Russell Westbrook, el ruido y la furia

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Tras perderse algo más de una docena de partidos esta temporada después de una lesión fortuita en un golpe en la mano, el que fue considerado un “ironman” en su día, Russell Westbrook (ni un solo partido perdido en sus primeras 5 temporadas, ni por un dolor de muelas), ha regresado. El base de los Thunder arrasó a unos débiles Knicks en solo 24 minutos de juego, como una avalancha incontenible que arrasa ladera abajo las pequeñas cabañas de cazadores y pastores. El hiperatlético base de Oklahoma hizo  32 puntos, 7 rebotes, 8 asistencias y 2 robos en algo menos de dos tercios del tiempo que habitualmente pasa en pista un jugador estrella como él, y literalmente con una mano vendada. No hizo falta más para que Knicks sacara la bandera blanca.

westbrook

Russell Westbrook, la furia desatada

El partido nos permitió ver al Russell desencadenado, que sus fans anhelan ver y sus rivales temen. Westbrook es un jugador polarizante. No por su comportamiento o actitud fuera de la cancha (intachable hasta ahora), sino por su juego. Es la punta de lanza de una nueva ola de jugadores que no contemplan la posición de base como un director de orquesta, sino como un solista de guitarra de un grupo de heavy metal. Igual que pasa con el heavy metal, no hay mucho término medio: a quienes les gusta, les encanta, y a quienes no les gusta, apenas lo distinguen del ruido.

Para entender la importancia de Westbrook en el juego, el primer paso es retroceder una década, al momento en el que la liga instauró entre otros cambios de reglamento, la prohibición total de usar el “hand-check”. Esta forma de defender, con la mano sobre el rival, estaba extendida desde hacía décadas. La liga prohibió ese movimiento, buscando acelerar el dinamismo del juego y reducir el peso de unas defensas que se estaban imponiendo a los ataques (hablamos de la época en la que Spurs y Pistons se enfrentaban en una de las finales menos seguidas por televisión de la historia reciente, decididas en un 7º partido que acabó 74-81)). Ese cambio hizo mucho más sencillo el trabajo a los bases penetradores y anotadores. Con los años, se han ido viendo más y más bases que establecen lineas estadísticas entorno a los 20 puntos, tipo Lillard, Stephen Curry, Derrick Rose, Tony Parker o Kyrie Irving. Dentro de ese esquema de bases anotadores, los hay por supuesto mejores y peores. Los hay más técnicos, mejores tiradores, con más visión de juego, mejores defensores, más y menos atléticos…

De entre ellos destaca, por polarizante, Russell Westbrook. Quizás por compartir equipo con un jugador descomunal con nivel histórico como Durant, los tiros que Westbrook se juega, a veces incluso irresponsablemente, tienen un coste mayor, y las críticas recibidas por ello son  proporcionalmente mayores también. Westbrook es un jugador que solo sabe jugar a un ritmo, el 125%. Para muchos, Westbrook debería tirar menos. Para otros, Westbrook no dirige correctamente. Incluso durante algún tiempo, se escuchaban voces que decían que Oklahoma jugaría mejor sin Westbrook, o que dicen que Westbrook no es base.

westbrook y durant

Dos jugadores que siembran el pánico

Todo eso tiene que ver con las expectativas, en mi opinión. Westbrook no cumple las expectativas de quienes esperan de un base algo que él no es. Westbrook no puede dirigir una orquesta de música clásica, porque lo que hace es rock and roll. Como la novela de Faulkner y el verso de Shakespeare, Westbrook es el Ruido y la Furia. Como el apodo de su equipo, es un trueno. Es incontenible, imparable, incontestable, pero también incontrolable. Se le achaca las pérdidas del control de la manija del juego, pero creo que esa crítica se queda corta. Él es un agente del Caos. El descontrol que Russell aporta en ocasiones a Oklahoma, es infinitamente menor que el desconcierto que genera en las filas rivales. Westbrook ha sido, estos años recientes y cuando ha podido jugar, el mayor creador de oportunidades de tiro de la liga, si sumamos los tiros que se genera él mismo, sin necesidad de ser asistido, con los tiros que generan para los demás, vía asistencia. Cuando Westbrook ataca el aro, las defensas colapsan, el miedo fluye, las ayudas corren a socorrer al compañero en apuros, y los organigramas defensivos establecidos por el entrenador rival empiezan a hacer aguas. Porque al toque de trompeta, las penetraciones de Westbrook son como la carga de la Brigada Ligera. Como el Rose pre-lesión, Westbrook es físicamente invencible, y temerariamente activo, lo que no da un segundo de respiro a su par. Jugadores como Ibaka y Durant se benefician enormemente de la presión que libera Westbrook en sus compañeros al pasar como un huracán sobre sus rivales.

Algunos claman por un Westbrook más controlado. Aún cuando resulta obvio que debería eliminar los 3 o 4 tiros superfluos e irrelevantes que hace por partido (en particular, los triples en carrera cuando faltan 18 segundos de posesión sin ni siquiera explorar otras opciones), creo que un Westbrook controlado es un Westbrook menor. No puedes encadenar a un trueno, y no puedes hacer que Westbrook juegue como Rajon Rondo, porque sus virtudes y defectos son diferentes. Russell es el Caos, o lo abrazas, o lo abandonas, pero no puedes ordenar al Caos. Oklahoma lo abraza, porque, como reconoció Durant en su famoso discurso al MVP, ellos entienden su valor.

En los pocos partidos de esta temporada siendo el centro del equipo, Russell Westbrook aporta 39.9 puntos, 10 asistencias 5 rebotes y 2.8 robos por cada 36 minutos de juego.  Falta poco (quizás nada) para que Durant vuelva al equipo, y ocupe el lugar que de manera natural le pertenece, el de jugador más importante del equipo y quizás de la liga. En ese momento, volverá a ser el segundo, y arreciarán de nuevo las críticas de los que le pidan menos solo de guitarra y más batuta.  Pero en este breve espacio de tiempo que los dioses de las lesiones nos han concedido, hemos llegado a ver una faceta del Westbrook sin cadenas. Y por escueto y breve que fuese, ha sido grandioso.

Abracemos el caos. Dejemos a Russell ser Russell.