El bisturí de Javi Gracia

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En verano se fueron Juanmi, Samuel García, Samu Castillejo, Sergi Darder y Sergio Sánchez. En enero Nordin Amrabat y Marcos Angeleri. Y anteriormente otros jugadores capitales como Antunes o Willy Caballero también partieron. La delicada situación económica del Málaga, con el jeque desaparecido, hizo imposible retener a sus futbolistas de más valor. El proyecto que maravilló a Europa en 2013 parecía entrar en un túnel en el que no se veía la luz del final y es que no solamente tenía que superar las restricciones económicas citadas, sino que también tenía que reinventarse continuamente al ver que los jugadores que sostenían la estructura, marchaban.

Sin embargo, la tarea de reconstrucción ha sido magníficamente llevada por Javi Gracia. El Málaga lo eligió para hacerse cargo del equipo en verano de 2014, a pesar de que recientemente había descendido con Osasuna, y la apuesta no ha podido salir mejor. Durante el año y medio que el técnico navarro está a cargo del equipo de la Costa del Sol, este no solamente ha conseguido formar un once competitivo que practicara un fútbol coherente con lo que tenía disponible, sino que además ha cumplido sobradamente con los objetivos. En la temporada pasada, el equipo terminó noveno a 15 puntos del descenso, y en la presente se sitúa duodécimo con 10 puntos de margen. Además, es el cuarto equipo que menos goles ha encajado en lo que llevamos de liga, datos que se explican por sí solos.

Antes de analizar cómo consigue este Málaga practicar este fútbol de tal nivel, hay que mencionar que desde que está Javi Gracia en el banquillo, el balance económico de altas/bajas es sorprendente. El equipo ha gastado 10,45 millones de euros en la contratación de futbolistas, mientras que con la venta de sus futbolistas ha conseguido 64,9 millones. Más de 50 millones de beneficio (transfermarkt) en un año y medio, espectacular.

Javi Gracia el día de su presentación con el Málaga

Javi Gracia el día de su presentación con el Málaga

En los despachos las cosas funcionan bien, pero es en el terreno de juego donde se da lo más interesante. Para empezar deberíamos clasificar al Málaga como un equipo con una identidad que se explica en su trabajo sin balón. Lo más condicionante de su juego se produce en su actitud defensiva, sobretodo en las primeras fases del juego, en la presión. Javi Gracia pone énfasis en colocar arriba los cuatro futbolistas que forman su línea defensiva, cerquita de los cuatro centrocampistas que trabajaban justo por delante, que dominan lo ancho del medio y que acompasan los movimientos de presión de la doble punta. El 4-4-2 del Málaga se ve a simple vista gracias a la tremenda coordinación de todos sus jugadores. Se mueven como un ente, sin dejar demasiados espacios, permitiéndole a cada uno de ellos dar un apoyo a su compañero.

El contexto favorito del equipo de Gracia se da cuando tiene que defender en campo contrario. Ahí, los puntas Cop y Charles no fijan a los centrales, sino que tienen como principal función imposibilitar la recepción de los centrocampistas rivales. Cierran líneas de pase, y solamente saltan a por su par cuando este tiene el balón. El objetivo es que la pelota termine siendo rifada. Para buscar eso, los centrocampistas realizan la siguiente función: si los defensas rivales terminan filtrando por abajo algún pase por dentro, se da la misma actitud que con Charles y Cop, salen a morder, prohibiendo que el poseedor de balón se pueda girar, con lo cuál si todo se da bien, el esférico vuelve hacia atrás. Aquí sobresale el futbolista de más nivel del conjunto, Ignacio Camacho, mediocentro con gran capacidad para presionar arriba, llegando a veces hasta sitios muy alejados de su posición. Tras conseguir que el balón no pueda circular y con la incómoda posesión en campo propio, el equipo rival no tiene más alternativa que buscar el balón en largo. Y entonces el cuadro de Gracia sonríe.

Porque es en esa situación donde el equipo malagueño tiene todas las de ganar. Por una parte, Camacho, Albentosa, Weligton y Rosales ganan casi todos los duelos aéreos, con lo cuál el peligro se desvanece. Pero además, lo cerquita que están todos los jugadores del equipo permite controlar los rebotes y despejes que se puedan dar en ese tipo de jugadas. El Málaga basa casi todo su fútbol en ese dominio espacial alrededor del balón, ya sea defensiva u ofensivamente, y es que con superioridad numérica en esas acciones, la falta de calidad no se nota tanto.

