Rafinha no está rindiendo como se esperaba en el Celta 2019-2020.

El Celta se ha olvidado de ganar

La llegada de Óscar García Junyent no ha revertido la dinámica negativa del Celta. 1 victoria en 7 partidos es el pobre bagaje de un equipo instalado en el pesimismo. Este Celta fue el peor equipo de primera división en el año 2019 (pese a contar con el mejor goleador español), lleva cuatro entrenadores en año y medio y en la primera vuelta de la 19-20 no ha conseguido ganar a ningún equipo por debajo del décimo clasificado.

Ha salido del descenso, sí, pero más por deméritos ajenos que por méritos propios: suma 15 puntos, una puntuación muy pobre, y está empatado con el Mallorca, antepenúltimo. Hemos hablado mucho de los problemas de fútbol, pero llegados a este punto me temo que los problemas del Celta van más allá. La falta de competitividad del Celta partido tras partido resulta alarmante.

La falta de competitividad del Celta

Javier Maté, exportero del Celta y actual director general deportivo del Coruxo, desgrana los partidos del Celta cada lunes en el tramo local de Ser Deportivos. Sus análisis resultan más que recomendables. Suele decir que el Celta «no sabe manejar las situaciones de los partidos». Es una manera de definir la falta de competitividad. El Celta no sabe interpretar lo que piden los partidos en cada momento.

Por ejemplo, que le empaten jugando contra diez como frente al Mallorca, que le marquen un gol tras quedarse protestando un saque de banda (contra el Levante), que a menudo no sepa administrar las ventajas, que no pueda adaptarse a lo que le plantea el rival hasta el minuto 60 como contra el Leganés, que siempre cometa errores defensivos que le lastren…

Iago Aspas falta de competividad Celta
Iago Aspas, el clavo ardiendo al que se agarra una temporada más el Celta.

El pesimismo del entorno y la desconfianza de unos jugadores acostumbrados a perder desde hace año y medio campan a sus anchas. Da la sensación de que cualquier contratiempo hace que los jugadores pierdan la convicción en lo que están haciendo. Que el mensaje de cada nuevo entrenador se agota al mismo tiempo que los resultados no llegan. Los cambios de entrenador no surten efecto y el equipo sigue instalado en la zona baja y le cuesta un mundo ganar partidos.

Las remontadas en contra del Celta

Una de las facetas donde más se aprecia la falta de competitividad del Celta es su incapacidad para administrar ventajas. No son pocos los partidos que al Celta le han empatado en los últimos minutos o le han remontado. Osasuna le empata en el minuto 83, el mismo que el Mallorca, el Levante le remonta de 0-1 a 3-1 en una segunda parte calamitosa… Así partido tras partido.

Este Celta tiene una habilidad especial para pegarse tiros en el pie. Es más, cuando tienen un partido bien encaminado los aficionados ya estamos pensando en cuándo meterán la pata. Y casi siempre pasa. Otras veces deja los partidos en tierra de nadie, como esperando a que pasen los minutos, hasta que en una jugada aislada le marcan. Parece que tiene miedo a ganar.

El Celta de Óscar García Junyent

Si repasamos los partidos desde la llegada de Óscar, yo sí aprecio una cierta mejoría a nivel futbolístico. Sin embargo, si en primera división cometes errores sangrantes de manera continuada es imposible ganar partidos. Errores relacionados con la ausencia de oficio, de ADN competititivo. Podemos decir entonces que la falta de competitividad del Celta está impidiendo que avance posiciones en la clasificación.

Rubén Blanco está siendo de lo mejor del Celta 2019-2020.
Imagen cedida por LaLiga.

Con Óscar en el banquillo ha habido un partido muy malo, la derrota en Leganés, pero en los demás al menos ha habido buenos tramos de fútbol. El volumen de generación de ocasiones, sin ser una maravilla, ha mejorado. Pero el equipo carece de la confianza para sostener un rendimiento durante 90 minutos y para saber moverse en los partidos.

En resumen, el Celta se ha instalado en la desconfianza. Las largas semanas sin ganar hacen que la convicción en lo que le trasmite el entrenador se desvanezca rápido. Acumula año y medio sin continuidad de resultados y viviendo al filo de la navaja. Esta temporada no ha sido capaz de ganar a ningún rival directo y su puntuación es muy baja.

Si no vuelve a creer en sus posibilidades y gana esa dosis de oficio en los partidos no hay nada que haga pensar en un cambio de dinámica a corto plazo. La bala del cambio de entrenador ya está gastada. El infierno de segunda se ve cada vez más cerca en Balaídos.

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