Los chicos de oro

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A principio de cada temporada en la NBA, casi todo el mundo suele hacer sus pronósticos, en los que se suceden un gran número de lugares comunes. Los primeros tres o cuatro candidatos tienden a ser los mismos para todos, porque en gran medida pronosticamos hacia el pasado, hacia lo sucedido en la temporada anterior. Así, del Oeste los grandes favoritos de casi todos eran San Antonio, Oklahoma y Clippers, porque fueron los 3 que más solvencia demostraron en 2014.

La dificultad reside, más que otra cosa, en la imposibilidad de prever lesiones (más importantes, como Durant y Westbrook , o menos notorias pero igualmente determinantes, como Splitter y Patty Mills). Pero de vez en cuando, sucede que un equipo hace “click”, y se cuela de invitado sorpresa. Lo cual nos lleva a los Golden State Warriors

El equipo de la Bahía (de momento en Oakland, pero a punto de cambiar de vecindario al otro lado del puente, hasta San Francisco), ha sorprendido a muchos. Ya el año pasado se le tenía por un buen equipo, pero con cierta fragilidad de banquillo y un exceso de inexperiencia que impedía ponerlo a la altura de los grandes cocos como Spurs y Thunders. Sin embargo tras una temporada poco satisfactoria, el dueño del equipo, Joe Lacob, decidió despedir a Mark Jackson. Criticada fue en su momento dicha decisión, en particular por los medios de tirada nacional USA (como ESPN) donde Mark Jackson despertaba grandes simpatías, entre otras cosas por su trabajo como comentarista con ellos. Parecía poco comprensible además prescindir del técnico que había transformado al equipo de un visitante asegurado a la jornada de lotería del Draft, a un equipo de Playoff sólido.

Sin embargo, Mark Jackson había empezado a ser  un problema. En palabras de Lacob, “no puedes llevarte mal con 200 personas de tu trabajo”. Jackson, reverendo, tiene una personalidad peculiar, que choca frontalmente con algunas formas de ver la vida. Es sabido por ejemplo que Bogut (ateo) no llevaba particularmente bien las sesiones de Capilla, parte integrante del “hacer grupo” con Jackson. Además, en el último año Jackson se encerró bastante sobre sí mismo y su grupo personal de asistentes, llegando a espiar a los que no eran de su “círculo interno”. Uno de los asistentes de Mark, Darren Erman, fue separado del equipo por grabar conversaciones a otro de los asistentes del equipo, la mamba blanca Scalabrine, a quien a su vez Jackson había echado de sus labores con el equipo. Las razones de esa conducta, probablemente tienen que ver con cierta inseguridad de Jackson en el apartado técnico. Durante todo 2012 y 2013, las temporadas anteriores, circulaban por internet chascarrillos acerca del hecho de que Jackson no tocaba una pizarra de dibujar jugadas en los tiempos muertos. En algunos ámbitos, se achacaba el aspecto técnico a Mike Malone, el premiado como asistente del año por los  GM, y actual entrenador de los Sacramento Kings, mientras que Mark Jackson ejercía más de líder y motivador.

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Mark Jackson, despedido con cierta polémica

Tuviese mayor o menor grado de verdad, lo único cierto es que en la temporada 2014, ya sin Mike Malone de asistente, Jackson empezó a tener problemas con sus técnicos de apoyo, y el equipo, lejos de crecer, se estancó. Hablando específicamente del aspecto táctico, los Warriors tenían una tendencia exagerada a caer en los aclarados al poste y las jugadas 1vs1, algo que denota a las claras el hecho de que fue el equipo que menos pases daba (fuesen asistencia o no), dato que sabemos gracias a las nuevas cámaras SportVU que registran 24 veces por segundo todo lo que pasa en una cancha de la NBA. Quizás influenciado por su propia forma de jugar (Jackson era un maestro en jugar desde el poste, probablemente  uno de los mejores de todos los tiempos en la posición de base en esa suerte en el juego), los Warriors caían frecuentemente en la trampa de intentar explotar una desventaja del contrario en un emparejamiento. Eso, que en principio es lógico, tiene sus inconvenientes llevado al extremo. Golden State a menudo dejaba de lado tácticas que les resultaban más efectivas (basadas en correr, en la puntería de los “Splash Brothers”, y en la capacidad de generar con balón desde distintas posiciones, con Iguodala y Curry sirviendo ambos como inicio de la jugada), a cambio de atacar un aclarado uno contra uno en el poste contra un jugador con un defensor más bajo. Eso a menudo llevaba a un exceso de aclarados para Klay Thompson (un escolta muy alto, frecuentemente más que su par), quien no posee las herramientas necesarias para convertir dicha diferencia de altura en una ventaja que se refleje en el marcador. O peor aún, para Jordan Crawford (hoy jugador del Xiangjiang Flying Tigers), si éste tenía ventaja de altura.

