El #16 de Sacramento, la muñeca inmortal

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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

El 16 de diciembre de 2014, el Sleep Train Arena rindió homenaje a uno de los mejores jugadores jugadores europeos de siempre y a uno de los héroes que llevó el nombre de Sacramento a rozar el olimpo de la NBA: Peja Stojakovic. Los aficionados de la capital de California lo vieron lucir su clásico #16 durante ocho temporadas, en las que se ganó la admiración de todo buen aficionado al baloncesto merced a su profesionalidad y, sobre todo, a una muñeca prodigiosa.

Fue un número razonablemente alto en el draft (14), sobre todo teniendo en cuenta que la NBA era todavía un mundo aparte para el baloncesto europeo. Tardó dos años en acudir a la llamada, dos años en los que paseó sus dotes en el PAOK griego, teniendo como mayor hito una final de la Recopa perdida ante Baskonia en 1996.

Llegó a la mejor liga del mundo de puntillas, empezando como hombre de banquillo, sin embargo no tardó en demostrar que estaba preparado para todo y pronto su tiro exterior empezó a ser temido por las defensas rivales. En dos años se consolidó como titular de un equipo que pasaría a la historia como uno de los mejores equipos de la historia que jamás ganó un anillo.

Un jovencísimo Peja Stojakovic en su noche de Draft junto a David Stern.

Un jovencísimo Peja Stojakovic en su noche de Draft junto a David Stern.

Fue una época difícil para la NBA, después de la retirada de Jordan la repercusión y el interés de la mejor liga del mundo quedó en entredicho, la larga resaca que dejó tras de sí el vuelo 23 de Chicago se tradujo en equipos montados exclusivamente para defender, especialmente en la conferencia este, donde empezaba a ponerse de moda la racanería de franquicias como Detroit Pistons o Philadelphia 76´ers. Pocos puntos, posesiones largas, defensas rozando la violencia y con el aclarado como único recurso en ataque. Con este panorama Rick Adelman se inventó un equipo que puso en cuestión todas las reglas preestablecidas de la NBA… y Peja Stojakovic formó parte de él.

El show empezó con la llegada de Jason Williams a la liga, con él y el inolvidable Chris Webber los Kings recibirían toda la atención que nunca se les había brindado, amén de acaparar semana tras semana el top 10 de las mejores jugadas. Con Williams llegaría el espectáculo, los puntos, y más tarde, con el timón de Mike Bibby, las victorias. Aquellos Kings fueron un equipo de ensueño compuesto por estilistas de la talla de C-Webb, Bobby Jackson, Vlade Divac, Bibby y por supuesto nuestro protagonista, que se convirtió no sólo en un miembro titular más de aquel equipo, sino en uno de los mejores tiradores de la historia del baloncesto.

No se veía nada igual desde Larry Bird, su mecánica de tiro tan rápida y armoniosa martilleaba partido a partido los aros rivales al tiempo que los Kings ganaban enteros de cara al anillo. Así fue durante más de un lustro hasta convertirse en el máximo triplista de la historia de los californianos, jugador con más partidos jugados y primero en porcentaje de tiros libres (89,3%), datos que adornó con tres presencias en el All Star (02, 03 y 04) y dos concursos de triples ganados (02 y 03). Su acierto en los tiros de 3 puntos llenó portadas y portadas, su letalidad era tal que aseguró al menos un 40% de acierto durante 7 de los 8 años en los que vistió la elástica de los Sacramento Kings, llegando hasta un tope de 48,4%, una auténtica barbaridad teniendo en cuenta que era un jugador siempre por encima de los 35 minutos disputados por encuentro.

El globo de los Kings acabó por desinflarse, perdiendo por tres veces consecutivas ante Los Angeles Lakers en finales de conferencia. Con la perspectiva que nos da el tiempo, podemos decir que Sacramento cayó ante el mejor equipo de la NBA desde los Bulls de Michael Jordan. Fueron series de infarto, probablemente las mejores que un servidor haya visto, fueron los partidos que convirtieron a Robert Horry en mito mientras Shaq abusaba de cuantos defensores le pusieran y Kobe se batía con el durísimo Christie. También fue una serie recordada por los arbitrajes, con decisiones que acabaron por provocar, según algunos, una de “las mayores tragedias en el mundo del deporte”, aunque eso lo dejaremos para otro día. ¿Quien sabe cuántos anillos hubieran ganado los Kings si no hubiesen coincidido en el tiempo con una de las mejores versiones de la “fiebre amarilla”?