Ignacio Camacho Málaga

Con la vuelta de Camacho, el equipo despegó

Si el rival consigue establecerse en el campo del Málaga, empieza una nueva fase defensiva. Para empezar, el objetivo de esta fase es que el equipo contrario si tiene que avanzar, siempre sea por el costado. Y si tiene que finalizar, sea a través de un centro lateral. ¿Cómo conseguirlo? Cerrando a cal y canto el pasillo central del campo. Juanpi y Chory Castro (o Atsu u Horta), los extremos, cierran su posición, colocándose cerca de Recio y Camacho, los pivotes. Una vez más, Ignacio vuelve a destacar en su vertiente más pegajosa. El balón encuentra muchas dificultades para poder ser recibido por el centro, y los espacios que han dejado los jugadores del Málaga en la banda invitan a progresar por ahí. Normalmente se da en la izquierda, donde Boka actúa como lateral zurdo y su nivel defensivo está bastante lejos del de Rosales, lateral derecho. De hecho, en varios partidos Gracia ha dado entrada a Miguel Torres para cerrar con más seguridad ese sector.

Para finalizar el apartado sin balón, si el Málaga no ha conseguido mediante las dos fases anteriores defender en campo contrario, lo ideal para sus intereses es que el rival termine la jugada mediante un centro lateral. El porqué se explica por las características de los centrales malagueños, que son muy dominantes en su propia área, y que además se le suma Camacho y Recio en el control de la frontal del área (rebotes) y Mauro Rosales que es muy eficiente cerrando el segundo palo. Aunque esas virtudes podrían pensar que el Málaga defendería mejor cerradito en su campo, no es así, y la explicación se da por su potencial ofensivo. Ahora veremos.

Cop y Charles no son futbolistas rápidos ni profundos. Juanpi, es un mediapunta de pelota al pie que juega de extremo por necesidades del sistema, y Camacho y Recio no tienen la suficiente habilidad técnica para ser eficaces lanzando contraataques. Ese cóctel hace que el Málaga sea un equipo que no intimide demasiado con espacios por delante. Y como al final, como todos los equipos del mundo, necesitan generar peligro para tirar adelante los partidos, Gracia apuesta por acercar su defensa, y por ende a todo su equipo, lo más cerca posible a la portería contraria.

Para poder presionar, el Málaga necesita que el balón haya llegado arriba. Analicemos cómo lo consigue. El primer paso a explicar es su salida del balón, que no está demasiado elaborada, por no decir que es un aspecto del juego en el que Gracia no parece destinar demasiado tiempo. Normalmente, el esférico es jugado en largo hacia los puntas que, a pesar de no ser especialistas descolgando pelotas, ganan bastantes posesiones de manera indirecta, es decir, ellos por sí solos no son capaces de quedarse con el balón, pero generan situaciones en que los jugadores del Málaga vuelven a tener un contexto favorable. Una vez más, las líneas tan juntas permiten dominar los rebotes que se producen. Es algo que está planeado por el equipo, no se juega en largo porque sí, todo tiene una intención. Lo cerquita que están todos los jugadores se traduce en superioridad numérica en esas jugadas.

Juanpi gol Barcelona

Juanpi es el jugador distinto, el que da más sentido con balón

Con el balón en posesión del Málaga en campo rival, empieza la gestación de la jugada. Aquí hay que subrayar un nombre que tiene una importancia capital en esta fase del juego, Juanpi Añor.

[su_heading size=”14″]Juanpi, el resurgir más inesperado [/su_heading]

El mediapunta venezolano, que juega como extremo derecho, es el jugador que tiene más libertad para moverse por el plano ofensivo. Es el verso libre de Gracia. Se deja caer por el centro agarrando el testigo de un equipo con poca capacidad para crear, pausa la jugada lo suficiente para que sus compañeros puedan ordenarse y colocarse en la mejor posición, y desvía el balón hacia la banda, donde la jugada casi siempre termina. El Málaga es un equipo de números discretos en el terreno ofensivo, y es en parte porque sus ataques son bastante previsibles. Juanpi crea, pero necesita ayuda, es por eso que uno de los puntas, Charles, termina descólgandose y echando una mano en esa fase del juego. Pero como el balón termina en la banda, y ahí el recurso es un centro, al delantero hispanobrasileño a veces no le da tiempo para llegar a zona de remate. Y con Cop solamente en el área, el equipo pierde presencia. Aunque en los últimos partidos también hemos visto como el otro extremo también ha pisado con asiduidad el carril central, con la contratación de Chory Castro, un extremo capaz de dibujar jugadas y profundizar por sí solo, el Málaga ha mejorado sus números y Charles ha empezado a marcar con regularidad.

Analizando sus ataques, se puede apreciar una jugada típica del equipo de Gracia, volcando siempre el juego hacia uno de los costados. Kameni saca en largo hacia Charles, el punta descarga de primeras a Juanpi, que ya espera el balón y lo descarga a Cop que apoya enfrente; la salida de balón ha finalizado y empieza la gestación de la jugada con un primer toque hacia el tercer hombre ya liberado, Charles, que profundiza por el mismo costado; el delantero hispanobrasileño está lejos del área rival, y Juanpi lo aprovecha para contemporizar la acción con él, regalando tiempo para que el lateral derecho, Rosales, reciba de cara y vaya hacia portería.

Un equipo que invita a sentarse en el sofá y disfrutar de su juego.