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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

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A Edgar Davids lo recuerda todo el mundo, mayores, niños, futboleros y menos futboleros. En mi caso, como en el de muchos niños, forma parte de la infancia, como  Dragon Ball o los Power Rangers, porque Davids era mucho más que un futbolista en edades a las que quizá uno no le guste el fútbol. No era el típico vecino que te encuentras en el ascensor, ni daría el pego como cajero de supermercado. Davids había salido directamente de un videojuego o de una película futurista, de esas que con tanta asiduidad (y mal gusto) se rodaron en los 90. ¿A qué se dedicaba aquel individuo? ¿de que planeta vendría? Y sobre todo: ¿qué vería tras esas gafas?

Para empezar, recapitulando, Edgar Davids es originario de Surinam, un territorio perteneciente a América del Sur al que el ideario popular tiende a situar como una región caribeña. La antiguamente conocida como Guayana Holandesa ha sido un vivero de futbolistas para la selección orange que todavía hoy sigue nutriendo al combinado nacional. Con su familia ya en los Países Bajos, Davids destacó rápido y con 12 años ya formaba parte del Ajax , una de las mejores canteras del mundo. Mal ojo no tuvo el que lo descubrió, ya el olfato del misterioso ojeador no sólo dio con Davids, sino con otro histórico como Clarence Seedorf.

Edgar Davids, irreconocible en sus inicios con el Ajax

Edgar Davids, irreconocible en sus inicios con el Ajax

En la cantera del Ajax fue quemando etapas, formándose como jugador y haciendo amigos. Con esos mismos amigos se juntaba una tarde sí y otra también para darle al Ajax  tres Ligas, una Copa holandesa,  una Copa de la UEFA, una Copa de Europa y una Intercontinental.  Todo comprimido en escasos cinco años, firmando una de las mejores etapas del club neerlandés en su larga historia. Sus amigos salieron en desbandada: Van der Sar, Reiziger, Finidi, Bogarde, Kanu, Seedorf, todos tentados por el pujante dinero del Calcio, la Liga y las puertas que abrió la sentencia Bosman. Edgar Davids no fue menos y emigró en dirección a Milan.

En un equipo tan técnico como el Ajax, rodeado de pura fantasía, las cualidades de Davids llamaban poderosamente la atención. Bajito (1,70), rápido, musculado, fiero, su facilidad para recuperar balones conjugaba con su tendencia a incorporarse al ataque. En el Milan fracasó estrepitosamente, pero la Juventus de Marcello Lippi lo rescataría para convertirlo no sólo en uno de los mejores centrocampistas del momento, sino en todo un icono mediático.

Paralelamente seguiría marcando época con sus amigos de siempre. Su Ajax se había desintegrado, pero cada cierto tiempo quedaban para tomar algo, esta vez con la camiseta naranja de Holanda. Overmars, Seedorf, los hermanos De Boer, Kluivert, Reiziger o Van der Saar fueron la base de una selección destinada a alzarse con el máximo tronío mundial a nivel de selecciones, pero la mala suerte se cebó con ellos en demasiadas ocasiones, siendo una de las “generaciones perdidas” más ilustres de todos los tiempos. Aquel grupo de amigos que arrasaría a todos los ricachones del continente durante años siguieron consiguiendo títulos por separado y al servicio de los mejores clubes del mundo, pero no pudieron igualar sus éxitos con la orange.

Holanda 1998, de izqda a drcha y de arriba a abajo: Van der Saar, Seedorf, Bergkamp, Stam, Cocu, Jonk, Numan, Davids, Frank de Boer, Zenden, Kluivert

Holanda 1998, de izqda a drcha y de arriba a abajo: Van der Saar, Seedorf, Bergkamp, Stam, Cocu, Jonk, Numan, Edgar Davids, Frank de Boer, Zenden, Kluivert

Con su estilo de juego, a mitad camino entre el “One Love” de Bob Marley y el “Smells like Teen Spirit” de Nirvana, Edgar Davids empezó a conquistar a todo buen aficionado al fútbol y a abrirse camino entre los no tan aficionados, hasta el punto de que todo el mundo había visto a ese tío. ¿La razón? Un problema de salud acabó obligando a Davids a usar unas vistosas gafas nunca vistas en un campo de fútbol.

