Decepción y drama en los Knicks

Tras un tiempo dándole vueltas creo que por fin he llegado a una conclusión clara respecto a una comparación acertada para los New York Knicks: son esos propósitos de año nuevo que surgen de forma motivada y se sostienen… ¿Una semana? ¿Dos como mucho? Para dar paso a la decepción, el drama, y la posterior ilusión una vez se vuelve a acercar la próxima temporada.

Confección de la plantilla de los Knicks: ni tan ridícula ni tan buena

Creo que en más de una ocasión (todos los veranos) se ha comentado que los Knicks siempre van a la agencia libre con las expectativas de fichar a los mejores jugadores que salen al mercado, y al final acaban pegándose un tortazo de proporciones similares a las de cierto partido político español. Pero dejando la política a un lado, es un ciclo vital: temporada malísima, ilusiones con fichar a los mejores agentes libres, y nadie llega al equipo.

Este verano la cosa parecía haber cambiado, porque, en lugar de volverse locos y regalar contratos elevadísimos a diestro y siniestro (el autor de estas líneas agradecería uno), optaron por un plan B que de entrada parecía bien diseñado: atraer agentes libres jóvenes con potencial para foguearlos y ver si explotan o no.

El problema viene en el momento en el que los Knicks olvidan que en el baloncesto hay más de un prototipo de jugador, y optan por firmar a jugadores de características muy similares y que la posición en la que se encuentran más cómodos es la misma, el 4. Empiezan así a surgir los dramas con la readaptación y la pérdida de minutos, y todo empieza a ir mal.

Sin embargo, este año debían mejorar. De entrada, al menos un par de equipos tienen menos calidad en la plantilla, pero, además, estrenan entrenador y nuevos protagonistas. Los Playoffs solo eran una idea alocada de los aficionados al equipo, pero mejorar era muy sencillo. Y ni eso están logrando.

Hora de largar a Fizdale

Si a una plantilla de calidad normalita le sumamos a un entrenador que está demostrando tomar 10 decisiones malas por cada una que es positiva, tenemos el cóctel perfecto para el desastre que estamos presenciando. Fizdale está mostrando por qué Marc Gasol le tenía de todo menos cariño, y es que él es parte del gran desastre llamado New York Knicks

No acierta con la gestión de los quintetos (no funcionan) ni la distribución de los minutos (los jugadores se enfadan) y para colmo, tras 10 partidos, parece que la única buena noticia que tenían en Manhattan, RJ Barrett, se ha roto, o más bien chocado contra el temido Rookie Wall mucho antes de lo esperado.

El papel que tiene Fizdale no es sencillo. Gestionar un vestuario NBA no es una tarea sencilla. Si además le sumamos ser uno de los equipos con una de las bases de fans más tóxicas de la NBA… todo encaja. Cualquier decisión negativa es cuestionada y puesta en duda muchísimo más de lo normal, y ejemplos tenemos a montones. También funciona a la inversa, pero desde hace ya bastante lo común es encontrar abucheos y odio, incluso antes de tiempo.

Imagen cedida por Tdorante10.

Aun con esto, Fiz no ha hecho bien su trabajo. Porque una cosa es que la plantilla no dé para más, y otra que quintetos de calidad inferior propinen auténticas palizas a los Knicks. No es el qué, sino el cómo, y en el caso de este equipo, perder contra los Cavaliers es un escenario potencial, pero hacerlo de paliza roza el ridículo.

Por todo ello, #FizdaleOut

Los problemas de los Knicks están mucho más arriba

No obstante, que los problemas se repitan un año tras otro no es fruto de la pura casualidad. Cuando no es la plantilla (la de jugadores que han pasado ya por Nueva York) ni el entrenador (más de lo mismo) hay que buscar otro culpable. En el caso de los Knicks el culpable posee el equipo.

No, no hablo del GM de turno, y que se prepare Masai Ujiri si de verdad en algún momento acaba allí. Hablo, evidentemente, de James Dolan, uno de los propietarios más polémicos por una serie de eventos que ha protagonizado, y que además ha demostrado ser uno de los más ineptos.

El problema de los Knickerbockers no es tanto de atractivo como de filosofía. Nadie quiere ir a la franquicia. En primer lugar, porque ya van unos cuantos años siendo un equipo perdedor. En segundo lugar, porque hay un déspota con ideas tan inteligentes como expulsar a un fan de por vida a los mandos de la nave. ¿A quién quieren engañar con esto como principal foco de atención?

Los Knicks necesitan un reset de verdad. Olvidar todos estos años y tratar de construir desde 0, sin pensar que por ser los Knicks (como si eso fuese algo ahora mismo) van a conseguirlo todo gratis. Mirar hacia otras franquicias que tan bien lo han hecho, como son el caso de Clippers y sus vecinos los Nets, y plantearse cómo llegaron hasta ese punto. Sin llevar a cabo este proceso seguirán sumidos un mar de dudas y de derrotas.

Sin embargo, parece que por ahora el camino escogido es emocionarse con la agencia libre de Antetokounmpo. El círculo vuelve a girar. No cesa.

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