Klopp en The Kop

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Redacción

Perfil de redacción de SportBall.

Liverpool es uno de los lugares que desprenden más mística futbolística. A millones de personas se les pone la piel de gallina al escuchar el You’ll Never Walk Alone retumbando en todo el estadio, mientras los jugadores lo escuchan descendiendo el túnel de vestuarios antes de tocar el cartelito uno por uno, como un ritual. Liverpool es un bastión del estilo británico y Anfield uno de los templos de este deporte. Un estadio alumbrado por figuras legendarias para el fútbol inglés como Steven Gerrard, John Barnes, Kenny Dalglish o Ian Rush, alentadas por The Kop, la mítica grada sur que promueve con sus cánticos jugadas de ritmo frenético, envíos en largo, transiciones y centros a la olla. Liverpool por encima de todo es carácter.

Y Jürgen Klopp será el nuevo inquilino del banquillo red. Emocionante cuánto menos. Lo que parecía un rumor a principios de semana, y que con la cantidad de rumorología que acompaña mediáticamente el equipo red se tomaba con prudencia, se ha convertido en realidad. El técnico alemán firmará por tres temporadas.

Dosis de ilusión en cantidades industriales porque pocos entrenadores parecen cuajar más con lo que es Liverpool: pasión. Este movimiento tendrá un impacto inmediato en los ánimos del club, ánimos que venían siendo muy bajos con el ciclo de Brendan Rodgers, que parecía seguir lamentándose del fatídico resbalón de Gerrard que terminaba con las opciones de conquistar el campeonato. Hay derrotas que se cargan equipos, como el Madrid de Ancelotti tras el 4-0 del Calderón, y el Liverpool de Rodgers empezó su cuesta abajo ese día frente al Chelsea. Tras la marcha de Suárez, el técnico galés buscó siempre ritmos más reposados, salidas de balón más meticulosas (que casi nunca fueron demasiado efectivas), cambios continuos en el dibujo del equipo con jugadores que muchas veces jugaban lejos de su posición natural. El Liverpool perdió la identidad, perdió su razón de ser y se cayó. Era inevitable.

Y como al final los jugadores son los que juegan y los que deben tomar decisiones constantemente en el terreno de juego, se perdieron en medio de tanta variedad de pizarra. Con Klopp es posible que el punto de acuerdo entre la plantilla y técnico sea más fácil de encontrar.

Los protas de la historia

Jürgen construyó de la nada un equipo que será recordado durante muchísimo tiempo por los románticos del fútbol. Un equipo, el Dortmund, plagado de jugadores jóvenes, sin estrellas rutilantes, con una personalidad tremenda para sobreponerse a cualquier dificultad, con un estilo basado en una presión intensa pero muy cerebral, que robaba el balón en campo rival y azotaba con un contraataque de nivel Mourinho. Klopp fue aire fresco en una Europa que solo tenía ojos para Madrid y Barça, y para una Bundesliga en la que el Bayern era amo y señor de la competición. El desparpajo mostrado por sus chicos y sus impetuosos gestos desde la banda, eran muy fáciles de ser correspondidos con una sonrisa. Fue el padre de una generación maravillosa de futbolistas.

Veremos cómo se las apaña en Liverpool donde va a recibir un plantilla con matices bastante distintos a los que tenia en Dortmund. Es normal, este equipo lo construyó Rodgers con una idea de juego bastante lejana de la de Jürgen y al final es ésta la que dicta cómo hay que jugar, aunque como decimos la idea de Klopp puede ser bastante cercana. En cualquier caso, no tardará en empezar a modelar a estos futbolistas para acercarlos a su libreto.

El juego directo sobre Benteke parece ser una de las primeras cosas en la lista de tareas del técnico alemán. El delantero belga es uno de los mejores especialistas en el mundo en esa faceta y Klopp cuando no tiene mimbres para construir con seguridad desde la base -como cuando se lesionó Gündogan- no se lo piensa dos veces antes de tirar por el pragmatismo puro y duro. Además, la actividad de jugadores como Danny Ings -la mejor noticia del Liverpool esta temporada- o Firmino en primera línea, y Jordan Henderson en la segunda, pueden dar una presencia física para el control de las segundas jugadas que genere Benteke.

En Coutinho también habrá que trabajar, será clave que el jugador más capacitado para recibir entre líneas encuentre un panorama más cómodo para sus habilitaciones y su posterior conducción. Aunque el caballo de batalla será potenciar al mejor jugador de la plantilla, Daniel Sturridge, que está volviendo a tener continuidad tras las problemas de lesiones que viene arrastrando. Daniel es un jugador especial, uno de los futbolistas que van a coger el testigo de la selección inglesa y que reúne esas virtudes que le vienen faltando históricamente a las pasadas generaciones inglesas, capacidad para poder jugar en varios estilos futbolísticos y capacidad para enfrentarse a los mismos. Sturridge es el paradigma del jugador inglés moderno, el jugador que quieren formar en Inglaterra con la llegada de técnicos extranjeros como Mourinho, Van Gaal, o Pochettino. Klopp se suma a esta lista y, aunque no es tan creativo como Rodgers, su contratación está llamada a buscar la identidad del Liverpool para luego seguir creciendo. ¡Mucha suerte, Jürgen!