Keylor Navas y David De Gea: una historia con final feliz

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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

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El pasado verano el Real Madrid estuvo a minutos de cerrar el fichaje del español David De Gea, al tiempo que daba salida a Keylor Navas, sin embargo la operación acabó por truncarse y el mundo ardió. Unos se reían del ridículo de los blancos, otros se lamentaban por no haber podido adquirir al mejor portero del mundo, el resto se preguntaba como Keylor iba a poder seguir jugando en un club que le había querido empaquetar días atrás. Al final, todos han salido ganando: Keylor triunfa en el Madrid, De Gea se hace de oro en Manchester y el Real Madrid es líder de Primera División con el costarriquense en la portería.

Un servidor nunca dudó de la calidad de Keylor, un portero de equipo grande que se labró un nombre a base de curtirse en los pequeños, un gato con una capacidad descomunal de intervenir, nunca temeroso a la hora de convertirse en protagonista cuando las cosas no salen, alguien perfecto para aguantar la soga del Bernabéu. Claro que el inicio irregular de los de la capital le ha beneficiado, el Madrid sigue defendiendo muy atrás y no consigue presionar con la intensidad que exige el libreto Benítez, eso provoca más llegadas de las habituales sobre el arco blanco y por tanto convierte al portero en el centro de atención. Con la esquizofrenia que define el estado de un equipo megalítico como el Real Madrid, estos primeros partidos habrían podido hundir al costarriquense…y sin embargo lo han convertido en un héroe.

Keylor Navas detiene un balón. Fuente: elconfidencial.com

Keylor Navas detiene un balón. Fuente: elconfidencial.com

Keylor ha calmado a todos aquellos que pusieron el grito en el cielo con el no fichaje de De Gea, entre el United y Florentino acabaron dejándole con el culo al aire, lo humillaron y le hicieron perder dinero. Ahí entra el factor psicológico, la hiper-humanización de Keylor, la lástima. En 24 horas el costarriquense se había convertido en poco menos que el viudo de España, en el hombre al que había que alentar y ofrecerle a la vez un hombro para apoyarse. Con ese caldo de cultivo Keylor tenía ante sí la oportunidad de su vida, los ingredientes perfectos para incrustarse en los corazones de la hinchada blanca, que aguardaba deseosa a la reacción del arquero. Por el contrario, cualquier titubeo podría acabar dándole la razón a todos aquellos que no le veían con suficiente entidad como para convertirse en el portero del Real Madrid.

Tras la tempestad llegó la calma, si es que tal palabra es aplicable al universo merengue. Los gestos, el lenguaje corporal y las palabras de Keylor hicieron que el aficionado madridista deseara más que nunca que las cosas le fueran bien, se lo merecía. Pero una cosa es lo que pasa fuera del verde y otra cosa es lo que pasa dentro, y el rendimiento de Navas tenía que dictar sentencia, para bien o para mal. Y rápido, en el Madrid la paciencia no existe. Benítez, ese entrenador que muchos quieren ver como un estratega con complejo de Iceman, supo resolver la situación con dignidad, lo arropó, le hizo saber que siempre fue su portero, aclarando entre líneas que el fichaje de De Gea tuvo mucho más que ver con la maquinaria hollywoodiense de Florentino que con sus propios deseos. Mientras que en las altas esferas del Bernabéu la situación les había superado, Rafa otorgó normalidad al asunto, apagó el fuego y dio galones a Keylor. Y este ha respondido, vaya si lo ha hecho.

Es pronto para descubrir si el nuevo ojito derecho de la grada acabará por convertirse en un portero de los que marcan época, pero lo cierto es que ya tiene parte del camino hecho. Se lo ha ganado, por su paciencia, por su profesionalidad, por entrenar duro y nunca elevar la voz, por convertir la normalidad en lo cotidiano, muy al contrario de lo que sucede con muchos de sus compañeros. Es su momento y lo está aprovechando, Keylor representa el triunfo de los que trabajan, saben esperar y nunca se rinden. Por su parte, De Gea sigue impresionando en Manchester y aunque se le sigue con admiración desde la capital, pocos se lamentan por su frustrado fichaje.

Dos porteros, dos vidas que pudieron cambiar radicalmente en un verano que estuvo a punto de hundirles y que, sin embargo, les ha encumbrado al estrellato: De Gea es un ídolo en Manchester y Keylor empieza a serlo en el Madrid. Ironías del destino, casualidades que acaban por marcar una carrera….un bonito punto y final a una historia que en el mes de agosto era un thriller de terror y en la que ahora todos son felices y comen perdices.