Análisis de un Celta 2018-19 que ha perdido su alma

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Alex Boubeta

Apasionado del deporte y el periodismo deportivo con un Máster en la especialidad. Trabajé dos veranos en prácticas en el Diario de Pontevedra y RNE-Vigo y tengo bastante experiencia en medios digitales deportivos. Me gusta entender y explicar el fútbol como un juego más allá de todos los factores que lo rodean.

El Celta 18-19 sigue a la deriva. Tras un cambio de entrenador (llegó Miguel Cardoso por Antonio Mohamed) el equipo sigue arrastrando las mismas carencias. Da una de cal y otra de arena: cuando engancha un par de resultados positivos vuelve a las andadas. Los problemas del Celta son endémicos y no hay que buscarlos solamente en el último entrenador.

Hay que remontarse a la exitosa etapa de Berizzo y a la inoperancia del club para encontrar un sucesor que pudiera consolidar el proyecto respetando sus líneas maestras. Pero ni la pasada temporada con Unzué, ni esta con Mohamed o Cardoso sabemos qué pretende el Celta, a qué quiere jugar, qué quiere hacer con la cantera… El proyecto está estancado. En resumidas cuentas, el análisis del Celta 2018-19 está muy claro: el Celta ha perdido su alma.

Desde la llegada de Luis Enrique, pero incluso desde la etapa en segunda división en muchos aspectos, el club, con Torrecilla en la dirección deportiva, tenía muy claro el camino a seguir. Me refiero al estilo de fútbol que quería practicar, al perfil de entrenador con el que quería contar, al papel que tenía que desempeñar la cantera… Eso se ha difuminado. La planificación deportiva diseñada por Felipe Miñambres está en el punto de mira.

Miguel Cardoso Celta

El empuje de Miguel Cardoso en las primeras semanas como entrenador del Celta se está diluyendo.

La experiencia de ver un partido del Celta 2018-19

Ver un partido del Celta hoy es muy descorazonador y solo te lleva a querer recordar tiempos mejores. Cuando te sentabas en el sofá a ver un partido del Celta, sabías que podía ganar, perder o empatar, pero que tu equipo iba a intentar poner en práctica un determinado estilo de fútbol, que los jugadores iban a morder a los rivales, que iba a generar fútbol ofensivo y que era muy probable que, pasara lo que pasara, te divirtieras.

Hoy un partido del Celta significa aburrimiento casi asegurado y una sucesión de improperios por lo mal que defiende. En serio: cada partido del Celta es un cursillo acelerado de cómo no hay que defender. Los errores defensivos groseros se suceden, por más que Cardoso haya cambiado la pareja de centrales. Ya sea Cabral – Roncaglia, Costas – Araújo o cualquier mezcla: ningún central (ni ningún lateral izquierdo) ofrece fiabilidad.

Análisis del Celta 2018-19: sin identidad de juego

En resumen, el análisis del Celta 2018-19 constata un hecho: no sabe a qué quiere jugar. En cada partido le ves una intención distinta. Por ejemplo en Vallecas abusó del balón largo sobre Maxi, un recurso a priori muy alejado del característico fútbol celtiña. Los jugadores están desaparecidos, su calidad no luce, no existe fluidez en tres cuartos y la defensa es un coladero. Ya no es que el Celta haya perdido su identidad de juego, es que me atrevería a decir que es uno de los equipos peor trabajados de primera (con cualquier entrenador).

En todos los partidos de primera que he visto no he apreciado una sucesión de errores defensivos tan groseros como los que comete el Celta partido sí partido también. He visto a equipos con problemas de gol, pero no que den tantas facilidades atrás. Y cuando no está Iago Aspas, el único que pone luz en este desconcierto y que ve portería con facilidad, el equipo se termina de descoser y los resultados no llegan. Esta semana, ante dos equipos de la zona baja, el Celta ha sumado 0 puntos de 6. Y ya empieza a ser una costumbre.

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El cuadro de los jugadores del Celta tras encajar gol en la derrota del lunes frente al Athletic.

El Celta 2018-19 es un equipo sin nada especial

Así pues, desde la salida de Berizzo el Celta ha perdido su alma, su magia, su identidad, aquello que hacía distinto y especial. Personalmente ha perdido el orgullo de ser del Celta. El Celta 18-19 me parece un equipo más, un equipo vulgar, un equipo que no tiene nada diferente. No quiero que se me malinterpete: no pretendo llamar vulgares al resto de equipos. El Celta ha perdido su juego, su presión estimulante y la cantera está perdiendo peso. Ha perdido, en definitiva, lo que lo hacía atractivo.

Más que estar pendiente de embrollos políticos con estadios y ciudades deportivas, la directiva de Mouriño debe recuperar el rumbo que ha traído al Celta hasta aquí: tener claro a qué quiere jugar, qué perfil de entrenador le interesa, qué jugadores hacen falta y qué papel debe desempeñar la cantera. Si no, nos esperan años donde solo podremos aspirar a quedarnos en LaLiga con más pena que gloria.