Claudio Ranieri o cómo limpiarse a Ariel Ortega y Romario en un año

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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

Claudio Ranieri etapa en Valencia

Todo el mundo sabe quién es Claudio Ranieri, todos lo idolatran, todos quieren hacerse una foto con él y a todo el mundo le cae bien. No siempre fue así, ni mucho menos. A uno le vienen a la mente muchas imágenes de aquel Claudio que llegó a Valencia con aura de tipo duro e inflexible para convertirse en poco tiempo en el marido ideal, el padre ideal y, cómo no, el entrenador ideal. Pasó por mucho, vivió el éxito y el fracaso en España, en Italia, en Inglaterra y en Francia hasta pasar definitivamente a la historia del fútbol mundial con la Premier League conseguida con el Leicester. Pero la historia que vamos a contar hoy tiene que ver con su primera etapa en nuestro país, con un equipo que contaba con un vestuario autodestructivo y un entorno más desunido que nunca. La historia de cómo el campeonísimo tuvo que limpiar el vestuario de Romario, de Ariel “Burrito” Ortega, hasta conseguir un grupo sano que rearmaría al Valencia C.F. hasta convertirlo de nuevo en una referencia del fútbol español.

Claudio Ranieri etapa en Valencia: los motivos de su llegada

Claudio Ranieri pisó por primera vez España en septiembre de 1997 y lo hacía para reflotar a un equipo que no tenía nada que ver con el Leicester que ha hecho campeón en este 2016. En uno de tantos arranques de improvisación del entonces presidente Paco Roig, el argentino Jorge Valdano sería destituido en la tercera jornada de liga, después de haber perdido los tres partidos, el último tras una lamentable alineación indebida que acabó con la (poca) paciencia de Roig. Aquel era un equipo construido para ganar, un Valencia que aspiraba a ser grande, un proyecto hecho para hacer del equipo che un gigante de España y de Europa. El Valencia de Valdano, que exigió una remodelación total de la plantilla ese mismo verano, dio de baja a catorce jugadores ni más ni menos, algunos con una calidad notable como Valery Karpin, Vicente Engonga o Iñaki Romero, futbolistas que después hicieron historia en otros clubes. En su lugar se trajo a otros con un caché mucho mayor, astros que ilusionaban a una grada cansada de fracasar: Anglomá (Inter de Milán), Djukic (del Deportivo), Morigi, Carioca, Olivera, Carboni (Roma), Milla (Real Madrid), Gerard (FC Barcelona), Saïb (Auxerre), Chemo Del Solar (Celta), más la vuelta de Albelda y Angulo (cedidos en el Villareal). Refuerzos a los que había que sumar algunos integrantes de la plantilla que aún no habían dado muestras de toda su calidad, como Mendieta, Claudio López o Javier Farinós, al que el propio Valdano ascendió al primer equipo. Un equipo al que el argentino no supo ni pudo sacar provecho.

Jorge Valdano en su etapa como entrenador ché. Fuente: lasprovincias.es

Jorge Valdano en su etapa como entrenador ché. Fuente: lasprovincias.es

En septiembre Jorge Valdano era historia. El fútbol preciosista que se pretendía no estaba dando resultado, mientras que la bandera de aquel proyecto, el brasileño Romario, al que el propio técnico llegó a calificar como un “jugador de dibujos animados”, nunca pudo jugar para él. En el último partido de pretemporada y tras una chilena sin mucho sentido, el carioca se lesionaría para dos meses, un periodo de tiempo que pasó en Brasil, ante el consentimiento de un club que se había plegado a los deseos del brasileño para ser más grande. El estilo de Claudio Ranieri poco tenía que ver con el de Valdano, ni dentro ni fuera de los banquillos. El fútbol de tiralíneas le duró al Valencia tres improductivas jornadas y un vestuario repleto de egos y malos rollos. Ranieri llegó para poner orden, no en vano fue presentado por Paco Roig como el “General Rinaldi”, una anécdota que habla bien a las claras de lo que se buscaba con el romano y de lo que adolecía aquel Valencia.

