD: Es paradójico, con la situación actual, que una tuna haya cantado en la calle Jabugo, lugar de residencia de Manuel Ruiz de Lopera, que no firme la venta de sus acciones a la nueva directiva. ¿Cuándo nos quitaremos esta pesada losa? Tenemos que dejar de ser el payaso de la primera división, simpáticos como afición, temibles como equipo.

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