La oportunidad merecida de “El Chacho”

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Angel Herrera Revilla

No entiendo la vida sin deporte. Éso si, siempre para disfrutar (si es sufriendo mejor). De los Sixers desde pequeñito y ahí seguimos. BALONCESTO.

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Primero de todo debo confesar que que soy seguidor del Barça, de ésos que se alegran de cada victoria del F.C. Barcelona ya sea fútbol, balonmano, hockey patines… y hasta petanca si existiera. También soy de ésos que, cuando el Real Madrid pierde, el día es mucho mejor. Llamadme fanático, pero seres como yo existen en el mundo, o éso percibo en bares y estadios.

Dicho ésto y siendo tan del Barça como soy, puedo reconocer y reconozco que cuando tenía la oportunidad de ver jugar al Real Madrid de baloncesto en estos últimos cinco años, me he zampado casi tantos partidos de los blancos como de mi propio equipo.

Son historia del baloncesto español.

El Madrid de Pablo Laso, historia del baloncesto español.

Y muchas de esas ocasiones eran simplemente por ver a “El Chacho”. Él cumplía día sí y día también con mis expectativas a la hora de ver un partido de basket: entretenimiento. Y ya que estamos de confesiones, aprovecho para reconocer que también me quedaba por ver a Llull y su inspiración infinita (cuando a él le apetece), Felipe Reyes y sus huevos (no fallan un día a la cita), los estilizados lanzamientos de Jaycee Carroll… ¿había afirmado que soy seguidor del Barça?

Jugadores tan espectaculares y ejemplares como los citados anteriormente, hacen que en mi caso el baloncesto esté por delante de colores y forofismos. Gracias a ellos sé que lo que de verdad me tiene enganchado es el basket, porque yo he disfrutado y mucho viendo jugar a su Real Madrid. Han bordado la excelencia durante muchos tramos de campeonato y durante varias campañas consecutivas (no puedo olvidarme de Nikola Mirotić y su insultante superioridad en Europa).

Mirotic, Llull, Carroll y "El Chacho" (de izq a derecha)

Mirotic, Llull, Carroll y “El Chacho” (de izq a derecha)

Eso sí, nunca me he alegrado de que ganen. Ni campeonatos, partidos… ni siquiera cuartos. Pero me han hecho ver y de forma muy nítida que el baloncesto es lo que verdaderamente me gusta.

Y en parte debo agradecérselo a él, a Sergio Rodríguez Gómez, base tinerfeño que a los treinta años vuelve a la mejor liga de baloncesto del mundo, su liga.

Liga, la NBA, en la que no fue reconocido (en minutos) como su calidad merecía. Y por si ésto fuera poco, vuelve a mi otro equipo, los Philadelphia 76ers. Está claro que la jugada no puede haberme salido más redonda.

Sergio Rodríguez, nuevo base de los Philadelphia 76ers

Sergio Rodríguez, nuevo base de los Philadelphia 76ers

Intuyo que el show diario al que nos tenía acostumbrados en Europa no podrá ofrecerlo allí en la misma dosis, es comprensible. Su minutaje será reducido, pero suficiente para él. Ya ha desempeñado aquí en Madrid el papel de salir desde el banquillo y revolucionar el partido al instante. Está preparado para ello. En el Real Madrid la competencia era elevada, así que no se va a encontrar nada que no haya vivido antes.

Entiendo que partirá desde el banco, lo cual no supone un hándicap. Con toda la magia que generan sus manos, hará las delicias de los aficionados estadounidenses y volverán a recordar un nombre que nunca deberían haber olvidado. Los 20 minutos por encuentro los tiene prácticamente asegurados.

El Chacho disfrutando de Philly junto a su familia

El Chacho disfrutando de Philly junto a su familia

A sus 30 años, llega en un momento de madurez pleno a nivel profesional y personal, algo imprescindible para tener un impacto inmediato en la NBA. Es por ello, por lo que no podemos esperar de él otra cosa que no sea seguir haciéndonos disfrutar como lleva haciéndolo desde aquel quinto partido de la Final del Playoff de la liga ACB en el año 2004, donde un jovencito base descarado que cumplía 18 años debutó con la camiseta de Estudiantes en el Palau Blaugrana.

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“El Chacho” es uno de esos jugadores a los que las estadísticas no hacen justicia, son completamente irrelevantes en su caso. Su forma de jugar y hacer jugar es su mejor aval, haciendo que su estrafalaria barba quede en un segundo plano.

Dejando a un lado sus asegurados highlights, Sergio aportará al conjunto de Pennsylvania una serie de habilidades muy del gusto de su nuevo entrenador, Brett Brown. Encaja perfectamente en el tipo de baloncesto que quiere practicar, de cortas posesiones y mucho ritmo en ataque.

A nivel colectivo, su irrupción en pista desde la segunda unidad elevará el ritmo de los partidos de forma inmediata. El ritmo frenético que imprime a los partidos generalmente satura a los rivales de tal forma que inevitablemente les conduce al colapso.

En el momento que se haga con la posesión del balón tras rebote o canasta se encargará de lanzar la ofensiva, y es ahí donde sobresale gracias a su endiablada velocidad, y su excelente manejo del balón, al que hay que sumar el inmenso talento innato que tiene para la generación de ventajas a través del pase, y su excelente visión de juego. Se va a cansar a ofrecer alley-oops a sus compañeros. La mayor parte de sus puntos vendrán de aprovechar los bloqueos directos y su buen lanzamiento exterior.

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Será en defensa donde más va a sufrir y lo sabe. Por ello va a tener que trabajar muy bien físicamente. Tendrá que administrar correctamente los esfuerzos para rendir al máximo nivel el tiempo que esté en cancha y sin forzar más de lo habitual para esquivar posibles lesiones. El ritmo allí es de locos.

Así pues, en Philadelphia ya le espera el entrenador Brown (un apasionado del juego alegre del tinerfeño) y su nuevo equipo plagado de jóvenes prometedores con los que casará a la perfección dentro de la pista.

Llega a una franquicia que ya ha pasado lo peor y ahora lo que toca es disfrutar. Sea por el año que ha firmado o por más tiempo, tanto jugador como equipo deben aprovechar el momento. Uno para resarcirse de su pasado y los Sixers aprovechando la calidad y experiencia de Sergio.

Sergio junto a la mascota de los Sixers, Franklin

Sergio junto a la mascota de los Sixers, Franklin

Por fin el espectáculo de “El Chacho” vuelve a su franja horaria. De madrugada, no apto para todos públicos. Es mejor que los críos no vean determinado contenido hasta una edad prudente en la que sean conscientes de sus limitaciones. Intentar lo que hace el Chacho en la pista no está al alcance de muchos, no creo que sea instructivo para ellos.

Ahora le toca ser reconocido en la cancha tanto o más como sí le han sabido reconocer en los despachos de Philadelphia. Y todo ello de forma merecida, porque su talento merece esta segunda oportunidad.