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Las mejores hazañas y partidos de Pau Gasol, en la NBA y con España

La carrera de Pau Gasol no se puede describir en palabras, ni siquiera en datos. Más bien en sensaciones. Porque ha sido el encargado de elevar el baloncesto español a lo más alto. A nivel individual y a nivel colectivo. Ha acercado la NBA a toda una generación de españoles y nos ha llevado a mirar de tú a tú a muchas estrellas americanas. Por eso, hoy queremos repasar algunos de los mejores momentos de Pau Gasol, tanto en la NBA como con la Selección Española.

Que no busquemos describir la carrera de Pau Gasol desde los números, no quiere decir que estos no sean impresionantes. Rookie de la NBA, doble campeón del anillo y elegido 6 veces en el All-Star. 2 veces seleccionado como mejor jugador europeo del año y 14 medallas con la Selección Española.

Los mejores momentos y partidos de Pau Gasol

La carrera de Pau Gasol ha dejado momentos imborrables. Ser el máximo anotador y MVP de 3 EuroBasket da para mucho. Ser parte de una élite exclusiva en la historia del baloncesto da para mucho. Porque Pau Gasol es, entre otras cosas, uno de los únicos 4 jugadores que ha superado los 20.000 puntos, 10.000 rebotes, 3.500 asistencias y 1.500 tapones en la NBA. Los otros 3: Kareem Abdul-Jabbar, Kevin Garnett y Tim Duncan…

El día que Pau Gasol anotó 46 puntos en la NBA en un Bulls vs Bucks

Pau nunca ha pedido permiso a nadie, no lo ha necesitado. Su talento ha prevalecido a cuantas cornadas le han podido caer a su portador y prevalecerá a pesar de que éste vaya perdiendo frescura con el paso de los años. Porque Pau jugará hasta que él quiera, sin que nadie pase por encima de él ni la competición le engulla como al 90% de los participantes de cualquier deporte que se precie.

Muchas veces no nos damos cuenta de hasta donde ha llegado el jugador de los Bulls y sólo alguno de sus hitos, como esos 46 puntos (récord personal) sirve para que el mundo del deporte le preste la atención que merece.

Pau Gasol: 46 puntos para 46 millones de gracias

El baloncesto es un deporte minoritario en España, en realidad cualquiera que no sea fútbol lo es. Pero si uno investiga un poco se da cuenta de que los fans NBA españoles tienen una presencia mediática muy grande. Cualquier noticia relacionada con el baloncesto americano es ampliamente visitada y comentada. Y es bueno, por supuesto, pero en ocasiones también ha sido muy cruel.

Pau se ha llevado bofetadas en Estados Unidos, de los entendidos y de los menos entendidos. Pero lo doloroso es que los palos más duros vengan desde su propia casa. Que un chaval de 15 años se quede despierto hasta las 5 de la madrugada para ver un partido de la NBA significa que es un deporte que le ha enganchado, porque esos horarios implican un sacrificio extra. Eso otorga una riqueza a todos aquellos que opinan fuera de lo normal, algo rico que hace que su opinión deba ser respetada.

A pesar de eso, no es menos cierto que el apellido Gasol ha caído en desgracia para muchos de esos aficionados, a quienes en su infancia les enseñaron a quererlo y han acabado odiándolo, en parte por la focalización de los informativos españoles hacia la figura del catalán.Forma parte de la naturaleza del hombre: cuando descubre algo nuevo tiende a despreciar y hasta olvidar lo viejo. Error. Admirar el juego en mayúsculas de LeBron o la aplastante facilidad anotadora de Durant es fácil, fijarse en la excelsa muñeca de Steph Curry también lo es… Pero es que caerse de culo ante los movimientos al poste de Gasol es igual de sencillo. Se ha hecho mucha carnaza sobre el mayor de los Gasol, la mayoría injusta. Y ya está bien.

De Gasoft a estrella respetada

El de Sant Boi ha sido acusado durante toda su carrera de ser un jugador blando en defensa y algo dejado en el aspecto reboteador. Vale, Pau nunca ha sido una bestia o un jugador cuya mirada infundiera temor en el contrario. Todos nos hemos enfadado en ocasiones viendo la aparente pasividad del catalán. Pero, ¿saben qué? Al final del partido Pau se las había arreglado para acabar con dobles figuras sin prácticamente despeinarse y no hay muchos jugadores así. Ojo, y esto ha sido de esta forma durante más de una década. Casi nada.