Lo cual nos lleva a la actualidad, y a la más grata sorpresa de este año en los banquillos, Steve Kerr. El ex-jugador de Chicago Bulls y San Antonio Spurs y ex-ejecutivo de los Suns de D’antoni, es  un hombre que ha trabajado con gente de la talla de Phil Jackson y Popovich, y con un técnico como Mike D’antoni, a menudo vilipendiado por sus múltiples errores de gestión de personal, pero que ha sido de los más influyentes en el juego moderno, con el indiscutible peso de los Suns de “seven seconds or less” en la tendencia actual al “pace and space”, el jugar con ritmo, abierto, encontrando jugadores en movimiento y usando un alero como “4 abierto” (Marion) que ahora está de moda pero que era una innovación en su día.

Steve Kerr, el hombre del momento

Steve Kerr, el hombre del momento

Kerr es la antítesis de Mark Jackson. Quizás por diferencia de carácter, quizás por esfuerzo intencionado en separarse de su antecesor, Kerr ha sustituido las escuchas y los juegos de espías con los ayudantes que no son de su camarilla por un sistema de total confianza entre ellos. Allí donde Jackson era reacio a otorgar protagonismo a sus secundarios, Kerr se descuelga con declaraciones que otorgan el mérito de una jugada preparada en un tiro ganador a final de partido a Alvin Gentry, su actual segundo. Allí donde la relación con Bogut era distante para el reverendo, no hay más que afecto con Kerr, de quien el australiano ha dicho, en clara alusión al anterior, que “El entrenador Kerr va más directo al asunto -ésto es lo que hay que hacer para ganar-, con menos ‘rah, rah, rah’ para motivar”. Allí donde Mark Jackson era reacio a abandonar el esquema tradicional y adaptarse al small-ball, Kerr abraza a Draymond Green como si fuera su Shawn Marion particular de la época de los Suns de Nash y D’antoni. Allí donde Jackson jugaba más en media pista, Kerr da a los suyos total libertad para correr y tirar en transición, adaptándose como un guante a las condiciones de la plantilla.

Una vez puestos en antecedentes, pasemos a analizar la obra de arte que son unos Warriors que han ganado el 90% de los partidos que han jugado hasta la fecha (18-2), un ritmo infernal que si fuese sostenible rompería todos los registros históricos. Empezando por la defensa, que ya era muy buena el año anterior (4ª mejor en Rating defensivo, una medida  de los puntos encajados por cada 100 posesiones), pero que este año es simplemente sofocante (y 1ª en ese rating). Una mayor intensidad de Curry al defender al hombre del balón, y el sustituir a un defensor sub-estándar como David Lee por un hombre hiperactivo e hiperatlético como Draymond Green son probablemente las dos causas principales de la mejora. A lo que hay que añadir unos quintetos más compensados, con Harrison Barnes más involucrado como titular, y un profesional intachable como Iguodala aceptando sin reservas fortalecer el banquillo. Shaun Livingston también es mejor defensor que la mayoría de los muchos bases suplentes que pulularon el año pasado por la segunda unidad de los chicos de la Bahía. Pero también hay un cambio en estrategia defensiva. Golden State cuenta con muchos defensores atléticos, largos de brazos y rápidos de pies, capaces de defender 3 y hasta 4 posiciones con solvencia. Klay Thompson, Harrison Barnes, Iguodala, Draymond Green y Shaun Livingston tienen la altura, velocidad, fuerza y envergadura suficientes como para poder cambiar en muchos bloqueos y continuaciones, emparejándose indistintamente con el que pone la pantalla o con quien porta el balón. Unido a eso, un Bogut inconmensurable, una torre enorme repleta de experiencia en las “labores de fontanería” que emplea su altura y la regla de verticalidad que tan de moda puso Roy Hibbert recientemente para confrontar todos los tiros cercanos a su aro. Popularizado por los Celtics de Bill Russell, el viejo dicho de que “el ataque gana partidos, la defensa gana campeonatos” debería hacer sentirse cómodos a los seguidores del Estado Dorado, porque nadie ha defendido mejor en los primeros 20 partidos de esta liga regular.

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Bogut, jugador con oficio en defensa.

