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Vicente Breso

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas. Amo el fútbol y estoy enamorado del baloncesto. Escribir sobre ellos es la leche.

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“He visto el futuro y el futuro se llama Amare Stoudamire”. La frase no es de otro que de Shaquille O’Neal, que tras disputar un partido contra el que fuera ala-pívot de los Phoenix Suns se atrevió a lanzar una suerte de pronóstico teñido de halago en favor de su compañero de profesión. El bueno de Shaq no acabó de acertar del todo, ya que Stoudamire, tras unos buenos años junto a Steve Nash en los Suns, se apagó demasiado pronto entre problemas físicos y unos NY Knicks que tenían la etiqueta de perdedor en la cara. Si hoy Shaquille O’Neal tuviese que pronunciar la misma frase, quizás lo haría incluyendo el nombre de nuestro protagonista: Giannis Antetokounmpo.

Todo ha cambiado. No sabemos si fueron los Suns de Nash y su run & gun, si fue el juego de precisión de Lebron James o la forma de compartir la bola de los San Antonio Spurs, pero el juego del baloncesto camina hacia otra era. Si Giannis hubiese nacido quince años antes seguramente en su etapa de formación le hubiesen machacado a postear y a subir de peso rápidamente, pues cuando tu cuerpo mide 2 metros y 11 centímetros lo lógico es que tus entrenadores te intenten acercar al aro y enseñarte los secretos para hacerte fuerte cerca de él. Afortunadamente nuestro hombre apareció en el momento justo en el sitio adecuado. Bases de dos metros que rebotean y pívots aún más altos que corren y tiran de tres puntos: bienvenidos al futuro, bienvenidos al mundo perfecto de Giannis Antetokounmpo.

Llegó a la NBA verde, muy verde, con unas carencias en muchos aspectos del juego que daban que pensar a cerca de su formación previa…pero cuando cogía un rebote y salía al contraataque sabías que lo que estabas viendo era más propio de una película de ciencia ficción que de otra cosa. Un jugador capaz de recorrerse la cancha en cuatro o cinco zancadas y saltar por encima del aro con una facilidad pasmosa, un niño que daba la sensación de jugar a unas revoluciones de otro tiempo, de otro juego. Un cuerpo fibrado y unos tobillos finísimos que nos recuerdan a Kevin Durant, un bote de balón limpio y rápido y una manera de moverse que no parece humana. Algo digno de exhibir en un museo, una evolución más del homo sapiens sapiens. Si a ese trozo de carne le añades una habilidad para el juego colectivo fuera de lo normal entonces sabes que te ha tocado el gordo, a los Bucks les ha tocado el gordo.

Giannis Antetokounmpo está en el proceso. Algo irregular, a ratos parece desubicado, sin saber si quiere ser LeBron o si quiere ser Durant, mezcla de la ansiedad propia de la edad y de una mentalidad genuinamente altruista. De momento podemos decir que ya es el base más alto de la historia, así es desde que su ya ex-entrenador, Jason Kidd, decidió reubicarle como playmaker con la intención de que el balón pasase por sus manos durante más tiempo. Muchos ven en él un Magic Johnson en potencia, un nuevo base capaz de dominar por su altura (2,11) y su envergadura, cercana a los 2,20, algo a lo que cabe añadir unas manos con las que domina la bola a su antojo, no en vano miden ni más ni menos que 27 centímetros desde la punta del dedo corazón hasta la muñeca. Monstruoso.

Mano de Giannis Antetokounmpo.

Mano de Giannis Antetokounmpo. Fuente: blogdebasket.com

La evolución de Giannis será la evolución de los Bucks y casi la evolución del baloncesto mismo. Esta ha sido la evolución de sus estadísticas (vía Basketball Reference):

  • 13/14: 6.8 puntos, 4.4 rebotes y 1.9 asistencias en 24.6 minutos.
  • 14/15: 12.7 puntos, 6.7 rebotes, 2.9 asistencias en 31.4 minutos.
  • 15/16: 16.9 puntos, 7.7 rebotes y 4.3 asistencias en 35.3 minutos.
  • 16/17: 22.9 puntos, 8.8 rebotes y 5.4 asistencias en 35.6 minutos.
  • 17/18: 28.2 puntos, 10.1 rebotes y 4.6 asistencias en 37.4 minutos (a 23 de enero).

Va camino de convertirse en algo grande, en alguien que roce el triple doble en cada partido como si fuese algo fácil. Su juego madura a la velocidad del viento y su forma de ver el baloncesto empieza a recordar al casi perfecto LeBron James, ese tipo que llegó a la NBA jugando de base con más de 2 metros hasta ganar un anillo jugando de 4 y subiendo la bola.

Giannis Antetokounmpo, en contra de lo que parecía en sus principios, se ha convertido en un asesino en potencia. Ha adquirido el “gen Jordan, esa naturaleza de rey de la selva que heredaron otros como Kobe Bryant o el ya nombrado Kevin Durant, por citar algunos. Convertido ya en un anotador prolífico, porque su tiro, que mecánicamente ya era bueno, va ganando solidez.

Un talento que ya vaticinaba el hombre que lo descubrió y que llegó a firmarlo para el CAI, Willy Villar, que llegó a declarar: “yo le veía cosas de Magic, por estatura y forma de moverse. Con nosotros iba a jugar de base, pero Milwaukee decidió llevárselo a la NBA pese a que el plan inicial era dejarle aquí”. Nos perdimos el lujo de disfrutarlo en España, donde habría sido interesante verlo crecer y adquirir templanza en un juego más pausado que el que se practica en la mejor liga del mundo, sin embargo podemos verlo cada tres días dirigiendo a los Milwakee Bucks.