The following two tabs change content below.

Samuel Solleiro

Entradas recientes de Samuel Solleiro (ver todas)

La Champions League tiene algo diferente. Nos regala noches mágicas y trepidantes, que son recordadas durante años y que difícilmente vemos en ninguna otra competición de clubes. Una de esas noches se vivió este martes con la épica remontada de la Roma al Barcelona, tras un 4-1 en el partido de ida en el Camp Nou. Inexplicable para algunos, la clasificación contra todo pronóstico del combinado giallorosso tuvo unos componentes motivacionales y emocionales que a la postre resultaron decisivos en el transcurso del efervescente partido que planteó la Roma. Sin duda, una cuestión de fe.

Más allá de las claves tácticas (como la profundidad de Kolarov en el sector izquierdo o la incomodidad culé provocada por el posicionamiento de Nainggolan entre líneas), desde mi punto de vista, el guión del partido se escribe a partir de tres claves que mentalmente fortalecieron enormemente a la Roma.

Claves de la remontada de la Roma al Barcelona

La primera clave es sin ninguna duda la mentalidad con la que Di Francesco (el entrenador romanista) afrontó la, a priori, casi imposible empresa de levantar un resultado tan adverso contra un Barcelona caracterizado esta temporada por su solidez. Lejos de dejarse llevar, el técnico preparó minuciosamente el partido (confesó que llegó a estar hasta las 5 de la madrugada estudiando como hincarle el diente al conjunto de Valverde), confió en la remontada desde el primer momento y así se lo transmitió a sus jugadores, que plasmaron en el campo la idea de su preparador a las mil maravillas. Cómo hace unos días explicó Jürgen Klopp tras eliminar al Manchester City, “la Champions no es de perfección, sino de carácter, agresividad y resultados”, fórmula que el de Pescara utilizó y llevó hasta el extremo para eliminar al Barça.

Di Francesco es uno de los grandes triunfadores de la semana, siendo clave en la remontada de la Roma.

Di Francesco es uno de los grandes triunfadores de la semana, siendo clave en la remontada de la Roma.

La segunda clave, que no se entiende sin la primera, reside en el tempranero gol de Edin Dzeko en el minuto 6. En los compases iniciales en los que la Roma trataba de agarrarse a la eliminatoria, la diana del bosnio espoleó al conjunto italiano, insuflando una adrenalina que permitió al combinado local mantener el ritmo frenético y la intensidad, que exhibió en el arranque del partido, durante los 90 minutos. Además, acentuó la inseguridad y el miedo en la zaga blaurgrana; poco finos en la salida de balón, se vieron superados y sin capacidad de reacción durante todo el choque.

Y por último la tercera clave: el ambiente en el Olímpico. Sin duda, lo que se vivió el martes pasado en las gradas del estadio romanista fue una auténtica locura. Una ciudad tan futbolera como Roma quería, deseaba y casi reclamaba una noche europea así. Y vaya si se  notó… El estadio presentaba un aspecto casi inmejorable (puesto que una pequeña parte de la grada se encontraba cerrada) y a medida que iban pasando los minutos empezaba a parecerse cada vez más al Coliseo Romano que a un recinto deportivo… Con el gol de De Rossi, el unísono grito de júbilo era intimidante, y la hinchada de “la loba” entró en un estado de efervescencia que llegó a su punto álgido en el minuto 82. Córner, centro de Under, remate de Manolas y todo el Estadio Olímpico explosiona. El momento es de auténtico delirio y las emociones brotan. Han remontado tres goles al Barcelona, después de tanto tiempo es la noche de la Roma.

Pero, posiblemente, el momento de la noche se vive instantes después del pitido final, cuando la agradecida afición romanista entona la mítica melodía del Grazie Roma, de Antonello Venditti, un himno cantado desde el corazón por todos los tiffosi, como auténticos hermanos. Minutos de auténtica emoción y sentimiento que ayudan a entender la grandeza de este club italiano y, por qué no, la grandeza del deporte que amamos.

Así se fraguó la remontada de la Roma: con mucho fútbol, pero incluso con más casta y corazón. Una lección en toda regla de cómo afrontar una situación extremadamente complicada. Una lección más allá del fútbol… GRAZIE ROMA!