Unai Emery, lo extraño es no discutirlo

The following two tabs change content below.

Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

Entradas recientes de Vicente Breso (ver todas)

Unai Emery es un gran entrenador de fútbol, un estratega que siempre compite contra los grandes, un coach perfeccionista que cuida hasta el mínimo detalle, una persona afable y simpática que se gana el favor de los jugadores y lo que es más importante: obtiene resultados. Este párrafo lo habría podido firmar cualquier pluma de Madrid, Barcelona o Vigo, cualquier periodista que sólo se zampe un par de partidos al año y al que las victorias o derrotas de los equipos de Unai no le alteran sus horas de sueño. Ya les adelanto que no es mi caso.

El técnico vasco ha coleccionado críticas en su propia casa al mismo tiempo que flores desde paraísos ajenos, aquellos que tan sólo se han valido de una tabla de clasificación y los cinco minutos (máximo) de actualidad que las televisiones nacionales le han dado tradicionalmente a Sevilla y Valencia. Cuando se rasca un poco, cuando se vence ese miedo a hablar más allá de los fríos números, las cosas cambian. Cambian hasta el punto de encontrarnos con una realidad imposible de rebatir: tiene muchos más críticos que seguidores.

2008052288Emey_dentro

Unai Emery, siempre activo desde la banda

Los sevillistas andan comiéndose las uñas más de lo habitual esta temporada, justo la que parecía ser la de la confirmación de Unai Emery, aquella en la que no sólo enamorara a los amantes de las estadísticas. El entorno era idílico, venía de ganar una sufrida Europa League frente al Benfica y de realizar una gran segunda vuelta, la hinchada del Pizjuán parecía más dispuesta que nunca a acoger entre sus brazos al guipuzcoano, a convertirlo en su entrenador fetiche e idolatrarlo hasta decir basta. Había rechazado al A.C. Milan apenas unas semanas después de conquistar el cetro europeo, un hecho que encantó a la afición sevillista y sus declaraciones durante el verano parecían haber metido a media Sevilla en su bolsillo. Entonces, ¿por qué hemos vuelto a la andadas? ¿qué ha hecho que Emery volviese a estar discutido?

La respuesta es sencilla para los que hemos seguido su trayectoria, Unai siempre será Unai, para lo bueno y para lo malo. De estúpidos sería decir que el técnico vasco no ha logrado grandes números en su carrera deportiva, ha cumplido con suficiencia los objetivos para los que fue contratado en cada uno de los equipos en los que ha estado. Pero no sólo de carne vive el hombre, a menudo un buen filete puede resultar insulso si no se lo acompaña con una buena ración de verduras o una buena salsa…y por supuesto con la promesa de que no será el último banquete a disfrutar. Emery no es un entrenador de verduras. Ni de salsas.

football-club-soccer-uefa-europa-league-soccer-tournament-unai-emery-europa_3141783

Unai logró la Europa League la temporada pasada, su primer título europeo

¿A qué juega Unai Emery? Depende. Depende del rival, depende de los futbolistas con los que cuente…y hasta del pie con el que se levante. Pasó de tener una filosofía de ataque a colocar a Iborra de mediapunta, de intenar defender cerca de la línea del medio del campo a encerrar al equipo atrás, de otorgar una confianza absoluta a Deolofeu a hacerlo desaparecer de las convocatorias. Sus equipos son como él, cambiantes, inseguros, en ocasiones esquizofrénicos, con un puntito de locura y otro de dejadez. Ya lo hizo en Valencia, con el que fue variando de estilo hasta desquiciar a la fiel afición de la capital del Turia.

Su control del vestuario siempre está en entredicho, a pesar de que en global sus futbolistas siempre acaban echándole de menos. Imposible no hacerlo, sabiendo que no es un entrenador de látigo sino un míster abierto al diálogo con los suyos, alguien que no descuida la preparación física pero que siempre intenta introducir el balón en los ejercicios y que, sobre todo, acaba dando la cara por su grupo, aunque después esos mismos que se esconden detrás de su figura, se la partan. En Sevilla ha tenido roces con Iago Aspas, con Deulofeu y hasta con Carlos Bacca, delantero estrella del equipo hispanense. No da la sensación de ser un técnico que se haga de respetar, idéntica sensación que daba en Valencia, donde tuvo plantillas cuya profesionalidad siempre estuvo en entredicho. Éver Banega la lió más de una vez (y de dos, y de tres…) en su propio vestuario, como también lo hizo Tino Costa, aquel centrocampista llegador que tuvo el equipo ché durante tres campañas. Ambos jugadores tuvieron sus más y sus menos con el guipuzcoano, con una alcachofa delante y las preguntas adecuadas seguro que hubiesen llegado rajes de todo tipo, sin embargo, para sorpresa de propios y extraños, Emery acabó reclutándolos a ambos, Tino en su aventura rusa en el Spartak y Éver para su actual Sevilla.