El tiro de Peja Stojakovic era pura poesía y verle en un partido era todo un clínic de cómo buscar el espacio, cómo cuadrarse y como dar un arco perfecto al balón para que, suavemente, acabara en la red sumando 3 puntos más para su equipo. Nunca tuvo el carácter de otro balcánico ilustre como Petrovic, tampoco tuvo unas piernas privilegiadas que le permitiesen defender a aleros mucho más fuertes que él, ni tampoco gozó de una potencia de salto destacable..pero daba igual, su muñeca acababa con todas las pegas que se le quisieran poner.

Peja Stojakovic junto con Bodiroga condujeron a Yugoslavia a ganar el Mundobasket de 2002.

Peja Stojakovic junto con Bodiroga condujeron a Yugoslavia a ganar el Mundobasket de 2002.

En 2006 dejaría su casa en Sacramento y se mudaría a Indianápolis por un breve espacio de tiempo. Más tarde seguiría exhibiendo su muñeca al servicio de los Hornets durante cuatro años, un ciclo que sirvió para que Chris Paul diera sus primeros pasos en la liga. Peja Stojakovic ya no era el mismo, sus constantes problemas físicos le llevaron a reducir su movilidad, convirtiéndolo en un jugador con mayores dificultades a la hora de crearse sus propios tiros. Con un físico bajo mínimos, Peja fue bajando sus números hasta los 12,6 puntos en su última temporada en New Orleans, lejos de aquellos 24,2 que promedió en su mejor etapa en California.

Su retirada parecía cerca, con una NBA evolucionando a un baloncesto más rápido en el que el físico pasó a ser primordial, al serbio no le quedaban muchas balas en la recámara. Pero el destino le debía algo. En su última temporada, tras un brevísimo paso por Toronto Raptors, acabó finalmente en los Dallas Mavericks, equipo con el que cerró su carrera.

Ya sin el físico suficiente como para aguantar la dureza de 82 partidos de liga regular, Peja sólo jugó 25 partidos aquella temporada. Consciente de que su equipo necesitaría su mejor versión llegado el momento, el balcánico guardó su muñeca para unos duros Play-Offs en el siempre salvaje Oeste. En las eliminatorias por el título el caprichoso destino le hizo medirse con la que fue su bestia negra durante años: Los Angeles Lakers. Los tejanos ganaron aquella serie 4-0 y Peja Stojakovic llevó a cabo su particular venganza en el cuarto partido, anotando 21 puntos con 6 triples incluidos.

Vídeo de Peja Stojakovic vengándose de los Lakers

Dallas Mavericks se enfrentaría en las finales a los Miami Heat de Lebron James y acabaría ganando aquellas series por 4-2. Nuestro protagonista no tuvo apenas minutos en la eliminatoria final, ya había cumplido su papel, era un héroe cansado. El anillo significó el colofón a una carrera espléndida y el comienzo de la “leyenda”.

“American Graffiti”, como lo definió el mítico Andrés Montes, pasará a ser inmortal el próximo día 16 en la cancha que lo vio dar sus mejores años, el pabellón que le vio tirar triples con los ojos cerrados y con el que a punto estuvo de jugar una final de la NBA. A los amantes del buen baloncesto siempre nos quedará el regusto amargo de no haberle visto conquistar el anillo con los Sacramento Kings, aunque tendremos el consuelo de no verle irse de vacío. Será el cuarto europeo en ver retirada su zamarra tras Petrovic, Divac e Ilgauskas, lo que nos habla bien a las claras de la dimensión de este jugador.

El techo del templo de los Kings ya es suyo, él mismo echó el cerrojo a una camiseta que desde ese instante le pertenece para siempre. Un jugador de época y el mejor tirador que mis ojos hayan visto.