Claudio Ranieri etapa en Valencia: primeras declaraciones sobre Romario

En su presentación, el tema estrella fue de nuevo, claro está, Romario, del que Ranieri hablaba así:

“Romario es el mejor jugador del mundo, pero la Fiorentina tuvo a Batistuta y terminó bajando a segunda (…) El Valencia debe llegar a la altura del Real Madrid o el Barcelona, esa es mi filosofía. Hace falta mucho trabajo y conseguir una mezcla entre la calidad de los jugadores y el carácter”

No lo tuvo fácil el bueno de Claudio, a pesar ( y sobre todo en consecuencia) de tener ni más ni menos que al 10 de la selección argentina y al delantero estrella de Brasil. Ariel Ortega y Romario, Romario y Ortega, dos perros…con el mismo collar. El poco trabajo y mucho egocentrismo de ambos desesperaron a Ranieri al poco de llegar a Mestalla y en una de sus primeras charlas ya se las vio con el astro carioca.

Claudio Ranieri etapa en Valencia. Paco Roig y el "General Rinaldi" en su presentación. Fuente: ciberche.net

Claudio Ranieri etapa en Valencia. Paco Roig y el “General Rinaldi” en su presentación. Fuente: ciberche.net

Claudio Ranieri etapa en Valencia: primer choque con Romario

En octubre de 1997 el periódico Levante EMV se hace eco de una charla en el vestuario ché. Poco antes de salir a entrenar Ranieri se gira hacia Romario y con gesto autoritario, le dice: “Me han dicho, que usted salió anoche hasta las cuatro de la mañana”. Romario salta como impulsado por un resorte: “Eh, eh, eh. En mi vida privada hago lo que quiero y lo que me sale de los cojones. Y al que no le guste, que se joda”. Los compañeros del delantero brasileño contemplan estupefactos la escena, de la que Ranieri trata de salir airoso al responder: “Así usted no irá al Mundial”. Pero Romario, lejos de arredrarse, reacciona: “Ese es mi problema, y el suyo es el Valencia. Si no juego aquí, me marcho a Brasil”. Ranieri, entonces, se queda sin respuesta y prefiere replegarse. “Vamos a salir a entrenar”.

En el club, que ya estaban al corriente de las andadas del brasileño, deciden mover ficha, por si acaso, fichando al delantero rumano Adrian Ilie, otro jugador que destacaría meses después tanto en el Valencia como en el Mundial de Francia 98. Entre tanto, Ariel Ortega, cuya relación con Romario no es buena, no ve con buenos ojos la permisividad de la directiva con el delantero ni la llegada de un hombre con personalidad fuerte como Claudio Ranieri. Sobra decir que ninguno de los dos casa demasiado con el ideal de fútbol físico y contraataque que propone el transalpino y a las pocas semanas las constantes fricciones convierten el vestuario ché en un auténtico caos.

Claudio Ranieri etapa en Valencia. Ariel Ortega en su etapa como jugador valencianista. Fuente: blogmio.com

Claudio Ranieri etapa en Valencia. Ariel Ortega en su etapa como jugador valencianista. Fuente: blogmio.com

Claudio Ranieri etapa en Valencia: choque con Ariel Ortega

Todavía en octubre Claudio Ranieri deja fuera de la convocatoria a Ariel “Burrito” Ortega, un bombazo en la prensa valenciana de la época y una gran desilusión en una grada que había acogido con los brazos abiertos el fútbol potrero del argentino, uno de los jugadores llamados a reinar en el fútbol mundial en los siguientes años.

Yo llevé la 10: Ariel Burrito Ortega

Pese a sus constantes actos de indisciplina, Ranieri maquilló aquello como una decisión técnica: “Tengo mucha confianza en Ortega, pero ahora no está bien y prefiero otro jugador de menos calidad, Vlaovic, pero de más trabajo. Viaovic le ha dado mucha profundidad al equipo”.

