Los valores del Atlético de Madrid de Simeone

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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

Los valores del Atlético de Madrid de Simeone

Me vino a la cabeza justo el martes, mientras el Atlético batallaba contra el PSV en el Vicente Calderón, jugando a lo que toda la vida ha sido este deporte, jugando a ser un grande criado no entre algodones, sino a palos: que bonito es ser hoy del Atlético de Madrid.

Cuando las cosas se hacen bien tarde o temprano uno recoge sus frutos y este Atleti del Cholo tiene toda la pinta de que ya está preparado para la cosecha. Un ciclo precioso, repleto de batallas épicas y mucho sudor desparramado por el verde, teñido de garra, broncas, cambios de cromos y una lucha contracorriente con el que a uno le resulta muy fácil identificarse. Un equipo de hombres, como le gusta decir a su entrenador, de soldados, aguerridos y pendencieros. Como debe de ser. Como eran aquellos equipos de botas negras y uniformes inmaculados que un día sí y otro también corrían entre el barro haciendo lo que más les gustaba: ganar. Ganar, ganar y ganar, como diría el Sabio, que siempre lo tuvo muy claro.

A esto se juega de muchas maneras. Se puede ser práctico e inteligente como suele ser tradicionalmente la Juventus desde que Marcello Lippi dejó su sello, se puede ganar siendo indolente, gozando y haciendo gozar, como Romario o Djalminha, y se puede alcanzar la excelencia con el fútbol “culto” del F.C. Barcelona de Guardiola.

Se puede ser de todo y hacerlo todo bien, pero si tuviera que elegir una forma de ganar no podría elegir otra que no fuese la del Atlético de Madrid, la de este Atlético. Porque en esencia el fútbol es eso: correr todo lo que puedas hacia arriba para atacar y perder el culo bajando a defender, pelear cada balón hasta hacerlo tuyo y molestar al rival mientras lo tenga.

Los valores del Atlético de Madrid de Simeone

Juanfran, jugador que dio el pase al Atleti en la tanda de penalties ante el PSV. Fuente: toigoradio.com

El fútbol con el tiempo fue mutando en algo raro, distinto a como siempre me lo contaron, a como aprendí que era. Todo se complicó, llegó la estadística, las vallas en los entrenamientos, la posesión de balón, twitter. La innovación acabó actuando como accesorio y lo accesorio se comió a lo esencial, hasta el punto de llegar a olvidar que lo verdaderamente importante se resumía en algo tan simple como introducir una esfera de cuero en una portería más veces que el equipo rival. Nada más. En esencia no importa si éste ha costado 120 millones, da igual si aquel se pasea por su barrio con pantalones fluorescentes o si a aquel le gustan las pelirrojas con los ojos color turquesa. En realidad todo eso no es más que fango, pienso para gorrinos, un inútil chapoteo de anécdotas convertidas en algo que, por mucho que se esfuercen, no puede sustituír al balón. O al menos no debería. Uno piensa que le ha tocado vivir una época que no es la suya, que la evolución no es sino una involución, que los valores que apreciaba y por los que se enamoró de este deporte yacen dormidos, invisibles. Y en medio de todo aparece el Atlético, devolviendo de un chispazo toda la fe que podría haber perdido por el camino. O lo que es peor, siendo la excepción que confirma la regla, esa excepción que de no existir sepultaría todo.

El Atlético nos recuerda a todos que en ocasiones el hombre puede lograr cosas extraordinarias, aunque eso requiera un esfuerzo que no muchos estén dispuestos a aguantar, nos dice que somos frágiles de uno en uno y podemos ser temibles en manada, que todo es inalcanzable hasta que lo tienes delante de tus narices. Cuando hablo de valores no me refiero al fair play, ni a poner la otra mejilla, tampoco a practicar un juego que agrade al espectador ni tiene que ver con no pegar patadas. Todo eso es para los santos y para los que se lo pueden permitir, para la jet set de un fútbol cada vez más cursi y remilgado. Que no digo que esté mal, pero no voy por ahí. Mi atención se dirige a los que tienen que bordear la ley para poder tener lo mismo que los ricos de cuna, para los ratones que han tenido que escarbar en la basura durante años antes de morir felices y gordos, para los vendedores ambulantes que ni siquiera se plantean renovar el stock porque no pueden permitirse comprar más. Unos valores que tienen que ver con poner toda el alma al servicio de una camiseta, en honrarla durante cada día en el campo de entrenamiento y en defenderla con el único objetivo de ganar. De nuevo ganar, que nadie se olvide. Ganando se sobrevive, ganando se crece.

Los valores del Atlético de Madrid de Simeone

Diego Pablo Simeone, el entrenador que ha devuelto al Atlético de Madrid a la élite del fútbol. Fuente: www.insidespanishfootball.com

El discurso de Simeone no es aristotélico, vaya. El argentino no quiere ser Guardiola, no quiere inventar ni reinventar nada, y además no le importa reconocerlo. Su grandeza está en la sencillez, en tener lo que hay que tener para hacernos recordar a todos que el fútbol puede ser tan hermoso como simple, tan bruto y tan bello a la vez. Desde la antipatía para con lo ajeno y desde la cercanía con los de su grupo, esforzándose por convencer sólo a los amigos y dejar en evidencia a los enemigos, el Cholo ha sabido encender de nuevo la llama del Atlético de Madrid, hacer creer a los suyos (y a los que no son suyos) de que con esfuerzo las cosas pueden hacerse. Habla para los que le quieren escuchar, no tiene miedo a no agradar. Y eso, en este fútbol tan mediatizado, le honra.

El pasado martes el Atleti jugó mal: no pudo tener el control del partido en ningún momento, cedió alguna que otra ocasión en su área y aunque se desplegó bien en ataque no acabó de arrollar al PSV. Sin embargo dio todo lo que pudo, corrió hasta la extenuación y ganó la mayoría de los balones divididos, se empleó a fondo y logró una comunión envidiable entre el equipo y la grada. Una vez más. Honraron la camiseta más allá del porcentaje de pases acertados, más allá de la posesión de balón y más allá de las paredes exitosas entre el extremo y el lateral. Jugó con honestidad, con valor, respetando la esencia de este deporte y la propia esencia del escudo que llevaban en el pecho. Todo en medio de un fútbol hipócrita hasta decir basta que confunde la precisión con la belleza y la intensidad con la ordinariez. El Atleti va al límite, sí, porque es lo único que puede separarles de la mediocridad, porque cuando uno tiene que hacer el doble para conseguir la mitad no se para a mirar el GPS, simplemente conduce, conduce, conduce. Y yo me pregunto, ¿qué valores puede haber mejores que esos?