Dejadme pasar, soy Otamendi

Un amigo asiduo a Mestalla me contó hace poco el suceso, un buen aficionado de su sector se abría paso ente el gentío de los vomitorios del estadio con la frase: “dejadme pasar, soy Otamendi”, al tiempo que sacaba pecho. La anécdota, que me arrancó algunas risas de por sí, no deja de tener su aquél, y es que la dichosa frase nos da varias pistas de lo que ha supuesto la llegada del central argentino a la capital del Turia. En primer lugar por lo rápido que ha calado su personalidad entre la afición valencianista y, en segundo lugar, porque nos indica lo que representa el “hombre de hierro”: jerarquía, orgullo, liderazgo, poder.

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Otamendi, un central que infunde respeto

“Otakaiser”, “Superman”, “Robocop”…los motes que le salen a Nico Otamendi después de cada partido no dejan de aparecer, la imaginación del aficionado de a pié parece no tener fin, como tampoco parecen tener fin las constantes exhibiciones defensivas del bonaerense. Y es que lo de Otamendi no es normal. Un central que pasa por encima de los delanteros como si tuviese muelles debajo de los pies, un defensor tan rápido y fiero que ridiculiza a los atacantes rivales, un jugador que arranca los aplausos del público partiendo desde su propia área. Un fenómeno de los que hacía tiempo que no se veía por Valencia, concretamente desde que un tal Roberto Fabián Ayala abandonó el club hace ya ocho años.

Otamendi es feo (en el buen sentido), tan feo como debe de ser un central. Pelo corto, nariz de boxeador, cejas pobladas, barba cada vez más larga y cuerpo cubierto de tatuajes, todo adornado con una espalda tan grande como un camión y unos brazos que, como mínimo imponen respeto. Sólo un puñal podría darle una apariencia más fiera de la que ya tiene. Nico Otamendi es uno de esos tipos por los que uno cambiaría de acera si se lo encontrara por la calle, alguien a evitar en un pub a altas horas de la noche y un amigo a quien recurrir cuando las cosas se ponen feas.

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Otamendi en un reportaje para la revista «Dragones».

No sabemos lo que tardará el brazalete de capitán en posarse sobre el brazo del #23 del Valencia, aunque cualquiera que haya visto un par de partidos de los ché este año se habrá dado cuenta de que al argentino no le hace falta ningún trozo de tela para liderar a los suyos. Otamendi es el jefe y además el primer peón: él manda, él ejecuta. Una escoba multiusos que mantiene el área sin un cacho de polvo, un antiparasitario de buena marca que no permite pasar ni al más insignificante de los ácaros.

Otamendi es, sin lugar a dudas, el mejor fichaje del Valencia desde que el “Guaje” Villa se vistiese de blanquinegro allá por 2005 y eso es mucho decir. Cierto es que el conjunto levantino vivió una época oscura, en la que el nivel de la plantilla bajó hasta unos límites impensables, pero hasta en eso Nico cayó de pié, y es que el argentino ya era jugador del Valencia en enero de 2014 y sólo un embrollo con el tema de los pasaportes hizo que el “Mariscal” no vistiese la elástica valencianista en ese momento. Nunca sabremos lo que hubiese pasado, pero quizá incluso alguien tan sobrado como él se hubiese perdido en la mediocridad de un equipo plagado de medianías y jugadores sin capacidad para defender al club que llevaban en el pecho. Ahora, con una nueva plantilla y nuevas ilusiones, Otamendi lidera ese proceso de renovación tan ansiado por la sufrida hinchada ché.

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“Otamonstruo” es muy argentino, eso se ve a simple vista, mucha cumbia, mucho mate y más canchero que la madre que lo parió. Se echaba de menos alguien que tuviese ese don, eso que sólo tienen algunos elegidos: hacerte estar orgulloso de alentar al club de tu corazón.

Los piques del internacional albiceleste son habituales en cada partido, el último fue con Mandzukic y Raúl García el pasado domingo, pero si hiciéramos una recopilación nos daría para una película de acción. Para Otamendi es normal, es contacto, son choques, es fútbol. En ese juego el “Nico” siempre gana, cuando el partido baja al barro él es un tiburón blanco entre pezqueñines. Él es el máximo exponente de un Valencia que aspira a ser algún día tan canchero como él, un bloque duro y compacto como una roca, un equipo orgulloso de sí mismo, de lo que es y lo que representa.

