Ay Unai…

Emery es imprevisible, a ratos parece un tipo encantador y sin embargo otras veces saca un ego impropio de su debilucha imagen. En París se equivocaron de hombre: no necesitaban a alguien que inventase el fútbol sino a un tipo que hiciese correr juntos a gente que no suele correr por ni para nadie.

El club de los falsos engañados

paulista no salió de su casa porque le fascinase la Sagrada Familia, ni tampoco atraído por la rica cultura popular barcelonesa. Llegó, sacó a relucir su talento, dejó títulos y se fue de nuevo a escopetazos. Nada nuevo, salvo a que en aquella ocasión no vi a ningún culé llevarse las manos a la cabeza por la calidad humana de la pieza que acababan de fichar. Neymar no ha engañado a nadie, a nadie que por lo menos viese la jugada desde cierta distancia.