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Esteban Ocaña Navarrete

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La CONMEBOL le puso fin a las especulaciones sobre un supuesto nuevo formato para las finales de la Copa Libertadores de América. El pasado 23 de febrero, en Uruguay, las asociaciones pertenecientes a la confederación aprobaron unánimemente que se dispute la final de la Copa Libertadores a partido único desde la edición de 2019.

“A partir de 2019, la CONMEBOL Libertadores se definirá en una apasionante final única, transmitida en un horario estelar desde un campo elegido con antelación”.

De esta manera comienza el comunicado emitido por la CONMEBOL en el que explica la tan polémica decisión que se venía augurando desde hace unos días. Desde el próximo curso, el campeón se decidirá a través de una sola final que se jugará en un campo neutral, a diferencia de como se había estado haciendo hasta ahora. Con este cambio, el fútbol latinoamericano le dice adiós a las finales de ida y vuelta que caracterizaban tanto a una competición tan importante como la Copa Libertadores.

Críticas a la Final de la Copa Libertadores a partido único

Aunque la decisión ha surgido después de haberse realizado un meticuloso análisis que incluía estudios técnicos que se venían realizando con el propósito de potenciar los torneos de clubes de la Conmebol, hay una gran parte de los aficionados que la rechaza. Si bien nadie duda de que a través de esta iniciativa se proyectará mayores ingresos para el torneo y para los dos clubes finalistas, aún hay detalles que no terminan de convencer a los hinchas, que no han tardado en mostrar su descontento contra la determinación del organismo internacional.

El mosaico que organizó la hinchada del Olimpia en la final de ida del 2013 frente al Atlético Mineiro. EFE

Somos América, no Europa”, “Sería una final para ricos y la verdadera hinchada no podría verla en directo, ¿cuántos se pueden pagar un viaje así?”

Pues bien, los dos principales argumentos de la gente son: uno, las largas distancias entre países, y dos, una supuesta pérdida de nuestra identidad al querer asemejar nuestro fútbol al europeo. En redes sociales se siente un claro rechazo hacia la nueva normativa de la CONMEBOL, que ha indicado también que cada finalista recibiría dos millones de dólares más 25% de la recaudación por entradas en lugar de lo que habría ingresado cada club anteriormente. Es decir, los finalistas de esta edición contarán con premios de 6 y 3 millones de dólares, para el campeón y subcampeón, respectivamente. Pero en la edición de 2019, los finalistas obtendrán, además de las cantidades anteriormente mencionadas, un plus de 2 millones de dólares y el 25% de la taquilla global. Siempre hablando de valores netos.

“Esta decisión obedece al objetivo estratégico de potenciar el desarrollo deportivo del fútbol sudamericano mediante mayores recursos, más inversión y mejores estándares en todo nivel. Además de generar más ingresos para reinvertir en desarrollo deportivo, la final única será una gran oportunidad, para que Sudamérica, de un gran salto en infraestructura deportiva, organización de eventos, controles de seguridad, comodidad y atención en los estadios, y en la promoción regional y mundial de nuestros torneos, clubes y jugadores”, así justificaba Alejandro Domínguez la polémica decisión que, supuestamente, tendría a Lima como la primera ciudad sede para disputar la final del año siguiente.

Los participantes de esta edición de la Libertadores en el mapa. planetafobal.com

Ganan los clubes, gana también la confederación. Se benefician, por ende, los jugadores, entrenadores y directivos. Pero, ¿y los hinchas? No nos vayamos tan lejos y recreemos el escenario de la final más reciente. Lanús (Argentina) y Gremio (Brasil). ¿Qué sentido tendría jugar dicha final en Lima, por ejemplo? Más aún si tenemos en cuenta que un boleto de avión para dicho trayecto rondaría los 400 dólares (unos 324 euros). Y conscientes de que la realidad económica de América Latina no se puede comparar con la de Europa. Porque 324 euros, un español promedio se los puede gastar en un viaje, pero un brasileño tal vez no. Y eso lo deduzco desde los salarios mínimos (en valores orientativos) de cada país: 707 euros mensuales en España, contrastados con 228 euros (lo mismo que 954 reales brasileños) por mes en Brasil. Alguna diferencia hay, ¿verdad?