Un Ángel caótico para Blanc

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En su día Arthur Rimbaud dijo “Tanta paciencia tuve que todo lo he olvidado”. Inmerso en una lucha constante entre la aceptación de su ser y la presión del entorno, el joven Arthur se pasó la mayor parte del tiempo fugándose, física y espiritualmente, hasta que a los diecinueve años dejó de escribir. Había llegado a estar tan aislado en el tiempo y en el espacio que ya no tenía nada más que transmitir. Su nombre y su historia alcanzó la figura de mito.

En el presente, el París Saint-Germain es considerado como el “modelo a imitar” para los proyectos multillonarios. Su ascendencia a la excelencia parece seguir los pasos lógicos, sus contrataciones no parecen responder a despilfarros desmesurados y en cuánto al juego -lo más importante al fin- siempre desprende la sensación de tener un modelo de juego asentado y aceptado. Ancelotti colocó al equipo como serio aspirante a la Champions League y Laurent Blanc ha dado continuidad a la apuesta. El PSG es un equipo reconocible en la élite.

Sin embargo, aunque han dejado grandes actuaciones durante estas dos temporadas con Blanc al mando, el equipo ha venido dando muestras de carencias estructurales en su juego. Más allá de ciertos problemas defensivos relacionados con la altura de su línea defensiva -que se minimizan por los altos porcentajes de posesión- donde el equipo ha necesitado más desarrollo ha sido en la capacidad para crear ocasiones. La nómina de atacantes que maneja el PSG es de alto nivel y su mediocampo formado por un trío que sigue los cánones clásicos -mediocentro posicional, interior organizador e interior de rupturas- no vienen asegurando grandes cuotas de peligrosidad. El principal problema del PSG no es por carencias técnicas ni físicas, su problema es que no tiene a nadie capaz de acelerar la jugada.

Al PSG siempre le faltó chispa en tres cuartos

El cambio de ritmo es lo más importante del fútbol, pasar de una velocidad a otra significa desequilibrio, por eso Riquelme era tan bueno, porque pasaba de lento a menos lento. Acelerar la jugada, aunque sea con bajas revoluciones porque acelerando desequilibras. Y Blanc por fin tiene la pieza que anhelaba.

Nuevos horizontes

Ángel Di María ya es nuevo jugador del PSG y tratándose de un jugador de clase mundial, su impacto en el equipo será rotundo y condicionante. El fideo reúne todas las características que necesitaba este equipo: vértigo, dinamismo y autosuficiencia. Aderezado con un punto de locura marca de la casa que solamente necesita encauzarse para que termine compensando. El argentino es un jugador desequilibrado de por sí, por lo cuál si se le entrega la tarea de acelerar la jugada, viene como anillo al dedo. Pero es que además es muy muy bueno.

Lo normal es pensar que no tardará demasiado en convertirse en una figura troncal en el once parisino, pero habría que valorar en qué posición podría hacerlo. Si él pudiera elegir, casi con total seguridad se ubicaría como extremo izquierdo porque ahí es donde explota su verticalidad y su uno contra uno, le encanta llegar hasta línea de fondo y centrar cuando está al máximo de pulsaciones. La sensibilidad de su zurda se exprime cuando la jugada necesita gestos rápidos, quizás solamente Gareth Bale se le puede comparar en la tensión y precisión cuando hay que trasladar un balón en movimiento.

Di María normalmente no es recurso sino discurso

La otra posibilidad sería colocarlo en el costado derecho, donde su salida natural le condiciona a ofrecer gestos más definitivos. En ese lado no parece sentirse tan cómodo ya que él entiende su fútbol como el de extremo puro que recorre la cal. Con Ibrahimovic desocupando constamente el área y Cavani atacándola desde el lado débil, habría que ver como le sentaría al equipo la conducción de balón de un jugador con el pie abierto para dar la asistencia. En el extremo derecho, el PSG lo ha intentado con Lucas Moura -regate-, Cavani -desmarque- y Lavezzi -mezcla- pero ninguno la ha terminado de romper.

Y por último queda el puesto de interior izquierdo, donde quizás sus características como jugador se ven más extrematizadas. Ofensivamente aportaría recursos con balón y capacidad para hacer largo al equipo desde la posición. Aunque hay que apuntar que el PSG organiza con Verratti desde el lado contrario, por eso Matuidi nunca va a buscarla abajo sino que se ubica como referencia entre líneas. Di María en cambio es un jugador menos cerebral que tiende a acercarse al balón para participar y que tiene como mal vicio arriesgar en exceso cuando recibe. Defensivamente la actividad del argentino es notoria pero poco efectiva, tiende a dejar espacios a su espalda y a abandonar la formación, su capacidad para robar se inspira más en su intensidad que en su lectura.

Resumiendo, el PSG ha contratado a un jugador de clase mundial que reúne una serie de características que potencialmente pueden ser muy positivas si el escenario acompaña. Por lo pronto, su fútbol aporta lo que el equipo venía echando de menos. Porque el PSG es un equipo extremadamente paciente que se toma los partidos con demasiado sosiego, tiene capacidad para guardar y administrar la posesión con solvencia, pero le falta instinto para agredir al contrario. Con Di María, gana una arma de intimidación importante. Que la paciencia no nos haga olvidar que lo importante de este juego es el gol, y Ángel te lo acerca.