El Müller más presente

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Que Pep Guardiola no ha sabido sacar lo mejor del Bayern parece evidente, que tampoco lo ha conseguido con Thomas Müller también. Sin embargo en este primer tramo de temporada estamos viendo sus mejores versiones desde que está al mando el entrenador catalán. Ambos sujetos parecen estar estrechamente unidos por el tipo de jugador que es y el club del que es -ya- referente, y es esta relación la que suscita preguntas acerca del porqué ahora sí y antes no.

Hay que decir que el Bayern ha tenido momentos de juego de mucho nivel sin que la presencia de Thomas fuese determinante, como en el otoño pasado en el que eran otros jugadores los que moldeaban el sistema táctico, pero también habría que apuntar que en los malos momentos el rol de Müller seguía teniendo un papel de actor de reparto. Justificar esa importancia es una tarea difícil porque colectivamente el Bayern ha sido un equipo ganador en Alemania y que fue apeado dos semifinales seguidas en Champions por el Madrid de Cristiano y el Barcelona de Messi, a la postre campeones. Pero según las sensaciones que ha ido mostrando el conjunto, y que al final es una valoración más analítica que los resultados, siempre ha faltado un punto de unión entre Guardiola y Müller. El Bayern siempre ha necesitado de Thomas.

La idea de juego de Pep se ha venido matizando durante su estadía en Münich, al juego de posición cada vez se le añaden más ingredientes germanos que cambian ligeramente el estilo y la intención de juego. Tras los ensayos en las dos primeras temporadas, fue este verano en el que Guardiola dio un paso más contundente en esa voluntad de mezclar su filosofía con la tipología de juego alemán. Los movimientos de Douglas Costa y de Arturo Vidal no eran simplemente una suma de efectivos en la plantilla, por sus características y su estatus -del chileno sobre todo- parecía complicado que la inercia que ya había dado muestras Guardiola en el curso anterior, no terminara de asentarse.

Y a Thomas Müller el cambio le ha sentado de maravilla. Los porqués pueden llegar a ser muy simples o muy complicados, de hecho el propio jugador en sí es uno de los futbolistas más difíciles de analizar del panorama actual. Interpretar el futbol de Müller es un ejercicio constante de ratificaciones y refutamientos, es un jugador extraño con flashes muy individuales pero con un sentido colectivo muy fuerte. No es extremo, no es delantero, no es mediapunta, no es centrocampista. La zona de acción de Müller es la pradera, vasta y sin ataduras, por eso su fútbol chocaba con el juego de posición de Guardiola.

Müller entendió desde el primer día el manual de juego de Pep, pero su fútbol va en otra dirección

La pícara sonrisa de Müller se apagaba cuando le cortaban las alas, él se aplicaba en la cadena de montaje, reproducía con voluntad la serie de directrices tácticas que precisa esta filosofía de juego, pero no encontraba su lugar. Para un jugador con una mente tan privilegiada que pensaran por él era demasiado. El juego de posición es aquel en el que el jugador no piensa, sino ejecuta. Una serie de mecanismos que se trabajan en el día a día para que el futbolista no pierda el tiempo tomando tantas decisiones, lo cuál tiene éxito porque solamente hay que ver lo que han conseguido Guardiola y Mourinho con el juego de posición. Pero para un futbolista de la complejidad de Thomas, en la que su razón de ser es la agilidad mental y la habilidad sensorial para entender lo que está pasando, era complicado que encontrara su rol.

Müller no es una referencia física y técnica, no marca las diferencias ni con sus carreras y ni con la sensibilidad de su pie. Su fútbol funciona a través de la constante interpretación del tiempo y del espacio. Por eso el vértigo le va tan bien, porque es en el caos, en la niebla, donde él és el más rápido y el que lo ve más nítido. Por eso su ascendencia en el ciclo de Pep ha venido de la mano con las incorporaciones de Lewandowski primero, y de Douglas Costa y Arturo Vidal después.

Con Lewandowski ganó una referencia por delante suya, un tipo que fijase los centrales rivales y que le diera espacio para o bien romper en profundidad por las zonas libres o bien recepcionar y desahogar entre líneas para la posterior progresión. Como el polaco es otro jugador que le cuesta jugar en estático, Guardiola empezó a introducir el envío directo si el plan inicial de salir por abajo no funcionaba. Primer matiz importante.

Con Douglas Costa ganó un socio indirecto, el brasileño es un demonio que busca siempre el uno contra uno, y el regate es una acción que provoca el caos. Como además el brasileño se va de cualquiera, los técnicos rivales se ven obligados a introducir un sistema de ayudas con un efectivo más para evitar su impacto. Lo que eso tiene un efecto dominó que deja más espacios en la zona en la que se mueve Müller, la zona débil o zona contraria al foco de peligro.

Douglas Costa y Vidal ofrecen un impacto potentísimo en el modelo de juego

Y por último Arturo Vidal, centrocampista todoterreno que basa su fútbol en cargar el área para el remate. El chileno es una estrella mundial y su estatus era demasiado grande para que pasara desapercibido. Con él el Bayern hace más centros y juega de manera más vertical porque gana muchísima más presencia física con las llegadas desde atrás. La cantidad de rebotes y segundas jugadas que generan los centros de Douglas Costa, y los choques de Lewandowski y Vidal en el área, crean el ambiente perfecto para el juego de Müller. Thomas saca a relucir su instinto, su paleta de movimientos para encontrar la recepción final, como una sombra, como un asesino sigiloso que aparece de la nada y que ya está lanzado para acometer el acto final.

Pep siempre ha tenido en mente a Müller en su equipo. En Herr Pep, el libro de Martí Perarnau, se explica la voluntad del técnico catalán de ofrecerle un rol significativo en su esquema, si bien sus ensayos ubicándolo de interior en un principio, y de extremo, mediapunta y falso 9 después han sido decepcionantes. Con este Bayern más directo y vertical, y teniendo manga larga para desplazarse a su antojo, su fútbol se está viendo muy potenciado. Está brillando.

Quizás el equipo acompaña porque está mostrando la mejor versión de su mejor jugador. La sonrisa de un tipo divertido, carismático, con una fisonomía característica más propia para jugar al fútbol de los años 80. Su imagen melancólica se acentúa con el 25 a la espalda, las medias bajas y las celebraciones vetustas. En parte, Thomas Müller es tan indescifrable porque escapa del estereotipo moderno, no estamos acostumbrados a ver futbolistas así. Pero que no nos engañe, es muchísimo más bueno de lo que parece.