Objetivo: salvar a los New York Knicks

Cuando una población, un reducto de gente, unidos bajo un motivo (sea cual sea) se empieza a acostumbrar al fracaso o a ver como se consuma un fracaso, la sensación es de indiferencia. Cuando el fracaso es continuado y prologando en el tiempo, la sensación no pasa más allá de un sonido de desesperación exhalado con un »en fin» como coletilla final. Como resumen final y último del sentimiento interior de cada uno. Y algo así deben de sentir los aficionados ‘knickerbockers’ en esta nueva temporada que ha dado comienzo casi ya un mes atrás.

Acostumbrados a volver a ver caer el mismo castillo, de proyecciones mentales altísimas y de cimientos reales débiles cual gelatina,  sin que nadie ponga rumbo o algo de cordura para que por fin, sea pronto o tarde, los cimientos empiecen a ser tan consistentes como se espera para soportar el peso de una franquicia histórica como la newyorkina y de ahí empezar a volver a ser lo que algún día fueron. Pero va a tocar seguir esperando. Porque, otra vez, otro año más, a los aficionados al baloncesto de ‘La Gran Manzana’ les toca mascar piedras en forma de derrotas.

Una afición acostumbrada al fracaso

Pero la dentadura de los seguidores está ya fortalecida para aguantar las ochenta y dos piedras que les brinda en forma de regalo (vaya regalo, todo sea dicho) la NBA de nuevo. Porque ver perder la temporada anterior a su equipo venía medio endulzado con la posibilidad de hacerse con Zion Williamson. Pero ni esas pequeñas cosas que marcan la diferencia, les están saliendo bien.

El sofrito de piedras de la temporada 18/19 sirvió para ver viajar camino de New Orleans a su nueva esperanza. A cambio, no todo iba a ser malo, llegaba para hacerles mucho más llevadero el mal trago RJ Barrett al Madison Square Garden. Que no era el primer deseo, pero sí el segundo. Podía haber sido peor, como sí lo fue la agencia libre de verano. Ni Kyrie, ni Durant, ni un agente libre de renombre y cartel de estrella. A cambio, Julius Randle, Marcus Morris, Wayne Ellington o Taj Gibson. Reto para las dentaduras ‘knicks’.

RJ Barrett y Zion Williamson en los Duke Blue Devils
RJ Barrett y Zion Williamson se saludan durante su etapa en Duke. Imagen cedida por Keenan Hairston.

Un inicio de temporada nefasto

El verano no fue bueno. Muy por debajo de las expectativas y con unos jugadores que no apasionaban mucho a la parroquia newyorkina. Y el inicio de la temporada no ha hecho más que rematar y confirmar las predicciones tras los movimientos del mercado estival. En los primeros diez partidos, un balance de 2 victorias y 8 derrotas, acompañadas y aderezadas con una sensación de caos, falta de sentido de juego y una desorganización terrible. No se sabe quién es el líder sobre la cancha ni para el entrenador. No se está apostando por el desarrollo del núcleo joven ni por la creación de un estilo de juego. Y lo que es peor, se sigue perdiendo.

Los problemas para David Fizdale crecen por segundos. La falta de asignación de roles definidos, de un plan de juego y de desarrollo de los jóvenes a seguir, así como la designación de quién debe llevar las riendas del equipo sobre la cancha, son varios de los debes que tiene que corregir en el menor tiempo posible si no quiere ver como su puesto en el banquillo es ocupado por otro. Porque todo ello está llevando al caos. Cuando Julius Randle salta a la cancha toma las riendas del equipo de manera nefasta, su aportación y contribución es muy baja, así como su egoísmo en la toma de decisiones.

Algo que está empezando a afectar a Barrett, la joven estrella y futuro líder de la franquicia. Cuando el ex de los Pelicans sube la pelota, RJ está casi hasta aislándose de la jugada, sabiendo que no llegará en muchas ocasiones hasta él la pelota.

Un problema general

Y estos problemas están repercutiendo en el equipo entero. La anarquía tanto en el juego como en los roles propuesta desde el banquillo, tiene a los Knicks en unos datos generales que son de auténtica pena. Son el peor equipo de la liga en ‘Rating Ofensivo’ con 100.3 puntos, el peor equipo en el porcentaje de tiro de dos puntos con un 44.8% de acierto. Además, siendo el noveno equipo que más tiros intenta por partido con 56.3 por encuentro. Y los problemas en el lanzamiento no quedan ahí. Su eFG% es el peor de la liga con un bajo 41.7% de acierto. Pero no solo en el tiro residen todos los problemas de los de Nueva York.

En el ritmo (Pace) y en el movimiento de pelota se encuentran también otros de los puntos a mejorar. Porque los de Fizdale son el tercer equipo con el ritmo de juego más lento de la NBA con 98.9 posesiones. Además, sus problemas en el movimiento de la pelota son graves, reparten tan solo 19.6 asistencias por partido, siendo el tercer peor equipo en dicha estadística. Mal movimiento de balón, mala selección y acierto en los tiros sumado a toda la anarquía propuesta, han llevado a los Knicks hasta el último puesto de la clasificación general.

Expediente Robinson

Si tuviésemos que resaltar a un jugador que está viviendo una situación atípica, ese es Mitchell Robinson. El joven interior fue una de las grandes noticias de la temporada pasada en el equipo. Su temporada fue muy buena para los minutos que disputaba. Y su proyección a futuro mejor aún. Con él los Knicks, en la 18/19, era 4.6 puntos mejores, ademas de firmar un Off Rtg de 140 puntos. Una barbaridad.

Pero en esta nueva temporada el rol, si se puede llamar así, que le ha otorgado Fizdale le ha relegado a un segundo plano total. En una campaña donde el pívot debería haber empezado a confirmarse como uno de los pilares de la franquicia, su papel ha quedado relegado a un jugador de segunda unidad. Aunque, eso sí, cuando sale sigue cumpliendo igual. En los 17.6 minutos de media que dispone firma unos registros de 9.6 puntos, 6 rebotes y 1.9 tapones (máximo de su equipo). Unos datos que si los ampliamos a una producción a 36 minutos darían unos registros de 19.6 puntos, 12.3 rebotes y 3.8 tapones. Datos de jugador estrella de la liga. Pero no para los entrenadores…

Mala gestión de la plantilla

Porque la situación del equipo es muy grave para el poco tiempo que llevamos. La mala gestión desde el banquillo tiene a un equipo con buenos brotes jóvenes sobre los que cimentar perdido en la nada. Si el plan propuesto es volcar sus esperanzas en jugador como Randle o Morris a cambio de desaprovechar a jugadores como Mitchell Robinson, Kevin Knox o Ntilikina y de empezar a desesperar a RJ Barrett, el asunto es grave. Pan (poco) para hoy y hambre para mañana.

Los problemas son graves y de no atajarlos a tiempo pueden suponer una temporada sumida en derrotas y palos de ciego. Aún se esta a tiempo de que la temporada sirva como punto de partida para el futuro con tanto joven jugador.

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