¿Por qué no funcionó Illarramendi en Madrid?

Descubrí a Illarramendi en el estadio Cornellà-El Prat. Me había acercado con mi padre, ferviente seguidor del Espanyol, aprovechando una de esas ofertas de última hora -que tanto escasean- y tuvimos suerte de ver un partido bonito. Eran entonces los últimos coletazos de la Real Sociedad de Montanier, equipo revelación de la temporada que conseguiría billete para la Champions al final de la misma. Una de las motivaciones que tenía el partido era la de poder ver a Antoine Griezmann en directo, jugador que venía insinuando unas condiciones deliciosas, y así estaba yo fijándome de vez en cuando en las arrancadas del francés hasta que mi padre me dijo –El que nos está jodiendo bien es el rubio del medio. -¿Zurutuza? – No, el rechonchito del lado.

Asier era el organizador en un doble pivote formado junto con Markel Bergara, el mediocentro. Se dedicaba a encontrar soluciones entre líneas, a desahogar la salida –escueta- de balón y a dar brillo a los necesarios momentos de tranquilidad de una Real optimizada para transitar. No era un jugador de alardes ni de sobar el balón, al contrario, ofrecía respuestas simples y prácticas a su equipo.

Sus dinámicas tanto en el tramo final con la Real más la dominante versión mostrada en el Europeo sub-21 le valieron para fichar por el Real Madrid. El movimiento era lógico por parte del conjunto blanco, se trataba de un jugador joven que mostraba una madurez futbolística por encima de la media y que además iba a aprender de todo un referente en el rol de gestador de la base, su paisano Xabi Alonso. Con Illarramendi, el Madrid doblaba una posición que iba a ser crucial en el curso de Carlo Ancelotti, la del equilibrador.

Ancelotti nunca vio a Illarra como mediocentro

La teoría tenía argumentos para sonar bien, pero la realidad es que el matrimonio desafinó. En su primera temporada, Asier entraba en la rotación siempre como interior tanto en el 4-3-3 del inicio como en el 4-4-2 del final. Ancelotti no veía en él motivos para que ocupara el mediocentro por lo que lo dejó jugando en la posición que más experiencia tenía. Illarramendi jugaba en el mismo sitio que en Anoeta pero con una serie de funciones distintas que terminaron por llevarlo al ostracismo.

El reparto de tareas del doble pivote del Madrid era parecido al actual, había uno que organizaba y llevaba el timón –Xabi Alonso, Kroos- y otro que se encargaba de facilitarle la vida –Modric, Illarra-. Es importante recalcar esto porque en la Real, el mediocentro apenas tenía peso en la circulación mientras en el Madrid éste era el máximo responsable. Con Alonso a los mandos, el Madrid se engrasaba gracias a la cintura de Modric para poder avanzar con balón. Luka abría líneas de pase sin balón y se zafaba con él cuando le encimaban. Illarramendi con unas características muy distintas a las del croata, encontraba muchas dificultades para tener relevancia en esos contextos. Acostumbrado a visualizar el campo de cara, sus movimientos para recibir entre líneas eran escasos, y su poca agilidad le impedía romper líneas con conducción. Sus armas eran otras, y eran coherentes. Asier tiene sensibilidad en el pase, su envío es efectivo y de calidad, el Madrid podía esperar de él que esta virtud fuera condicionante.

Pero no fue así. Jugar en el Bernabéu es muy distinto que jugar en Anoeta, en Madrid se exige tensión e intensidad en sus futbolistas, se les pide alma y entrega y tras unos años en los que Mourinho instaló el rock and roll en la casa blanca, costaba ver a un chaval jugar tan intimidado. Porque Asier es un futbolista que nunca se complica, arriesga lo mínimo y necesario, nunca rifa un balón, se asegura de que cada pase llegue a su destino. Esta meticulosidad fue su losa en su etapa como blanco, su juego nunca transmitió peligro.

Ser un administrador de posesión de estas características lo desplazó a un segundo plano. Irónicamente, Ancelotti usaba a Illarramendi como revulsivo para tranquilizar los partidos. Con Asier en los últimos minutos, la victoria se aseguraba porque sus pases le cantaban nanas al balón. Con la exigencia de un traspaso de entidad a sus espaldas y la poca confianza que ganaba en esas situaciones, su peso en la plantilla fue decreciendo de manera evidente.

En la Real Sociedad podrá mandar

Tras una segunda temporada en la que Kroos se convirtió en el heredero de Xabi y en la que Luka se erigió como el mejor centrocampista del mundo (bajo mi punto de vista), el peso del de Mutriku en la plantilla decreció de manera evidente.

A sus 25 años vuelve a Anoeta para abanderar un proyecto que pretende ser ambicioso. El verano de la Real Sociedad está siendo muy sugerente en materia de fichajes y la llegada de Illarramendi completa, de momento, una serie de movimientos en las que se pueden leer voluntades en forma de juego. Jonathas, Bruma y compañía para correr, y Asier para templar. Esta vez sí como plan A con compañeros que se encarguen de iluminar los caminos hacia el gol. Tendrá a gente como Canales y Vela para pedirla al pie, y jugadores como Jonathas y Chory Castro para pedirla al espacio. A Illarra le quedará administrar una parcela de terreno que era sospechosa de ser sostenible con el tierno Pardo al lado de Markel Bergara. Quizás al fin podremos ver qué pretende hacer David Moyes con este equipo.

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