Equipo o EQUIPO, una gran diferencia en el baloncesto

Hace falta cinco jugadores para jugar al baloncesto. El baloncesto es un deporte de equipo, donde uno mete la canasta, pero el resto pone lo necesario para que eso suceda.

Estas eran nociones básicas que alguien, en algún momento de mi infancia o adolescencia, me metió en la cabeza. Cosas de la EGB. Unos cuantos, bastantes, años después, me encuentro en una encrucijada que hace cuestionar mis valores. O refrendarlos aún más.


Los equipos de baloncesto de verdad siempre ganan

Hay equipos que tienen algo especial. Cuando los ves, ganen o pierdan, hace que conecten con el espectador, con el aficionado, sin importar los colores. Tienen ese algo especial que cuesta tanto encontrar. Unas veces es un jugador, otras el entrenador, pero en mi caso siempre han tenido en común un factor, son EQUIPOS. Con todas las letras, con todos sus integrantes, con mayúsculas.

Esto que hace no demasiado tiempo era ley en un deporte como el baloncesto. Ahora mismo no puedo asegurarlo al 100%, y menos aún en la NBA actual.

Me paro a pensar, y son muchos, muchísimos los ejemplos de equipos que no son más que la suma de jugadores hasta completar una plantilla. Jugadores que no tienen comunión alguna entre ellos. No hay sintonía, solo un reparto de roles, de acciones y a jugar, con mayor o menor éxito deportivo. No son una orquesta, son una banda y de las malas.

Evidentemente esos repartos de roles han existido y existen en cualquier plantilla. E los lejanos 60 y 70, que yo no viví, había jugones que protagonizaban exhibiciones físicas y técnicas, dinosaurios llaman ahora, pero que se comían a sus víctimas cual T-Rex.

San Antonio Spurs 2004-2005, campeones de la NBA 2004-2005

Los Wilt Chamberlain, Bob Cousy, Bill Russell, Oscar Robertson, Walt Frazier, Elgin Baylor y tantos otros dominaban desde la superioridad. Pero todos ellos fueron miembros de un equipo, no ganaban solos.

Yo sí que vi verdaderos equipos de baloncesto

Con la década de los 80 la calidad se socializó. No es que bajara la de los jugadores tops, sino que cada vez más salían jugadores diferenciales. En lugar de uno por plantilla en el mejor de los casos, ya aparecían dos o tres en todas ellas. Y aunque se cimentaba el equipo sobre estos pilares, todos eran parte importante de esas plantillas.

Con los Lakers del showtime recorrías de carrerilla el quinteto. Magic, Byron Scott, James Worthy, AC Green, Karem. Y los mismo pasaba con su némesis, Dennis Johnson, Danny Ainge, Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish. O cómo llegaron los Pistons después, los Bad Boys, Isiah Thomas, Joe Dumars, Rick Mahorn, Denis Rodman, Bill Laimbeer.

Esos equipos, se fundamentaban en eso, en ser grandes equipos, con grandes jugadoresNo se concibe una victoria como la de los Bad Boys sin ese alma guerrillera, marrullera en algunos casos, que hacía que los quisieras, o los odiaras, a todos ellos.

Lo mismo pasaba con los Lakers de la eterna sonrisa de Magic, de las carreras de Worthy o el skyhook de Jabbar. Esta manera tan de hoy de ver el baloncesto y, sin embargo, tan diferente. O esa comunión y armonía como equipo que se movía al son de Larry Bird, siin poder destacar si anotaba más uno, reboteaba otro, asistía un tercero o defendía un cuarto, simplemente todos a una todos a por el anillo.

La clave de esta atracción que yo sentí por estos equipos, adolescente de mí, impresionable por supuesto, no era el espectáculo en sí, no era la estrella que más brillaba, no eran las exhibiciones individuales lo que más me llamaba la atención. Era cómo siendo tan buenos todos, lo eran mucho más como conjunto. Y esa mentalidad de grupo les llevaba a ser grandes.

El concepto de equipo en la NBA de hoy

Esto de lo que he hablado, me cuesta localizarlo hoy día. Veo listas de jugadores al servicio de una estrella, o de dos, o de tres. Pero me cuesta ver grupos de jugadores, estrellas o no, al servicio de un grupo, de un equipo.

Los equipos como siempre se siguen fundamentando en sus estrellas, sería absurdo no hacerlo. Pero la elección se ha invertido, ahora son estas estrellas las que, rara vez en mi opinión, toman decisiones que primen el beneficio del colectivo antes que el propio. Hace no demasiado tiempo la decisión colectiva, de entrenador y jugadores, redundaba en que la estrella era quien se debía jugar el tiro y no al revés.

Pero por desgracia, hoy día esta sensación ha ido más allá. Se ven casos en los que el propio mercado, agentes e idiosincrasia de la liga ha provocado seísmos en franquicias donde había establecido un sistema de valores de este estilo. Ese fue el caso de Kawhi Leonard y San Antonio Spurs. Un equipo, quizás el último baluarte de este estilo de dirección, donde al final, las decisiones y las jugadas también acababan resueltas por la estrella, caía por su propio peso, no por el peso de su contrato.


No me gustan los Big Three, no me gustan los Big Four, no me gustan las plantillas sin equipo, no me gustan jugadores al servicio de una estrella.

Me gustan estrellas al servicio de un equipo. ¿Nostálgico? Sí, la verdad es que sí.

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