Pau es un jugador anomal. Un blanco de un país de 47 millones de habitantes triunfando en una liga separada de su casa por todo un océano. En una tierra plagada de superdotados físicos a elegir entre más de 315 millones. Llegó siendo un alero flacucho y ahora nadie le hace sombra entre los postes más pesados del mundo. Aterrizó en Estados Unidos entre ruidos varios de los agoreros de turno y acabará volviendo por la puerta grande.

Pero no sólo hablo de sus méritos deportivos, sino de su tremenda facilidad para adaptarse a entornos tan diversos y a compañeros tan alejados de la cultura que él mamó desde pequeño. Quien haya emigrado alguna vez sabe lo difícil que es integrarse por completo en una cultura ajena, conseguir convertir un universo lejano en el patio de tu casa. Y Pau lo ha hecho, vaya si lo ha hecho, hasta el punto de que muchos fans estadounidenses no entendían por qué Gasol jugaba con España en los Juegos Olímpicos de 2012. Dominó y perfeccionó el idioma, se acercó a la comunidad de Los Ángeles y Memphis y ha acabado recibiendo premios hasta por sus obras sociales, algo inaudito para un extranjero.

La figura de Pau Gasol, digna de admirar

Basta ya de fijarnos en sus defectos y ensalcemos por todo lo alto sus virtudes, cada vez más escasas en el mundo del baloncesto. Es un poste con una cantidad de recursos inagotable, un juego de pies propio de los años 80 y una manita endiablada para tirar de 4-5 metros forjada en el siglo XXI. Y ojo, mide 2 metros y 16 centímetros que mueve con una facilidad que asusta.

Muchos han sido los que han tirado por tierra al catalán sólo por relajarse en tareas defensivas o mostrarse poco agresivo. Pero no ha habido la misma intensidad en la crítica cuando Dwight Howard no realizó un movimiento al poste digno de mención durante sus primeros cinco años en la liga, por ejemplo. De hecho, imagino que debe sentar muy bien que el máximo exponente a sucederte como uno de los grandes pívots de la década lleve también tu propio apellido.

Pau no sólo es grande por sus hitos deportivos ni por sus sanos hábitos (lectura, ópera…etc) en una liga empapada de excentricidades de todo tipo, sino por acercarnos a la mejor liga del mundo hasta convertir a la NBA en algo cotidiano para un país como España. Y no sólo eso, sino que lejos de optar por descansar en verano tal y como era habitual entre los jugadores de la mejor liga del mundo, ha elegido enfundarse la camiseta de la selección en la gran mayoría de los grandes torneos, liderando a una generación irrepetible e inolvidable a cosechar medallas de todos los metales posibles.

46 puntos y 18 rebotes, el mejor partido de Pau Gasol en la NBA

A mí me la trae al pairo sus 46 puntos y 18 rebotes, récord conseguido con 34 años por cierto. Pau es un jugador que no tiene nada que demostrar a nadie. Cuando se vaya, sólo entonces, nos acordaremos de lo bonito que fue tener a alguien de los nuestros entre los más grandes. Mientras tanto el mayor de los Gasol seguirá exhibiendo su talento hasta que a él le de la gana. Porque, como ya he dicho al principio, es de esos pocos jugadores cuyo talento parece sobrevivir al tiempo y sólo su cuerpo puede jugarle alguna que otra mala pasada.

Cuando diga adiós será el momento de dedicarle un enorme GRACIAS. Mientras tanto disfrutemos de las últimas pinceladas de uno de los mejores deportistas de nuestro país, con sus defectos, pero sobre todo con sus virtudes.

El día que Pau destrozó a Francia en las Semifinales del EuroBasket 2015

Lo que vivimos ayer tendrá su eco en la eternidad. No por la victoria en sí, que también, sino por la forma de lograrlo, por los antecedentes, por el rival. Pero sobre todo por un gigante que anoche arrasó a todo un ejército de guerreros. Sin mucha (a excepción de Pau sólo Sergio Rodríguez pasó de los 7 puntos). Poco importó. Llegado el momento, el gigante decidió que ya había tenido bastante, tocaba escribir un episodio que ningún aficionado al baloncesto iba a olvidar nunca.