Deulofeu-asegura-sorprendido-salida-Barcelona_TINIMA20140819_0512_5

Éver Banega y Gerard Deulofeu, dos de las incorporaciones del Sevilla

En sus cuatro años como entrenador del Valencia Club de Fútbol consiguió hasta en tres ocasiones el tercer puesto, algo cacareado hasta la saciedad por sus incondicionales. No estaría de más recordarles que si bien es cierto que sobre todo en sus dos últimas temporadas lo hizo con un equipo que iba perdiendo piezas (y nivel) a marchas forzadas, sus dos primeros años tuvo el que a día de hoy sea probablemente y nombre por nombre, el mejor equipo que ha tenido el conjunto levantino en su historia. Raúl Albiol, Albelda, Baraja, Joaquín, Silva, Mata o Villa eran algunos de los integrantes de aquel equipo, un poderoso juguete en manos de Unai del que no logró sacar el máximo provecho.

Si el Valencia conquista el tercer puesto este año lo hará por la puerta grande, tras dos temporadas aciagas, un equipo prácticamente nuevo y un Atlético de Madrid que ha vuelto a la élite, sin embargo el panorama del periodo que va desde 2008 hasta 2010 era bien distinto, con un Valencia a una distancia sideral de sus perseguidores y con una posibilidad real de pelear algún título. Más allá de las constantes derrotas en competiciones coperas contra equipos a los que se debió ganar (Shalke 04, Dinamo de Kiev o un desmejorado Deportivo de la Coruña), más allá de las continuas derrotas contra equipos grandes y nula capacidad del equipo para levantar un resultado en contra, la hinchada valencianista siempre se quedó con la sensación de que con aquella plantilla se debería de haber rascado un título.

1313882943_extras_mosaico_noticia_1_g_1

De izqda a drcha: Mata, David Villa, Raúl Albiol, Marchena y David Silva

Unai es simpático, eso es innegable, un buenazo de los que no abundan en el fútbol, quizá por eso a alguien como yo le duele criticarlo, a muchos como yo les duele decir una sola palabra mala de un buen ser humano, por eso quiero que quede claro que sólo lo juzgo por su trabajo como entrenador. Y considerándolo una buena persona, también he de decir que en Valencia escoció su “excesiva” celebración tras el gol de M´Bia en el último minuto de aquella enorme semifinal entre Sevilla y Valencia en la pasada Europa League. Mientras tanto en la capital hispanense se empieza a ver con cierto desdén cada rueda de prensa en la que exhibe su poca habilidad para la dialéctica a través de frases plagadas de términos extraños, frases inacabables y sin ningún sentido aparente. Nimiedades, hechos sujetos al gusto de quien lo presencia. Sin embargo habrá un lunar que perseguirá a Unai por y para siempre, una sombra que estará ahí hasta el fin de sus días como entrenador y que será muy difícil de olvidar: el caso Isco.

Alegria7

Unai se convirtió en enemigo público de Mestalla tras la celebración del histórico gol de M´bia

Isco era la joya de la cantera valencianista, el jugador que todos los técnicos de base reclamaban en el primer equipo, un mediapunta que ya en aquel entonces amenazaba con convertirse en uno de los nombres propios del fútbol español. La grada de Mestalla lo esperó con ansia, llegó a corear su nombre tras un monumental gol ante el Logroñés (ver vídeo) en 1/16 de Copa del Rey, partido en el que periodistas, aficionados y hasta las altas instancias del club se aventuraron a calificar como el primer gran partido de un jugador de época. No fue así. Unai jamás confió en el malagueño, nunca lo consideró jugador del primer equipo, a pesar de que por aquel entonces las grandes estrellas ya habían emigrado de Valencia y su competencia se reducía a nombres como Feghouli, el anteriormente nombrado Tino Costa o el “Chori” Domínguez. La historia de Isco la sabe todo el mundo: la rompió en el Málaga y en Madrid pone el Bernabéu a sus pies en cada partido. Todo aderezado con una puyita del guipuzcoano en su libro “Mentalidad ganadora. El método Emery”, en el que calificó a Isco como un jugador con “tendencia a engordar”.

Unai ha vuelto a imponer la lógica en sus últimas dos alineaciones, ha poblado la banda con dos extremos rápidos e incisivos como Vitolo y Aleix Vidal, devolviendo a Iborra a su sitio habitual y dejando que Banega coja el mando en el centro del campo. Pero, ¿por cuánto tiempo? Hace apenas tres semanas se cargaba las bandas, se empeñaba en alinear a Carriço como mediocentro y hasta a Iborra como segunda punta. Un sinfín de pruebas y experimentos que hacen dudar al Sánchez Pizjuán de si Unai Emery es, realmente, el “mejor entrenador que se pueden permitir”, frase repetida hasta la saciedad en las altas instancias de la entidad de Nervión, como también lo era en las máximas esferas del Valencia.

Sus fuegos de artificio sirven como maniobra de distracción en la capital, pero no sirven en Sevilla, ni servían en Valencia. Su trabajo en las jugadas a balón parado sirven de poco si los equipos a los que entrena no tienen alma, sus divertidas ruedas de prensa se quedan en nada si llega el domingo y el equipo no da la sensación de estar trabajado, su aparente ambición es inútil si jamás se logra sacar algo positivo en las grandes citas. ¿Hasta cuándo cobijará la prensa a Unai Emery?