Al poco tiempo Ortega se despachaba a gusto para el diario Clarín en una de sus convocatorias con la selección argentina.  El “Burrito” decía no entender nada”, a la vez que decía dudar del planteamiento técnico de su entonces entrenador: “El equipo actúa mejor cuando intenta jugar por abajo. Tirar pelotazos no sirve, salvo esperar el error del rival”. Lo cierto es que la relación entre el mediapunta y el técnico romano era un imposible y el propio Ortega ponía en duda su continuidad antes de finalizar 1997: “Si no estoy en los planes del técnico, se lo tiene que decir a los dirigentes que no cuento para él”, admitió, poco antes de poner a caldo nuevamente el sistema su técnico: “¿Sistema? ¿Qué sistema? Hay que ser sincero y decir que el Valencia no está jugando a nada. Y esto no es una crítica a mis compañeros, porque cuando estuve yo tampoco jugábamos a nada. Somos un desastre. El miércoles, contra el Figueras, un equipo de Segunda B, jugamos casi con un solo delantero y todos atrás. ¿Ese es el sistema?”.

Poco tiempo después, los trapos sucios quedaban al descubierto y la ruptura entre la estrella y el entrenador era total. En enero, en la rueda de prensa previa a un partido contra el Mallorca, el italiano decidía coger el toro por los cuernos y dejar clara públicamente su postura.

“Ortega es un jugador de mucha calidad, pero no le gusta entrenarse y eso no es bueno. Desde que yo llegué al Valencia, Ortega ha trabajado 43 horas menos que sus compañeros. Está siempre cansado y cargado. Veo que Camarasa o Javi Navarro, que están lesionados, tienen una voluntad de hierro y me pregunto si Ortega piensa exclusivamente en llegar descansado al Mundial

Claudio Ranieri etapa en Valencia: ganándose al valencianismo

Ranieri, un tipo encantador con el público y la prensa, tardó algunos meses en ser respetado como entrenador para la afición valencianista, sin embargo pronto se ganó la simpatía de todos como personaje merced a sus constantes bromas y chistes. Su español mejoró muy rápido y a los pocos meses la comunicación ya era muy fluida. En aquella rueda de prensa a la que hacemos referencia, Ranieri decidió hacer un all in…y el tiempo acabó poniendo a cada uno en su lugar. Previamente Ortega había calificado a Ranieri de “mentiroso” y el entrenador valencianista decidió responder con todas sus armas.

“Para mí, Ortega habla mal, pero no por hacerlo contra mí, sino porque lo hace antes de un partido muy particular. Piensa en él y yo lo hago en la sociedad. Mi modo de trabajo es éste, para lo bueno y para lo malo. Si mañana, la gente de Valencia no le gusta mi modo de trabajar, que saque los pañuelos; y si le gusta, que haga un tifo para el equipo. Mi problema es el Mallorca, no Ortega”.

Aquel partido acabó con un decepcionante 0-0 en el campo de Mestalla, más hiriente si cabe porque el conjunto balear andaba repleto de viejos conocidos como Pepe Gálvez, Vicente Engonga o Iñaki Romero, jugadores a los que el club malvendió para traer a otros que, por el momento no estaban dando resultado.

Claudio Ranieri etapa en Valencia: en el Camp Nou empezó todo

El entorno del Valencia era un auténtico polvorín y una semana después el equipo che visitaba el Camp Nou, un estadio complicado contra un equipo que aquella temporada acabaría ganando la liga, con jugadores en sus filas como Rivaldo, De La Peña o Pep Guardiola. Aquella temporada 97-98, la del infame partido de los lunes por Antena 3,  había sido un camino lleno de baches para el Valencia…hasta que ese partido lo cambiaría todo y en el que paradójicamente “Burrito” Ortega tendría una importancia crucial.