Natural con dos anillos de campeón de la NBA, dos veces ganador del Eurobasket. Oro en aquel Mundial de Japón que lo cambió todo y dos medallas de Plata en los Juegos Olímpicos. Ése es, a groso modo, el historial del mejor jugador español de todos los tiempos. Todo aderezado con un MVP de un Mundial. Pero más allá del historial está el compromiso, el alma de un hombre que a pesar de los años ha mantenido intacto su papel como líder de la selección. Alguien que le ha dado al baloncesto de nuestro país casi todo lo que tiene: un héroe cuya valía sólo acertamos a comprender ahora, cuando su carrera está llegando a su fin.

Durante muchos años se le echó en cara su indolencia. Ese rebote que se le escapa, esa desconexión en defensa, ese quedarse clavado mirando una canasta fácil de su par, esa ayuda no hecha a tiempo. Siempre ha sido así, con el freno de mano puesto, con la cabeza fría de alguien que se sabe superior al resto. Siempre más alto, más rápido, más inteligente. Pau Gasol no nació para agradar a los adictos de la testiculina, ni una palabra más alta que otra, correcto hasta decir basta, reflexivo paciente. Ése es Pau, ése era Pau. Hasta ayer.

La carrera de Pau Gasol, dosis pequeñas pero con partidos históricos

Después de seguir la carrera de Gasol estaba convencido de que su talento se servía en dosis pequeñas, es más, estaba seguro de que no era un líder. Estancado en Memphis, su llegada a Los Ángeles supuso un acomodamiento, el lograr al fin el papel que siempre quiso tener. Moderadamente cerca de los focos, pero suficientemente alejado para no quemarse del todo. Asumiendo la responsabilidad justa, cerca de Kobe Bryant a pesar de recibir unos palos que nunca tendrían respuesta. El no ser rencoroso le hizo ganar, le hizo disfrutar y a los demás nos hizo admirarle. El primer español campeón de la NBA ni más ni menos. Todo nos parecía normal, al fin y al cabo nunca dejó de serlo, su talento debía llevarle exactamente donde llegó.

Poco antes de dejar Hollywood vino su presunto declive. El nuevo Pau ya estaba lejos de ser ese cuatro con alma de tres que corría la pista de arriba abajo, su cuerpo ya no le permitía ese ritmo. Con los años fue volviéndose más hermético, más pívot. Su inteligencia le llevó a saber dónde podía hacer más daño, le endureció hasta cuotas impensables y le hizo mejorar. Sí, mejorar, pasada la treintena, cuando las rodillas de unos andan destrozadas y las de otros condenadas al retiro. Cuando la mayor parte de los viejos dinosaurios NBA andan pensando en arañar como sea su último gran contrato y vivir de lo que su estela les dejó. Nada de eso, Pau ha mejorado sus fundamentos defensivos, su atención, su poder de intimidación más allá de esos 2,15. Mejorar, trabajar, jugar al baloncesto.

40 puntos, 11 rebotes y 3 tapones de Pau Gasol frente a Francia

Pero ayer las gotitas de agua en abundancia acabaron por convertirse en cascada, el tarro de las esencias acabó por destaparse. El contenido, el tímido, el que siempre dosificaba su talento por fin dio la exhibición definitiva. Justo cuando más solo estaba, cuando su manada de lobos estaban mutilados. Salió el líder, no ya de España, sino del campeonato, dominando como nadie en la historia ha dominado un Eurobasket, marcando un hito en la historia del baloncesto europeo. Como si hubiese salido a la pista sin merendar para cenar doble despué. Así acabó por sacar a Rudy Gobert del partido, por acallar a una afición gala que se frotaba los ojos con lo que estaba viendo.

El seleccionador francés desafió el poder de destrucción de Pau. Planteó una defensa sin ayudas, confió en el físico de Gobert para anularlo. Un animal de ese calibre contra un “abuelete” de treinta y cinco palos jugando más de treinta minutos y una prórroga. Plan perfecto, “que Gasol nos meta 25, pero que los demás no anoten”. Casi funciona, hasta que Pau decidió que no metería 25 sino 30, y luego, cuando llevaba treinta decidió subir hasta 40. Y si su equipo hubiese necesitado 50 seguramente también los habría conseguido. Sin problema.

El momento Gasol ha llegado, ésta es su versión definitiva. El día en el que por fin exprimió el limón hasta destrozarlo. Una exhibición que será recordada durante mucho tiempo, una demostración de un líder hecho a base de talento que vamos a echar mucho mucho de menos cuando no esté. Gracias Pau, muchas gracias.

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