Pep deshoja la margarita ¿rumbo a la Premier?

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Es agosto del 2015 y parece que se confirma el eterno rumor sobre el desembarco de Guardiola en Manchester. El ciclo de Pep en el Bayern está cerca de finalizar, como indica su contrato. Las diferencias en el club bávaro entre los miembros del staff y la directiva son un escollo demasiado grande para que el de Santpedor pueda reconsiderar su partida.

El técnico catalán firmó en aquellas navidades neoyorkinas por un club que esperaba algo más que ganar -aunque en ese momento ni se imaginarían que Jupp conseguiría el triplete después de dos años a la sombra del Dortmund de Klopp-. Anhelaban ser el epicentro futbolístico, situar la Bundesliga en un status mediático superior a través de la contratación del entrenador más famoso del mundo, con permiso de Mourinho y la retirada de Ferguson. Los focos giraron hacia Alemania. El seguimiento se multiplicó y la repercusión influyó en el atractivo de esa competición para los futbolistas europeos. Los cimientos de Raúl se consagraron en este momento. Han dejado de ser el baúl dónde se guardaban futbolistas que habían pasado ya su cima en busca de retiros dorados al estilo de la Mayor League Soccer americana, ahora llegan cracks de todos los niveles y edades tanto como son capaces de mantener a su élite ante los cantos de sirena de los mejores equipos de Europa. Véase Reus, Hummels, Gundogan (estos sin participar en la Champions y con supercontratos sobre su escritorio), Bruyne, Xhaka, Lewandowski, Klopp,…

La llegada de una figura de esas dimensiones tiene un impacto decisivo y también una exigencia todavía mayor, si cabe, sobre su persona. El inesperado extraordinario rendimiento del Bayern de Heynckes marcará definitivamente la estancia de Pep, la sombra de un entrenador alemán que lo ha ganado todo con un estilo empapado por la idiosincrasia bávara. El desafío era imponente, en enero se celebraba su contratación como un título, pero en junio, obviamente, la euforia era distinta. Aún no había pisado el césped y la disyuntiva ya estaba en el aire.

Pep Bayern

Pep en el Bayern

Los primeros pasos fueron en falso. La derrota frente al Dortmund en la supercopa y la llegada de Goetze en vez de otras peticiones marcaron el inicio de las discrepancias.  Dicen que las críticas se relajaban al constatar la tremenda (incluso obsesiva) dedicación del catalán. Levantó la Supercopa de Europa contra su archienemigo y al alcanzar velocidad de crucero pasaron como un vendaval por la Bundesliga con números históricos y récords para los amantes de las estadísticas, además de llevarse por delante la Copa Intercontinental. El problema llegó en abril y la fatídica semifinal contra el Real Madrid. El equipo ya había dado graves síntomas de bajón drástico de rendimiento tras la consecución de la liga en marzo que se manifestaron claramente en la vuelta en el Allianz Arena. El resultado casi destroza al mito. La némesis madridista se había esfumado. Pocas semanas después se repondría alzando la Copa, pero el mal ya estaba dentro, la DUDA había calado hondo. Solamente a un entrenador del nivel de Guardiola se le puede cuestionar tras una temporada como esa. Un partido, 90 minutos, uno de tantos, no. Esa aciaga noche perseguirá incansable a su leyenda.

Surge entonces la cuestión. Se supone que habían contratado a Pep para integrar la propuesta futbolística más vanguardista del momento porque además de ser atractiva conseguía resultados, no nos engañemos. Esto conllevaba una cierta pérdida de identidad de club que sí presumían los anteriores proyectos muniqueses; aunque nunca llevó el juego de posición al extremo de su Barcelona sí renunciaba a tantas cabalgadas made in Deutschland. Grosso modo se resumía así la discrepancia sobre su ideario y el encaje en una cultura tan arraigada y orgullosa de sus matices. Por mucho que hablara en alemán nunca sería Uno de los nuestros.

La segunda temporada vino marcada por los conflictos con parte del staff médico y las innumerables lesiones que lastraron inevitablemente la posibilidad de aspirar a cotas mayores. Ribery, Robben, Alaba, Badstuber, Thiago, Javi Martínez,… Volvieron a pasearse por la competición doméstica, pero esta vez la Copa, en un controvertido partido de semifinales contra el moribundo Dortmund se les escapó la opción de reeditarla en la tanda de penaltis. En Champions, tras varias exhibiciones y algún tropiezo se volvió a plantar en semifinales. Esta vez sería su amado Barcelona el que le apearía de la final de Berlín. Una derrota menos dolorosa que la anterior y con mayor justificación dado el nivel sus bajas. El Bayern es un club con un entorno muy particular en el que se considera a demasiadas personas como voces autorizadas y la mayoría no se caracterizan por la cautela (Rummenigge, Kahn, Beckenbauer,..). Si a ello lo combinamos con la negativa del técnico a tratar la renovación de su contrato obtenemos un órdago sobre el corazón del orgullo bávaro de proporciones épicas. Mientras Klopp se encuentra fumando un puro bajo el porche con la escopeta apoyada en su mecedora.

Al inicio de esta tercera temporada parece que se le ha concedido el poder demandado y tendrá mayor protagonismo tanto en la secretaría técnica como en otras parcelas más cercanas al campo e imprescindibles para desarrollar su metodología. Será su Bayern más Pep, por sus palabras sabemos que los otros no los consideraba todavía “suyos”. De ahí que aparezcan tantas declaraciones sobre el abandono de la germanidad del club y el miedo a que se hable en español en vez de alemán dentro de sus instalaciones. Si muere que sea con las botas puestas. El capítulo más reciente es la incorporación del díscolo Arturo Vidal, quien antes de irse a la Juventus renegó del Bayern desatando la ira de Rummenigge y Hoeness. La cuerda se tensa cada día y desde la marcha de Bastian Schweinsteiger se distancian irremediablemente. Quizás no se haya oficializado su despedida por lo contraproducente que podría resultar para su trabajo y, en extensión, para el devenir del club. Txiki, Soriano y el jeque esperan con impaciencia la llegada de su arquitecto. ¿Os imagináis un triplete de Pellegrini?