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El club de los falsos engañados

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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

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El club de los falsos engañados: crítica a Barcelona y Neymar

Resulta que los culés se indignan con la marcha de Neymar. Me pinchan y no sangro. Es lo que tiene considerarse fan, lo que engrandece a este deporte e impide su completa mutación en un negocio puro y duro, la capacidad para pasar del amor al odio en un segundo. Todo eso que se aleja del raciocinio, de la lógica, es lo que nos hace humanos y por tanto vulnerables. Pero los sentimientos son una cosa y los hechos son otra cosa, y mucho me temo que Neymar sólo engañó a aquellos que se dejaron engañar.

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Neymar es el prototipo de futbolista moderno, con mucha verborrea y mucha menos calle de lo que su aspecto puede aparentar. Su estirpe poco tiene que ver con la de muchos brasileños que llegaron a España como Rivaldo o Denilson, futbolistas esculpidos con la genialidad y la irreverencia de las favelas, sin que ningún youtuber pusiese sus ojos en ellos mientras jugaban con sus amigos, sin que el ojeador de turno les regalara los oídos antes de tiempo. Eso es básico para entender la personalidad de Neymar, un talento puro que creció siendo famoso, pasando más tiempo en el laboratorio que en la calle, siendo en su cabeza futbolista (con todo lo que ello implica) antes que niño.

Neymar celebra un gol en el Camp Nou. Fuente: lavanguardia.com

Neymar celebra un gol en el Camp Nou. Fuente: lavanguardia.com

El brasileño es famoso en su país desde que era un adolescente, su cara ya era familiar antes de siquiera debutar en el Santos, que lo llevó entre algodones hasta el primer equipo, conscientes del potencial del joven. El propio Santos toleró las niñerías del crack, llegando a echar a entrenadores para que la estrella paulista no perdiera la paciencia. Y después del esfuerzo de su club Neymar y O Pai acabaron saliendo a escopetazos, dando una pequeña muestra de lo que sería su trayectoria en los años venideros: regates de ensueño, salidas de tono y una nula sensibilidad a la hora de dignificar la imagen del club que representa. Ney no salió de su casa porque le fascinase la Sagrada Familia, ni tampoco atraído por la rica cultura popular barcelonesa. Llegó, sacó a relucir su talento, dejó títulos y se fue de nuevo a escopetazos. Nada nuevo, salvo a que en esta segunda ocasión no vi a ningún culé llevarse las manos a la cabeza por la calidad humana de la pieza que acababan de fichar. Neymar no ha engañado a nadie, a nadie que por lo menos viese la jugada desde cierta distancia.

El F.C. Barcelona, a poco que haga bien las cosas, no necesita a Neymar, estoy convencido, como no lo necesitó el mejor Barça de la historia. Claro que aquel equipo y aquellos jugadores tenían claro qué podían hacer y qué no, las pautas necesarias para no manchar al escudo que representaban. Cuando Pep se fue, primero llegó un incapaz, Martino, y luego un león, Luis Enrique, a hacer de domador, toda una contradicción que acabó desnudando la personalidad de unos y otros. Tremenda fue la decepción. Resulta que en realidad siempre habían sido un atajo de niñatos caprichosos, esclavos del yoísmo de twitter e instagram, adictos a dar la nota a la mínima que se diese la ocasión. Así llegó el vergonzante Halloween de Getafe, las quejas arbitrales sin filtro, las celebraciones poco decorosas, las burlas a compañeros de profesión….hasta acabar con el “Se queda” de Piqué como metáfora de lo acontecido.

Todo sin recibir una reprimenda de los mandamases del club, que lejos de atajar la sangría acaban poniéndose del lado de quienes están ensuciando su imagen. El club que se vanagloriaba de ganar pero no a cualquier precio acabó sucumbiendo al orden de los tiempos, se quitó la correa y efectivamente siguió ganando, aunque el tufillo antipático que desprendían como conjunto poco tenía que ver con el impoluto Pep Team. No he visto a demasiada gente afear el profesionalismo de Neymar hasta que ha dado la espantada (ocasiones ha habido). Tampoco vi (ni veo) a muchos aficionados pensar más allá de sus tripletes, cuatripletes y demás “etes”, narcotizados por los efectos de esa droga que se llama GANAR.

La MSN del Barça ya es historia. Fuente: keywordteam.net

La MSN del Barça ya es historia. Fuente: keywordteam.net

El Barça se dejó secuestrar por Neymar desde el mismo día en que O Pai dio el sí a Sandro Rosell. Viajes a Brasil en plena temporada, billetes pagados para sus “¿Toys?” que lejos de mantener la discreción se pavoneaban delante de la cámara día sí y día también, además de un respeto sobrenatural al padre de la criatura, que tan pronto aseguraba su continuidad como volaba a París a dejarse ver con el jeque. Lo más grave es que Bartomeu prostituyó a un club centenario para acercarse a los deseos del caprichoso delantero, cada vez más avaro, fuera de control. De hecho tal fue la bajada de pantalones que estuvo cerca de conseguirlo pero O PaiO pai es insaciable.

El PSG va a recibir a Neymar con los brazos bien abiertos, dispuestos a tolerar cualquier imbecilidad con tal de que el crack le regale a Qatar su primera Champions. El brasileño tendrá un salario tan indecente como lo será su comportamiento en los próximos meses. ¿ O acaso creen que el delantero como muestra de agradecimiento moderará sus niñerías? No, seguro que no. Neymar creció entre el mal hábito del halago, con susurros de personas que le doblaban la edad asegurándole que sería la quinta esencia del planeta fútbol, metiéndole a la la fuerza el Balón de Oro en su sien. Así fue siempre, así será ahora. El nuevo jugador del PSG forma parte de esa nueva generación de famosos cuyo anonimato ha sido tan fugaz que ya no lo recuerdan (como Bieber), de ésa cuyo culto sólo se debe al dólar (como Mayweather), de ésa que no oculta su narcisismo sino que lo convierte en su  marca personal (como Cristiano), de ésa para cuyo fin siempre justifica los medios, que viven por y para sus trofeos aunque dejen tras de sí un poso de miseria.

Neymar acaparó todas las portadas esta semana.

Neymar acaparó todas las portadas esta semana.

Al final de la corrida resulta que Neymar ha acabado pasando por encima de todo un F.C. Barcelona que en estos días da la sensación de estar empequeñeciéndose hasta límites poco vistos. No por haber perdido las cualidades del brasileño sobre el verde sino por la reacción del día después, por ese pataleo de niño chico que poco ayuda a un club que parece haber olvidado lo de “més que”. Acostumbrado a ser el gallo del corral, al Barça le ha favorecido muy poco el disfraz de gallina, no ha estado a la altura de las circunstancias.