El partido empezaría con un trallazo de Adrian Ilie al palo de la portería de Ruud Hesp, algo que no marcaría el desarrollo de encuentro, pues el Barcelona se pondría con un 3-0 a su favor en apenas 53 minutos, con goles de Luis Enrique, Rivaldo y Fernando Cáceres en propia puerta. El partido estaba finiquitado…o eso parecía. En el 69 Guillermo Morigi acortaba distancias tras rematar un pase de gol de Claudio López. En el 74 el propio López ponía el miedo en el conjunto de Louis Van Gaal tras cabecear un centro de Juanfran. En el minuto 88 tras un balón rebotado en un córner de nuevo el “Piojo” López marcaba el gol valencianista para empatar el partido. Y sin tiempo ni para que la realización recuperase el aliento, Ariel Ortega se quedaba solo ante Hesp y batía al holandés en un tiro colocado por la escuadra. Era el 3-4 y el argentino, que ya tenía una tarjeta amarilla era expulsado tras quitarse la zamarra, en un claro reflejo de las luces y sombras que siempre escondía su fútbol. Sería el primer milagro de la era Ranieri, sería el inicio del mejor ciclo de la historia del Valencia.

Claudio Ranieri etapa en Valencia: los goles del espectacular Barcelona 3-4 Valencia (97/98)

Claudio Ranieri etapa en Valencia: bases para el futuro glorioso

Aquel año el Valencia acabaría en una discreta novena posición, pero acabó sentando las bases de un equipo que acabaría haciendo historia un año después tras ganar la Copa del Rey en el Estadio de la Cartuja después de veinte años de sequía. Ese mismo invierno el conjunto ché tiraba la toalla con Romario, que regresaba finamente a su país para jugar en el Flamengo. Tras la marcha de Roig y la llegada de Cortés a la presidencia el brasileño se quedaba sin su último escudo en el club y Valencia significaría su última aventura europea. La operación limpieza estaba en marcha. Tampoco seguirían Saïb, ni Chemo Del Solar ni Marcelinho Carioca, todos hombres traídos bajo petición expresa de Valdano.

Ranieri había decidido, contra todo pronóstico, apostar por un grueso de futbolistas prácticamente defenestrados con Jorge Valdano, incluido a un “Piojo” López que tenía hecha su vuelta a Argentina para jugar de nuevo en el Racing de Avellaneda. En defensa decide apostar por una línea de tres centrales más dos carrileros (Carboni y Angloma) que serían la base de un equipo que empezó a armarse desde atrás. En el centro del campo comenzaba a despuntar un sorprendente Gaizka Mendieta, que meses atrás tenía un pie en la Real Sociedad y al que ningún entrenador había sabido ubicarle en una posición fija. El vasco, al que se tenía por un jugador honrado y peleón, empezó a mostrar pequeñas dosis de su calidad, para sorpresa de propios y extraños. Arriba Claudio López y Adrian Ilie tendrían toda la temporada para conocerse, enseñarse mutuamente sus movimientos y su forma de ver el fútbol, para golear por todo lo alto un año más tarde.

Tras finalizar aquella temporada el Valencia ya no contaba con Romario, al que nadie echó de menos por el gran nivel de Adrian Ilie. Sí seguía estando el problema Ortega, que venía de tener una actuación extraña en el Mundial de Francia, donde despuntó por su fútbol y decepcionó a toda la Argentina al ser expulsado en el cruce frente a Holanda tras dar un cabezazo al portero Edwing Van Der Saar. Holanda acabaría ganando 2-1 un partido que es recordado primero por la expulsión del 10 argentino y segundo por un monumental gol de Dennis Bergkamp.