A Edgar Davids se le diagnosticó un glaucoma, una alteración interna del ojo que afecta al nervio encargado de conectar la retina con el cerebro. Con esta enfermedad, por lo tanto, puede quedar dañada la capacidad de transmitir imágenes al cerebro y con ello la visión. A Davids se le recetó un controvertido colirio que daba positivo en los controles antidopaje de la época, sin embargo tanto la UEFA,  la FIFA como el CONI ( Comité Olímpico Italiano) permitieron a Edgar su uso particular. Al final no sirvió de nada puesto que el tratamiento no dio resultado y tuvo que operarse. Con su carrera deportiva en peligro y su visión periférica parcialmente afectada, nunca podría imaginar que después de aquello nada iba a ser igual.

Davids con su aspecto más icónico: camiseta de la Juve, rastas y gafas

Edgar Davids con su aspecto más icónico: camiseta de la Juve, rastas y gafas

El holandés empezó a utilizar unas gafas especiales que le hicieron famoso en todo el mundo. No eran unas gafas normales, no de esas que llevaba tu amigo Juanito en el colegio, no podías encontrarlas en la óptica más cercana a tu casa. Los cristales eran de policarbonato, ideadas para repeler tanto el agua como el sudor y el velcro que las sostenía le daba una apariencia de antifaz de “El Zorro” que hasta ese momento nadie había visto. Yo, que no llevaba gafas, las hubiese pedido para Reyes si hubiera podido.

Su peculiar aspecto fue un imán para las marcas, hasta el punto de convertirse en un pionero en el mundo del márketing deportivo: firmó un contrato con la marca de lentes Oakley y otro con la archifamosa marca Nike, con la que grabaría uno de los mejores anuncios de la década, que serviría incluso para encarnar un videojuego. “La Guarida”, seguro que lo recuerdan (ver vídeo).

En la Juventus se ganaría el apelativo de “El Pitbull”, por su agresividad y carácter.  Mientras tuvo continuidad fue una pieza clave del equipo turinés, ganando tres Ligas y dos Supercopas italianas, además de quedar subcampeón de Champions en aquella Séptima del Real Madrid. Fue en la Vecchia Signora donde vivió su mejor etapa, pero los años no perdonan y Davids fue perdiendo peso en el equipo.

Cuando parecía olvidado para el fútbol de élite, el Barcelona de Rijkaard lo rescató. El conjunto catalán, muy irregular durante toda la temporada, comenzó a renacer con la llegada del holandés. En una espectacular segunda vuelta, sólo el Valencia de Rafa Benítez acabó por delante de ellos, en lo que sería la semilla de una época inolvidable. En el Camp Nou se reencontró como futbolista, volvió a respirar la hierba, volvió a terremotorizar los campos y a ganarse el respeto de la grada, más allá de la simpatía que siempre despertó su físico.

Pese a la gran imagen que dejó en Barcelona, Davids ya había firmado con el Inter, donde viviría su decadencia definitiva como futbolista. Tras una quincena de partidos y muchos problemas físicos, el Predator del fútbol firmaría por el Tottenham, donde no lograría recuperar su nivel.

Davids (F.C. Barcelona) compite con un balón con Valery Karpin (R. Sociedad)

Edgar Davids (F.C. Barcelona) compite con un balón con Valery Karpin (R. Sociedad)

Ya con 37 años Edgar Davids parecía que quería cerrar el círculo, recalando de nuevo en el Ajax, pero esta no sería su última etapa. Inquieto por naturaleza, Davids firmó primero por el Crystal Palace y seguidamente por el Barnet inglés, donde ejerció labores de jugador-entrenador. Se retiró definitivamente en 2013 para evitar, según él, la persecución sufrida por los árbitros. Genio y figura.

Davids fue un icono dentro y fuera del campo e incluso en la actualidad sigue siéndolo. Podéis seguirlo en su cuenta oficial de twitter donde se le ve con sus archiconocidas gafas rediseñadas de mil formas distintas y en plena calle. Lejos de estancarse, Davids sigue abriéndose paso en el mundo de los negocios con su propia tienda de ropa deportiva llamada Monta Soccer, donde vende artículos para todos los públicos, principalmente enfocados al Street Football.