Merci pour tout, Pau

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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

Homenaje a Pau Gasol: merci pour tout

Lo que vivimos ayer tendrá su eco en la eternidad, no por la victoria en sí, que también, sino por la forma de lograrlo, por los antecedentes, por el rival, pero sobre todo por un gigante que anoche arrasó a todo un ejército de guerreros que, por momentos, parecieron enanos. Mucha ayuda no tuvo, esa es la verdad, a excepción del propio Pau sólo Sergio Rodríguez pasó de los 7 puntos. Poco importó. Llegado el momento el gigante decidió que ya había tenido bastante, tocaba escribir un episodio que ningún aficionado al baloncesto iba a olvidar nunca.

Treinta y cinco años, natural de Sant Boi de Llobregat, jugador de los Chicago Bulls, dos anillos de campeón de la NBA, dos veces ganador del Eurobasket, Oro en aquel Mundial de Japón que lo cambió todo y dos medallas de Plata en los Juegos Olímpicos. Ése es, a groso modo, el historial del mejor jugador español de todos los tiempos, todo aderezado con un MVP de un Mundial y otro en un Europeo…y va camino del segundo. Pero más allá del historial está el compromiso, el alma de un hombre que a pesar de los años ha mantenido intacto su papel como líder de la selección, alguien que le ha dado al baloncesto de nuestro país casi todo lo que tiene, un héroe cuya valía sólo acertamos a comprender ahora, cuando su carrera está llegando a su fin.

Pau Gasol con su trofeo de MVP del Mundial de Japón 06. Homenaje a Pau Gasol

Homenaje a Pau Gasol. Pau Gasol con su trofeo de MVP del Mundial de Japón 06. Fuente: superbasket.blogspot.com

Estamos rozando el final de una película que siempre vivimos como interminable, Pau ayer hizo una de sus últimas gestas, quizá fue la más grande de ellas, la más difícil, la más épica. Durante muchos años se le echó en cara su indolencia, hasta el más enfervorizado fan del mayor de los Gasol lo ha pensado alguna vez, ese rebote que se le escapa, esa desconexión en defensa, ese quedarse clavado mirando una canasta fácil de su par, esa ayuda no hecha a tiempo. Siempre ha sido así, siempre con el freno de mano puesto, siempre con la cabeza fría de alguien que se sabe superior al resto, siempre más alto, siempre más rápido, siempre más inteligente. Pau Gasol no nació para agradar a los adictos a la testiculina de bote, ni una palabra más alta que otra, correcto hasta decir basta, reflexivo paciente. Ése es Pau, ése era Pau. Hasta ayer.

Después de seguir la carrera de Gasol estaba convencido de que su talento se servía en dosis pequeñas, es más, estaba seguro de que no era un líder. Estancado en Memphis, su llegada a Los Ángeles supuso un acomodamiento, el lograr al fin el papel que siempre quiso tener, moderadamente cerca de los focos pero suficientemente alejado para no quemarse del todo, asumiendo la responsabilidad justa, cerca de Kobe Bryant a pesar de recibir unos palos que nunca tendrían respuesta. El no ser rencoroso le hizo ganar, le hizo disfrutar y a los demás nos hizo admirarle. El primer español campeón de la NBA ni más ni menos. Todo nos parecía normal, al fin y al cabo nunca dejó de serlo, su talento debía llevarle exactamente donde llegó.

Pau Gasol ataca a Rudy Gobert. Homenaje a Pau Gasol

Homenaje a Pau Gasol. Pau Gasol ataca a Rudy Gobert. Fuente: nbamaniacs.com

Poco antes de dejar Hollywood vino su presunto declive, el nuevo Pau ya estaba lejos de ser ese cuatro con alma de tres que corría la pista de arriba abajo, su cuerpo ya no le permitía ese ritmo, con los años fue volviéndose más hermético, más pívot. Su inteligencia le llevó a saber dónde podía hacer más daño, le endureció hasta cuotas impensables y le hizo mejorar. Sí, mejorar, pasada la treintena, cuando las rodillas de unos andan destrozadas y las de otros condenadas al retiro, cuando la mayor parte de los viejos dinosaurios NBA andan pensando en arañar como sea su último gran contrato y vivir de lo que su estela les dejó. Nada de eso, Pau ha mejorado sus fundamentos defensivos, su atención, su poder de intimidación más allá de esos 2,15. Mejorar, trabajar, jugar al baloncesto.

Pero ayer las gotitas de agua en abundancia acabaron por convertirse en cascada, el tarro de las esencias acabó por destaparse. El contenido, el tímido, el que siempre dosificaba su talento por fin dio la exhibición definitiva, justo cuando más solo estaba, cuando su manada de lobos estaban mutilados. Salió el líder, no ya de España, sino del campeonato, dominando como nadie en la historia ha dominado un Eurobasket, marcando un hito en la historia del baloncesto europeo, cómo si hubiese salido a la pista sin merendar para cenar doble después, así acabó por sacar a Rudy Gobert del partido, por acallar a una afición gala que se frotaba los ojos con lo que estaba viendo. El seleccionador francés desafió el poder de destrucción de Pau, planteó una defensa sin ayudas, confió en el físico de Gobert para anularlo, un animal de ese calibre contra un “abuelete” de treinta y cinco palos jugando más de treinta minutos y una prórroga. Plan perfecto, “que Gasol nos meta 25 pero que los demás no anoten”. Casi funciona, hasta que Pau decidió que no metería 25 sino 30, y luego, cuando llevaba treinta decidió subir hasta 40. Y si su equipo hubiese necesitado 50 seguramente también los habría conseguido. Sin problema.

El momento Gasol ha llegado, ésta es su versión definitiva, el día en el que por fin exprimió el limón hasta destrozarlo, una exhibición que será recordada durante mucho tiempo, una demostración de un líder hecho a base de talento que vamos a echar mucho mucho de menos cuando no esté. Gracias Pau, muchas gracias.