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Antonio Navarro

Rock and Roll y NBA. Aficionado y amante de la historia de este deporte. Te cuento lo que creo importante. Igual me equivoco.

En este artículo viajaremos en el tiempo treinta años atrás para recordar una temporada 87/88 NBA plagada de grandes acontecimientos, en la que las viejas glorias alcanzaron sus últimos logros mientras arrancaba una nueva era. Una era con nuevos nombres, grandes hitos, e inolvidables leyendas.

Del presente al pasado en la NBA

En menos de una semana todo habrá terminado. A falta de que las franquicias disputen sus últimos partidos, la temporada regular llegará a su fin, y disfrutaremos de nuevo del show y la tensión de los Playoffs. La rueda sigue girando y en poco más de dos meses sabremos si los Warriors han revalidado o no su corona, pondremos nombre y apellidos al heredero de Russell Westbrook, y los equipos se repartirán una nueva hornada de novatos que pisará por primera vez el parqué de la mejor liga de baloncesto del mundo.

Sin embargo, para eso aún tenemos que disfrutar de la emoción de la post-temporada y de sus epílogos. Todo apunta al futuro, pero ¿qué fue en el pasado?

Temporada 87/88 NBA, fin del reinado de Celtics y Lakers

La temporada 1987-88 fue testigo del último logro de un imperio y del alzamiento de su sucesor. Boston y Lakers habían reinado prácticamente sin interrupción durante los 80, y las futuras promesas demostraban su valor a las leyendas vivas del baloncesto. Y aunque no fuera el momento de recoger nada, la cosecha estaba casi dispuesta para dar su fruto. Un fruto rojo, de 6 títulos en 8 años. El mejor modo de ejemplificar esto es pasando lista a los componentes del Mejor Quinteto de la NBA 87/88: Michael Jordan (Chicago Bulls), Magic Johnson (Los Angeles Lakers), Larry Bird (Boston Celtics), Charles Barkley (Philadelphia 76ers) y Hakeem Olawujon (Houston Rockets). Los nombres propios del showtime y los hitos de los 90 juntos en el mejor quinteto de un mismo año. El pasado compartiendo su legado con el futuro.

Los Boston Celtics de Larry Bird, Kevin McHale y Robert Parish lideraron la Conferencia Este durante el periodo regular. Los Pistons de Isiah Thomas quedaron en segundo lugar amenazando a los de Massachussets con culminar su venganza por la eliminación en las Finales de Conferencia del pasado año. Lakers triunfó en solitario en la Conferencia Oeste apuntándose el mejor récord de la liga (62-20). Las apuestas tenían, de nuevo, sus preferidos para la final de la década: los Celtics de Bird frente a los Lakers de Magic. Pero esto… no volvería a repetirse.

Isiah Thomas y Larry Bird. El alma de sus equipos.

Isiah Thomas y Larry Bird. El alma de sus equipos. Imagen vía NBAreligion

Los Lakers tuvieron una post-temporada intensa. Excepto el 3-0 frente San Antonio en primera ronda (recordemos que por aquel entonces la primera fase se jugaba al mejor de 5 encuentros), las fases frente a Utah y Dallas se fueron hasta el 7º partido. El cansancio hacía mella, y era precisamente del agotamiento de lo que sabía aprovecharse su próximo rival en la final: los “Bad Boys” de Detroit. En el Este, Washington cayó frente a Pistons en el quinto duelo, y los Bulls de Jordan sólo pudieron apuntarse un partido. Al fin, la revancha iba llevarse a cabo, y tras vencer en el Boston Garden el quinto partido, los de Isiah Thomas consiguieron el pase a la final en su casa. Estaba hecho. Boston no volvería a unas finales hasta el nuevo milenio.

Los de Chuck Daly aterrizaron en Los Ángeles para disputar los dos últimos partidos con la eliminatoria a su favor (2-3) y los ojos clavados fijamente en el anillo. Sin embargo, el destino no parecía dispuesto a concederle aún su ansiado objetivo. En un sexto partido demencial, los Lakers se llevaron el duelo tras una polémica falta fantasma pitada a falta de pocos segundos sobre Kareem Abdul-Jabbar con un marcador de 102-101 para Pistons. Kareem no falló, y Thomas, jugándose un balón que valía un anillo, no pudo darle a su equipo la canasta de la victoria. Y fue lo único que no pudo darles, porque tras jugar el tercer y el cuarto tiempo con una lesión de tobillo tremenda, anotar 25 puntos en el tercer cuarto (récord en los playoffs de la NBA) y un total de 43 puntos, 8 asistencias y 6 robos, la canasta que no marco, fue la definitiva. Su corazón, garra e ilusiones, quebradas a falta de un suspiro del electrónico. Finalmente, tras un séptimo partido en que Isiah no pudo desplegar su potencial por sus molestias en el tobillo, Magic Johnson obtuvo el quinto y último anillo de su brillante carrera deportiva. James Worthy, que había firmado nada más y nada menos que el segundo triple-doble de la historia en unas finales de la NBA, fue galardonado con el MVP de las finales.

Documental sobre Los Angeles Lakers 87/88

Al año siguiente Thomas, Laimbeer y compañía se resarcirían del daño, haciéndose al fin con el preciado anillo. Y lo hicieron por partida doble, poniendo así punto y final a una de las eras más grandes del baloncesto.

Temporada 87/88 NBA, comienza la era de Michael Jordan

No es sólo en el ascenso de los Pistons donde se expresa la transformación del baloncesto a finales de los 80. Más allá de galardones colectivos, Michael Jordan fue nombrado MVP de la temporada por primera vez en la historia. Fue la primera de las cinco veces que obtuvo dicho mérito, siendo solamente superado por Kareem Abdul-Jabbar, quién fue condecorado 6 veces.

Pero el MVP de Jordan no fue la única marca con la que rubricó aquel 87-88. En su ciudad natal ganó el MVP del All Star Game. Y no es todo. Con 35 puntos por partido, se coronó como máximo anotador de la temporada, siendo además nombrado Mejor Jugador Defensivo de la liga. Jordan es el único jugador con ambos títulos en una misma temporada en la historia de la NBA. Además, claro está, del Jugador Más Valioso. Una epopeya para un jugador que por aquel entonces prácticamente pugnaba en solitario por avanzar tanto en la liga como en playoffs. Toda una declaración de intenciones.

Los récord de Michael Jordan en la temporada 87/88 NBA.

Los récord de Michael Jordan en la temporada 87/88 NBA. Imagen vía Ball is Life

Pero, ¿qué más sucedió en este interminable 1988? EE.UU fue eliminado por la URSS en las semifinales de los JJ.OO. de Seúl. Esto supuso una puñalada para el orgullo americano que, por aquel entonces, disputaba los Juegos Olímpicos con una formación compuesta exclusivamente por jugadores procedentes de la Universidad. Tras aquel duro golpe, se tomó una decisión: la selección de Estados Unidos estaría formada por la élite de la NBA.

Así nació el mejor equipo de baloncesto de todos los tiempos: el Dream Team del 92, un equipo compuesto por lo mejor de dos épocas.

Por una era, que pasaba el testigo a la siguiente.