Sin embargo, puesto que la defensa ya era buena, es en el ataque donde se ve más expectativa de mejora. Pese a tener algunos problemas  todavía en el acople del nuevo sistema (dato que se ve puesto de relieve en el gran número de pérdidas de balón),  el ataque de Warriors ha pasado de ser el 12º al 8º, y en ascenso (es el 7º mejor de los últimos 10 partidos, el 4º mejor de los últimos 4 partidos). Cualquiera que sea el baremo que se use para medirlo, este equipo puntúa notablemente bien. Es el equipo con más “Pace” (ritmo de juego) de la liga. Es el 3º en % de tiros de campo,  2º en tiros de campo efectivos (que contabiliza el valor extra de los triples), 2º en Asistencias (el mayor y más notable cambio con el año pasado). También es primero en el valor tradicionalmente más predictivo de cara al futuro desempeño de un equipo, el Margen de Victoria.

Golden State basa su dominio en anotar muchos puntos en transición, ya sea desde el contraataque directo, proporcionado por una pérdida de balón provocada o un rebote defensivo, generados en abundancia por el hecho de que dejan al contrario en un % de tiro menor que ningún otro equipo, o ya sea desde la semi-transición, jugadas de ataque rápido que se resuelven en los primeros segundos de reloj, cuando las defensas aún no están situadas correctamente y los emparejamientos distan de ser perfectos. En eso, cuentan con probablemente el arma más peligrosa de la NBA en transición rápida, un Stephen Curry que puede venir en carrera, parar en el espacio de un ladrillo, y soltar el brazo con la técnica de tiro más rápida que conoce el baloncesto y un rango de tiro que va de Oakland a San Francisco, poseyendo además una privilegiada capacidad para encontrar al compañero abierto en caso de que la defensa trate de sobrecompensar sobre él. Una plétora de compañeros capaces de anotar un triple en carrera si Curry les alimenta con el balón, redondea la perfección de este equipo en ese tipo de ataque, probablemente con raíces en la época Suns de Kerr. Sin embargo, cuando no es posible correr, el equipo no se desespera. Un rápido y fluido movimiento de balón, inspirado quizás en la “motion offense” de Popovich, permite encontrar muchas opciones en “pick and pop” (bloqueo y apertura para lanzar), penetraciones para Klay Thompson y Steph Curry, y oportunidades libres de marca para todos los demás. Bogut, infrautilizado en ataque en la anterior etapa, es una parte fundamental de la ofensiva incluso si no anota. Funciona como “poste repetidor”, un hombre alto con capacidad de pase que permite redistribuir la bola entre los pequeños mientras estos, sin la responsabilidad de botarla durante unos segundos, vuelan por todo el perímetro, pasando bloqueos indirectos hasta que alguien encuentra un sitio libre para lanzar o un pasillo despejado para entrar a canasta. El banquillo, el año pasado punto débil del equipo, también ha mejorado notablemente, al pasar Iguodala a liderarlo, con la mejora en el puesto de base reserva (Livingston), y la explosión de un Maresse Speights que levanta jocosos comentarios sobre el verdadero MVP del equipo, tal es su determinane aparición en limitados minutos. El hecho de que probablemente David Lee quede relegado al banquillo en su regreso, visto el rendimiento de Draymond Green en ambos lados de la pista, no hace sino presagiar que el banquillo será (aún más) dominante. La progresiva disminución del todavía alto número de pérdidas añadirá precisión a un ataque ya peligroso, y eso, sustentado en una defensa prodigiosa, convierte a Golden State en lo que vemos: un “juggernaut” que ha ganado el 90% de sus partidos con un margen promedio de más de 10 puntos de diferencia.

El arma más peligrosa de la NBA

El arma más peligrosa de la NBA

No todo es color de rosas, por supuesto. La salud de Bogut, unido a su importancia capital a la hora de defender el aro, implica que en cualquier momento el equipo podría descarrilar. En particular, si sucede durante los Playoff.  Pero, a tenor de lo visto hasta ahora, y si ninguna catástrofe sucede, estamos contemplando al mejor equipo de la NBA en esta temporada 2014-15. Llegará el día, seguramente, en que Spurs termine de recuperar sus bajas, Oklahoma afine el retorno de sus cracks, y quizás otros, como Memphis, Houston o Clippers puedan atacar también el trono. De momento, y mientras eso no pase, Warriors es la cima de la cadena evolutiva. El mejor equipo de todos.

Quizás estemos ante el nacimiento de una Edad de Oro, quizás no. Pero conviene no perder de vista a este equipo. Porque puede que si lo hacemos,  nos arrepintamos en un futuro.