Ganar era así

Valencia Basket Campeón ACB 2017

Me he tomado mi tiempo. Sí, lo reconozco. Me ha gustado observaros a todos desde las alturas, me he entretenido tomando medidas y calculando posibilidades de que esto, si el magnánimo tiene a bien, pueda repetirse. Temo que no, por eso ha sido (es) tan bonito.

Me ha dado tiempo a tomar nota de todo, a luchar contra esa bruma que se apodera de los incrédulos hasta que las cosas son cosas. Cosas que no sólo se imaginan, se dibujan o se aman, sino mucho más: se tocan, se ven, se disfrutan. Un deseo, una meta, que sólo puede entenderse desde el que ha resbalado tantas veces en el sendero. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, que decía Machado. Y por todos los dioses que ha valido la pena tanto caminar, por mucho que mis pies se hayan escamado y que de mi cuerpo se saquen tantas llagas como peces tiene el mar. Aunque (y eso que quede entre nosotros) ya nos venía bien algún descansito.

Esta liga no es cualquier cosa para Valencia Basket ni sus aficionados, sobre todo porque se consigue desde la madurez y desde la mesura, pues quien más quien menos ha vivido la época de vino y rosas de esta comunidad, cuando lo difícil parecía probable y lo casi imposible se hizo realidad algunas veces. El fútbol valenciano vivía su mejor época y Valencia Basket rompía el mercado a base de millones. Navegar a ritmo de transatlánticos e incluso sobrepasarlos de tanto en tanto llegó a parecernos rutina, por mucho que en realidad fuese sólo un suspiro, una manchita entre tantos anhelos y tantos batacazos. Y también, quien más quien menos, ha visto quemarse hasta los cimientos todo cuanto creía ganado hasta ser una suerte de indigentes materiales y emocionales, con un Valencia Club de Fútbol saqueado y un Valencia Basket al que a punto estuvo de fallarle la «fe» de los supermercados.

Valencia Basket Campeón ACB 2017. La alegría del campeón. Fuente: apuestasbaloncesto.com

Valencia Basket Campeón ACB 2017. La alegría del campeón. Fuente: apuestasbaloncesto.com

Pienso en toda aquella vorágine de éxito que llegaba en oleadas, porque sí, y ahora sólo me parecen sombras del pasado, edulcoradas hasta el extremo, paisajes difusos que se pierden en mi memoria a base de pesar y nostalgia. Cuando uno vive momentos de extrema felicidad y extrema tristeza tiende a buscar el calor de aquellos seres que aprecia, a rodearse de aquellos que han estado ahí y también a acordarse de aquellos de los que ya no están, por mucho que esas personas no sepan qué es un pick and roll o no hayan visto un partido de fútbol en su vida. Supongo que es algo instintivo del ser humano, una muestra irracional de gratitud que deja al baloncesto o a cualquier deporte que se precie, en bragas. No se trata de jolgorio ni de recreo, sino de vida, por mucho que la afición a tu equipo sea una excusa perfecta para dejar en un sinsentido el dicho “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Se llama felicidad, supongo.

La liga de Valencia Basket tiene muchas connotaciones y todas son tan bonitas que no caben en un puñado de líneas. Un triunfo logrado desde el esfuerzo y la perseverancia de un equipo con más alma de albañil que de relojero. Y ellos lo sabían. Una liga ACB a la que los taronja han logrado colar su asterisco entre tanto duopolio, un trofeo que quienes seguimos un poco todo esto, sabemos que vale por diez. Una utopía convertida en realidad no de golpe y porrazo sino a fuego lento, conviviendo a base de “no puede ser”, “ al final desfallecerán”, “este equipo no da para más”. Nos acostumbramos tanto a caer que nunca quisimos creer que el destino nos aguardaba algo que archivar en nuestras memorias, algo distinto al “casi” con el que desayunábamos todos los días.

Valencia Basket Campeón ACB 2017. Bojan Dubljevic, MVP de las finales. Fuente: diarioapuestas.com

Valencia Basket Campeón ACB 2017. Bojan Dubljevic, MVP de las finales. Fuente: diarioapuestas.com

Este verano sirve, como decía en las primeras líneas, para veros desde la condición de campeón, por arriba, que no por encima del hombro, con todo el conocimiento de alguien que sabe lo difícil que ha sido escalar hasta la cima y lo poco que cuesta caerse de ella cuando no tienes hechuras de equilibrista. Sí, tengo todo el verano para fracturarme el cuello de tanto mirar hacia abajo, para empalagarme del éxito y disfrutarlo, quedándome con cada nota, cada artículo, cada sensación y cada tonalidad de color, para guardarlo y emborracharme de morriña cuando las cosas se tuerzan. Que lo harán.

Hay momentos en los que de repente adquieren sentido frases que años atrás se perdían en el olvido, sobre las que uno no reparaba o no le ofrecía la importancia que merecían. Sucede en ciertos momentos de la vida, como cuando súbitamente descubres que las lentejas que tanto odiabas de pequeño te gustan, o cuando te das cuenta que el «Bohemian Rhapsody«de Queen no es una canción cualquiera sino una jodida obra maestra que te pasarías escuchando en bucle diez años seguidos. Así ha pasado con esa frase tan recurrente de mi padre cuando el Valencia de Cúper llegó a su primera final de Champions: “disfruta de esto, porque seguramente no lo vuelvas a vivir jamás”. Palabras que se repitieron al año siguiente con la segunda final, y al siguiente con la primera liga… y dos años después con el doblete. Sabias palabras que en aquella época sonaban insustanciales, huecas, una advertencia de la cual sólo comprendí su verdadero significado cuando era demasiado tarde. O eso creía. En realidad mi padre siempre tuvo razón, sólo que yo tenía la panza demasiado llena para saberlo. 

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