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Nicolás Otamendi, internacional por la selección de Argentina

Los #otamendifacts inundaron el twitter de los valencianistas la pasada semana, después de que el bonaerense lo hiciese de nuevo. El “hombre de goma”, “Hulk”, el “indestructible”, los apelativos para Otamendi empezaban a surgir una vez más, de forma espontánea, natural, hasta convertirlo en el Chuck Norris del Valencia. El tobillo del argentino se recuperaba milagrosamente de un esguince de grado 2 en apenas cuatro días y llegaba a tiempo para el duelo frente al Atlético en el Calderón, donde fue uno de los mejores de su equipo. No era la primera vez que acortaba los plazos de forma espectacular…y a buen seguro que no será la última.

Por ponerle una pega sólo diré que va tan sobrado que en ocasiones busca anticiparse al rival demasiado alejado de su área, sin embargo por mucho riesgo que entrañen sus acciones casi siempre acaba haciéndose con el balón. Muchos se preguntan de dónde diantres viene este fenómeno o por qué no fue al pasado Mundial, algo que viendo el nivel del valencianista este año parece una broma de mal gusto, mal que le pese al entonces seleccionador argentino Alejandro Sabella.

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Otamendi y Diego Alves, dos de los pilares defensivos del Valencia C.F.

En lo que va de temporada, Otamendi es el mejor central de Europa. Punto. Es la frase más repetida en Mestalla, la cantinela que debe empezar a extenderse más allá de las murallas de cemento del estadio ché, una verdad inquebrantable que el argentino ha impuesto a base de martillo. Alguien tan contundente que es capaz de inspirar la frase que llevó a aquel aficionado a decir: “dejadme pasar, soy Otamendi”. No se ustedes, pero yo lo dejaría pasar.

5 comentarios
  1. Marc Saumell
    Marc Saumell Dice:

    Uno de los nombres de la temporada, sin duda. Reconozco que yo había perdido un poco la fe en él, lo vi en Vélez y era absolutamente dominante, un físico portentoso, una capacidad atlética tremenda y se le auguraba un futuro espléndido.

    En el Porto le costó bastante la adaptación, seguía el camino del defensa poco cerebral que corrige por físico pero que aún así no le basta en suelo europeo. Las condiciones las tenía claro, pero le faltaba algo.

    La buena noticia es que en el último año dio un paso adelante y terminó de confirmarse. Muchos lo echamos de menos en el Mundial, pero bueno, Sabella es muy de formar grupos estables y ya su entrada parecía complicada. Aún así, yo lo hubiera llevado.

    Es que el Valencia está dando muchísimo contenido. En la primera parte de liga sobretodo, cuando el equipo estaba más equilibrado, su defensa posicional era muy muy efectiva. Llamaba especialmente la atención la altura de su línea defensiva, defendían muy arriba, que no presión. Y justamente Otamendi era el que plantaba esa línea y su rendimiento está fuera de toda duda.

    Importantísimo el hecho de que el club/jugador rechazaran la oferta del ManUtd. No concibo un proyecto valencianista sin Otamendi. Tengo unas ganas tremendas de verlos en Champions, aunque ahora me parecen un pelín menos sólidos, no me salen 10 equipos mejores en el mundo.

    PD: Otamendi, Mustafi. Hay alguna pareja más carismática que esta? XD al nivel Perea, Ujfalusi.

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  2. Juampi Sierra
    Juampi Sierra Dice:

    Otamendi siempre fue un gran proyecto de defensor para el fútbol argentino, desde sus épocas en Vélez se destacaba y desde allí fue convocado por Maradona para Sudáfrica 2010 (sí, jugó un Mundial ya). El problema radicaba en la escasez de laterales (sin considerar a Zanetti) que tenía (tiene) la selección argentina hace unos años y que derivó en posicionar a Otamendi de 4 (lateral derecho), posición que no le era habitual aunque supo desenvolverse y rendir bien.
    La catástrofe vino en cuartos de final contra Alemania (si, otra vez). A los 2 minutos de partido, en un tiro libre para los germanos, es Nico el que pierde la marca de Thomas Muller y se deja anticipar muy inocentemente. Fue el comienzo del fin que ni Messi ni Tevez ni Higuaín, ni Di María pudieron cambiar en lo que siguió del partido, comiéndonos 4 pepas en total y quedando afuera de terrible manera… Se lo castigó por eso, y le costó ganar otra vez regularidad para encontrar un lugar en la zaga central (ya no como lateral) de la selección.
    Ahora Otamendi tiene una nueva oportunidad en la selección y realmente este momento en Valencia demuestra su maduración y gran momento para hacerse cargo del puesto junto con Garay o bien Musacchio. Lo mejor para el y para el equipo Ché. Saludos desde Argentina! Buena nota

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