Los Ángeles Lakers, ¿partir de cero o empezar la casa por el tejado?

¿Podrá Walton empezar una nueva era exitosa? Resumen Conferencia Oeste temporada regular 2016-2017
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Alberto Monte

BALONCESTO, la vida con él es más divertida.

Agarrarse a un clavo ardiendo puede ser una muestra de valentía, pero la mayoría de las veces lo es de desesperación, ¿cuál impera en los Lakers?

Los Ángeles Lakers llevan años agarrados al clavo ardiendo llamado Kobe Bryant, al menos diez años, y esto les ha llevado hasta el punto de que no ha quedado más donde asirse, y con la caída de este último, en las dos últimas temporadas se ha acentuado la caída libre en que está sumido el equipo hasta los abismos de la NBA. Abismos de resultados, de juego, de anarquía, de mala gestión deportiva, de malas decisiones de la directiva, de una total incoherencia que solo se puede soportar en una competición como la NBA donde cualquier noticia, buena o mala, es dinero en caja.

Kobe se va con 5 anillos y la franquicia destruida.

Kobe se va con 5 anillos y la franquicia destruida.

La última gran gestión deportiva desde los despachos amarillos que se recuerda, fue el intercambio de Pau Gasol allá por el invierno de 2008, una gestión considerada entonces como un “robo” a Memphis, que luego con los años se demostró que no lo era tanto, dado el rendimiento del mediano de los Gasol, pero que hizo llegar a L.A. la pieza del puzle que faltaba para volver a ser alternativa al anillo. Entonces Jerry Buss todavía estaba al frente.

Después de aquello, y de los títulos logrados en 2009 y 2010, sustentados en el buen hacer de Kobe Bryant y Pau Gasol como actores principales, con secundarios de lujo como el Bynum que fue all star al igual que Lamar Odom, o de complementos de calidad como Derek Fisher y Trevor Ariza, dirigidos por el entrenador más laureado de la historia reciente de la NBA, Phil Jackson, todo parecía prever que habría nueva dinastía Laker para unos años más.

Pero pasaron los títulos, y de los despachos de este equipo casi nunca salía una noticia deportiva, y sí muchas más de prensa rosa o amarilla. Llegaron los enfrentamientos al puro estilo Dinastía entre los hijos del propietario, que obligaron a la salida sin retorno del  novio de la propietaria, un tal Phil Jackson, todo ello sumado a la muerte del propietario, Jerry Buss, habían sumido a la franquicia en el más absoluto caos deportivo.

La disputa entre los Buss acabó con Phil Jackson fuera de los Lakers.

La disputa entre los Buss acabó con Phil Jackson fuera de los Lakers.

Ese caos no podía traer más que malas decisiones deportivas, la primera por recurrente, la puesta en duda permanente de uno de los pilares de los dos últimos anillos, Pau Gasol, la siguiente, la firma del contrato del siglo por un jugador de 34 años que hipotecaría cualquier posibilidad de reconstrucción tanto deportiva, la sombra de Kobe era demasiado alargada y ninguna estrella brillaría a su sombra, y económica, el limite salarial no permitía más que saldos como complementos del equipo.

Los despropósitos continuaban en forma de procesión de entrenadores sin demasiado carisma ni cartel, que además no eran capaces de imponerse a las directrices tanto de jugadores como de la alta dirección, los D’Antoni, Byron Scott o Mike Brown, y acabaron dando la puntilla al prestigio de toda la entidad la llegada de Chris Paul a Los Ángeles, pero no a la franquicia púrpura y oro, sino a la acera de enfrente, tras el veto de traspaso por los dueños de los equipos que también lo eran de unos intervenidos New Orleans Hornets, junto al abandono de la franquicia del otrora pívot más dominante de la liga, Dwight Howard, camino de Houston. Los focos, las estrellas brillantes y el dinero ya no eran ni son suficientemente atractivos para los mejores jugadores de la liga.

El último gran fracaso de los Lakers: 3 megaestrellas que nunca encajaron juntas.

El último gran fracaso de los Lakers: 3 megaestrellas que nunca encajaron juntas.

Después de los tres años de travesía por el desierto, sin rumbo fijo, reconstruyendo para competir por el anillo y no llegar a competir por entrar en playoffs y batiendo el récord de derrotas en los dos últimos años, de formar rookies prometedores, esperando a que Kobe tomara una decisión, “The decision 2.0”, esperando también a la retirada de Steve Nash, ahora, en 2016, el camino se encuentra despejado, el futuro se vislumbra prometedor, se intuye mucho por  explotar en esos jugadores jóvenes ya en la plantilla, o lo que pueda venir en el Draft de 2016 otra vez en primeras posiciones; también en un entrenador joven, casi novato, pero heredero de unos Warriors que van exportando estilo que ha triunfado en la NBA y en el público con pedigrí familiar y con pasado glorioso como Laker, no hay límites más que los propios.

Por si todo eso no fuera suficiente, también nos encontramos con un margen salarial del que nadie en toda la NBA puede disponer, además de poder hacer frente a un impuesto de lujo, si fuera necesario, que auguran poder construir un equipo que se convierta en una dinastía, el Showtime del siglo XXI.

Pero si en L.A. no suele llover mucho, en casa de los Lakers hay nubarrones permanentes amenazando, nubarrones en forma de dudas sobre cuál será el criterio que se imponga este año. ¿Habrá paciencia para construir el edificio desde los cimientos para después revestirlo del lujo y ostentación que darían futuras estrellas? O por el contrario, una vez más, se volverá a construir la casa por el tejado, se iniciará el asalto a todas las estrellas de la NBA, y correrán el riesgo, una vez más, de que todo se vuelva a ir abajo cual castillo de naipes.

¿Podrá Walton empezar una nueva era exitosa?

¿Podrá Walton empezar una nueva era exitosa?

Sea lo que sea, la prensa mundial y las legiones de seguidores de la “fiebre amarilla” estamos expectantes para verlo y contarlo, porque los Lakers son los Lakers, primeros o últimos, son el equipo más seguido del planeta baloncesto.