La prensa argentina fue muy dura con Ranieri todo el año, acusándolo de “dictador” por no tener a Ortega entre sus preferencias. Los argentinos, temerosos de que uno de sus jugadores referencia no llegase en óptimas condiciones a la cita mundialista, no dejaron de cuestionar las capacidades técnicas y comunicativas del entrenador italiano. En una entrevista al Diario Olé, Ranieri contestaba una serie de preguntas que ejemplificaban el divorcio entre el entrenador y el jugador valencianista.

Claudio Ranieri etapa en Valencia: opiniones sobre Ortega

¿Qué es ser psicólogo? ¿Entender todo, perdonar todo? Creo que no. Quizá no sepan una cosa: aquí, el único que le dio permiso para que estuviera quince días más con la Selección argentina después de un partido fui yo. Desde que soy entrenador debo haber tenido 300 jugadores a mi cargo, y el único que compartió un almuerzo conmigo fue Ortega. Y lo invitamos también al Piojo López, porque es más hablador, más bromista, y podía romper el hielo. Allí hablamos de nuestros desencuentros, pero todo fue en vano.

No soy tonto. Sé todo lo que puede dar Ortega. Mire, yo tuve a Enzo Francescoli y él físicamente no era Superman. Era delgado y muchas veces tuve que decirle en pleno partido: “Enzo, no exagere. Descanse un poco”. Porque se entregaba a tope en los entrenamientos y en los partidos. Igual que Bati. Pero Ortega no. Siempre le duele algo. Y no es mucho lo que le pido. Sé que por sus características físicas no puede marcar a nadie, pero sí que puede presionar a los defensores rivales. El presidente Cortés el otro día dijo que con la calidad de Ortega, Ranieri comería de su mano. Y eso es verdad. Pero primero tiene que demostrar que es un fuera de serie. Estrella se es siempre: en los entrenamientos y en la cancha.

Estoy dispuesto a trabajar con él. Repito que es el único jugador en el mundo que puede decir que comió con Ranieri. Estoy seguro de que pensar en regresar a Valencia lo debe poner loco. Pero si vuelve a entrenar, de mi boca no saldrá un solo reproche. Eso sí, para ser titular tendrá que ganarse un puesto, como lo están haciendo todos.

A final de temporada el Valencia se desprendería de Ariel Ortega, que marcharía en dirección a Italia para jugar en la Sampdoria, no sin antes lanzar unas provocativas declaraciones hacia su ex – entrenador Claudio Ranieri, asegurando que “no lo invitaría ni a agua”. El italiano impuso sus condiciones y su relación con Ortega, lejos de mejorar, acabó rota del todo aquel verano. El mediapunta sudamericano tendría una carrera errática por Europa, tras jugar en Sampdoria, Parma y Fenerbahce, sin llegar a triunfar en ninguno de ellos. En su última experiencia en Turquía acabó abandonando unilateralmente el equipo, lo que le valió una sanción de la FIFA que a punto estuvo de acabar con su carrera. En sus últimos años como profesional se dieron a conocer sus problemas con el alcohol, unos problemas que lastraron el final de su trayectoria como jugador. A día de hoy Ariel Ortega es reconocido como uno de los mejores y más queridos jugadores argentinos de todos los tiempos y una auténtica leyenda para River Plate. Lastimosamente para el Valencia y para el propio Ariel Ortega, las cosas no salieron bien entre ambos y tras su marcha el equipo levantino se convertiría en conjunto ganador.

El Valencia de Ranieri acabó siendo un equipo de guerreros, exactamente igual que el Leicester campeón de la Premier League 2015-2016, su obra maestra. Ya nadie duda de su “psicología” a la hora de entrenar ni de su excesiva rigidez y ahora Ranieri es el líder de un grupo maravilloso tal y como lo fue de aquel Valencia inolvidable, un grupo que un día invita a su entrenador a un cumpleaños y otro día van a cenar juntos a una pizzería invitados por su técnico. Después de tantos años, tantas sonrisas y lágrimas, uno solo puede decirle una cosa: “te lo mereces”.

Grazie Claudio.