Fuerza, Gordon Hayward

Artículo sobre la injusta lesión de Gordon Hayward

Faltaban 6:45 minutos para el final del primer cuarto cuando todo el Quicken Loans Arena enmudeció. “¡Gordon Hayward se ha roto la pierna!”, exclamaba el narrador de la TNT estadounidense. El mundo del baloncesto estaba consternado por lo que acababa de ocurrir. Era su debut en temporada regular con la camiseta de los Celtics, su primer partido a las órdenes de Brad Stevens desde sus años en la universidad de Butler. No había mejor rival que los Cavaliers, campeón de la Conferencia Este durante los últimos tres años. Y, por supuesto, no podía haber un enemigo mayor que el, para la gran mayoría de la gente, mejor jugador del planeta, LeBron James. Era el mejor escenario posible para su estreno con la camiseta de la franquicia más laureada, al menos en cuanto a campeonatos, de la NBA.

Un intento de alley oop con Kyrie Irving acabó en una colisión en el aire con LeBron y Crowder que, desafortunadamente, desequilibró al alero nacido en Indianapolis. El resto de la historia ya la conocemos. Hayward cayó al suelo de la peor forma posible, fracturándose la tibia y dislocándose el tobillo de su pierna izquierda. Con toda seguridad, adiós a la temporada y, probablemente, adiós a las opciones de los Celtics de ganar la Conferencia Este.

Imagen de la lesión de Gordon Hayward, tendido en el suelo a punto de ser atendido por los médicos.

Imagen de la lesión de Gordon Hayward, tendido en el suelo a punto de ser atendido por los médicos.

Pero ayer, no solo salió perdiendo el conjunto de Boston. La pasada noche perdió el baloncesto. Porque nos veremos privados del talento de Hayward durante un año, porque los Cavs tendrán menos competencia en la batalla por el título de su conferencia y, especialmente, porque ningún deportista merece sufrir una lesión de tal magnitud. Llegar a niveles tan altos en el mundo del deporte, como es el caso del exjugador de los Jazz, supone un esfuerzo y un sacrificio enorme. Supone trabajar muchísimas horas para superarse a sí mismo, implica un carácter competitivo especial y, sobre todo, es el resultado de una inmensa dedicación al baloncesto. Es el resultado de superar las críticas más duras, de sobreponerse al fracaso, de querer ser el mejor… Y Hayward lo ha logrado, se ha convertido en una estrella de la mejor liga del mundo. Ha dado mucho por el baloncesto y, a su vez, el propio juego ha sido injusto y cruel con él. Por esa razón nos duele tanto su lesión a los amantes de este magnífico y, en ocasiones, malévolo deporte.

Pero, pese a la tragedia que vivimos en Cleveland, vamos a tratar de ser optimistas. Hoy da comienzo la cuenta atrás para volver a ver a Hayward en una cancha de baloncesto. Para volver a ver a un jugador de cuyas capacidades atléticas desconfiaban y que, a base de esfuerzo, mejoró su físico y acabó marcando diferencias con él. Para volver a ver a un talento que pocos veían como estrella y que lo acabó siendo. Gordon, ya sabemos que eres capaz de derribar cualquier barrera. Y esta no va a ser menos. Vas a volver mejor que nunca y mediante mucho trabajo, como has hecho siempre, lograrás que el baloncesto te devuelva todo lo que tú le has entregado a lo largo de estos años. FUERZA GORDON.

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